Puede que con el tiempo me olvide de tus rasgos
(puede que ese sea incluso una ventaja de mi súper poder inútil; mal que mal, así como mientras más dentro de mi corazón, más tendré la capacidad de recordar la precisión de un rostro; mientras más distante del alma, más ajena también se volverá la precisión de la memoria);
puede que también me olvide de tus ademanes
(ese pequeño guiño de soslayo acompañado de la inflexión de tu voz cuando aterrizas o concluyes una idea; tu sonrisa al conectar nuestro sentido del humor; tu gesto de frustración cuando eras confrontado contigo mismo y tu rostro pacífico de aceptación porque finalmente sabías que, con tus defectos y tus defectos, tenías un lugar en mi vida);
tal vez, con algo de suerte, me olvide de tu voz
(porque también tú, en su momento, la olvidaste... como yo a la mía cuando me rehusé a soltarte);
e incluso, quizás, me olvide del olor de tu perfume mezclado con el de tu piel cada vez que sentí la calidez de tu cuerpo sosteniendo al mío
(qué hermosamente olfativo me resultaba tu registro genético como puente para que cruzaran Canales Azules en mi dirección).
Me olvidaré, sin duda, del peso de la emoción que ahora llevo en mis hombros
(lo bueno de las emociones es que efectivamente tienen un lugar temporal en el corazón, por más que lo invadan).
Y definitivamente, me olvidaré de los sentimientos que me impregnaron -primero por empatía y luego por simpatía- que adolecías en un rotundo, pero profundamente elocuente silencio
(qué difícil es odiar, o incluso estar enojado, cuando uno puede ver a través de la vida).
No olvidaré, sin embargo, las lecciones
(porque vaya que aprendí algunas);
los puentes que decidí construir para mi vida desde ti, y el amplísimo espectro que eso representa
(verás, sólo en capas más profundas es que uno toca realmente las heridas... sólo en capas realmente profundas es que uno puede mirar las conexiones hacia quién es).
Lo que no olvidaré son las semillas que
(en mi corazón y con tu tierra)
sembré,
y que potencié y coloreé para convertir en escritos
(porque esta vocecita que entre paréntesis escribe -y que en esta oración subordinada confiesa cuán presente está en todo momento-, retrataba instantes y sensaciones mientras sucedían, y supo retenerlos para traerlos a estas líneas).
Lo que no olvidaré jamás
(y no por ti)
es mi propia capacidad de amar.
Dúos mio... que arte expresado con palabras ! Este escrito llegó a lo más profundo de mi corazón! Gracias ✨️
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