y como dolida nostalgia
se abre ruta, rojo, el ocaso.
En el lago,
un barco de luces azuladas
descansa sobre las aguas,
calmas de frío.
El aire gélido entra por la nariz
y hiere como cuchillos
al mismo tiempo que da vida.
Pienso:
"Qué sinsabor sería
vivir del lado de la belleza
sin la pizca de contraste
que le dé existencia".
en serena lentitud
mientras mi cuerpo tiembla
y mis pechos se endurecen.
Desprotegida,
dejo al frío penetrarme.
"Lo quiero así", me resigno.
"Decidí entregarme al frío".
La luz se atenúa
e invita a las sombras.
Permanezco quieta
en la sensualidad oculta
del viento gélido
(y es que, fisiológicamente,
la respuesta es la misma
que la de la más deseada caricia).
(o tal vez se sonrojan, cómplices
ante mi pensamiento).
Dejo al frío estremecerme
con su viento seco.
Emprendo mi camino de vuelta
cuando comprendo
que o será él
o seré yo
(ya a salvo y en la calidez
seremos nosotros
en un contraste
de escala más amplia).
Sonrío.
Entre las luces de la noche
y como dolida nostalgia,
me abro paso entre el hielo y los besos
de un otoño cada vez más desnudo.




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