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Monday, May 26, 2025

Segundo círculo


Llueve. 
Abro los ojos tras 35 años de conectar certezas
y crear nuevas.

Mis oídos quisieran no haber oído
lo que como tinta indeleble se les declaró:

Un dolor vulnerable,
una traición horrenda, 
un abuso a la confianza 
y en sí mismo.

Las verdades se sellan,
se callan,
se cellan.

Otra víctima por décadas 
(la primera y más herida)
creando más víctimas y victimarios
y odiando cada noche
(dios mío, cada noche)
la sed angustiante 
del cuerpo enorme
que si no la hendía
buscaba otros cuerpos
y volvía 
(dios mío, siempre volvía)
con burlas,
odios,
virus,
y la condena de manchar
a su propia cepa
con su total y absoluta
incapacidad de cuidar.

Sunday, October 29, 2023

17 experiencias.

Golpeaba el sol de la tarde con fuerza ese día de octubre en la que supe que te habías ido. Fue soportando la llama del sol, que recibí la insoportable llamada que anunciaba tu partida.

No hubo demasiada inspiración después (como no la tengo tampoco ahora). Congelada y confusa, miré la hora como si buscara en el minutero una respuesta a las preguntas que se agolpaban en un cuello de botella que solo me permitía verbalizarlas con algo de sentido por cada segundo que pasaba.

- ¿Qué?
- ¿Cómo?
- ¿Cuándo?
- ...¿Quién?

Y aunque las respuestas eran tan evidentes como la noticia misma, el ciclo se repetía infinito, 60 preguntas después, con una carga emocional más dura y más dolorosa.

Quise vomitar. 

Caminé mientras las preguntas se agolpaban y me galopaban encima. Más inquietas. Más pesadas. Más siniestras.

Tú. Tú. Tú. 

Cada segundo sonaba idéntico.

Tú. Tú. Tú.

Con el correr del peso de las preguntas y las emociones, pasaron las horas que se convirtieron en heridas.

- Albóndigas. Cómo detesto las albóndigas.
- No puedo dormir. Cierro los ojos y cuando los abro inmediatamente, ocho, diez, o veinte cargas después, se agolpan las preguntas como si se trataran de una plaga que no logro erradicar.

Preguntas. Cargas. Heridas.

- No quiero gargantillas. No puedo respirar con ellas.
"Por favor, usa guantes. No quiero sentir que tus manos están frías".

Y vinieron los años, las nuevas experiencias.
Las preguntas se disiparon. 
Las respuestas se otorgaron.
Las cargas se aligeraron.
Las heridas se trataron.

De vez en cuando, encuentro a un jinete galopante intentando domarme. Lo escucho venir. Respiro. Lo duelo. Lo lloro. A veces, lo confundo con otro sentir y me pierdo en el sueño y la agonía por breves preguntas o un par de cargas; pero ya no por heridas.

Otras veces, las menos y más relevantes, lo convierto de inmediato en una nueva experiencia que responde más, mejor, y que finalmente aligera y ayuda. 

Me reconfiguro desde tu partida por la puerta angosta, porque la mejor manera de honrar tu historia es dando un curso distinto a la mía: El fractal de dolor encontrará en mi eslabón su transformación a la paz.

O eso espero.

Tuesday, April 12, 2022

Despertar


Y de pronto me encontré, confundida por la lluvia que caía. 
Estaba agachada. Las lágrimas caían copiosamente por mis mejillas y se mezclaban con las gotas de lluvia que empapaban mi cara y mi cuerpo desnudo. 

No entendía cómo había llegado hasta ahí; 
pero al mismo tiempo, lo sabía claramente. 
El peso de mis acciones, 
mi dolor, mi culpa, mis miedos más atroces, 
mis sentimientos confusos, 
el tremendo dolor del abandono y el rechazo, 
el amor y el desamor, 
el peso de mi historia, 

Mis raíces... 

Mis raíces y su abandono. 
(El suyo, no el mío, 
pero también el mío). 

Toda mi historia caía copiosamente con la lluvia 
por fin 
hacía todo sentido. 
Mi desesperación, mi ansiedad, 
mi búsqueda por la aprobación de quienes nunca lo merecieron; 
mi desapego de los vínculos que me amaron y cuidaron 
(porque el solo miedo a perderlos ya era insoportablemente doloroso). 
Mi profundo amor y mi herida violencia. 

Todo hacía sentido. 
Dolorosamente, 
vulnerablemente, 
como encontrarse desnudo en medio de una tormenta. 

Un rayo iluminó todo por un instante. 
Un rayo fue todo lo que necesité. 

No sé cómo llegué hasta aquí, 
pero no es eso lo que importa ni lo que me define. 

No sé cómo llegué hasta aquí, 
pero sé quién soy, y sé, 
por fin,
en medio de la más oscura tormenta, 
hacia dónde debo dirigir mis pasos.

Wednesday, October 24, 2007

PReMoNiCióN...

Soledad se despertó con una canción aún sonando en su cabeza. No era raro que sucediera, sin embargo la melodía poco tenía que ver con sus gustos. Se desperezó presta; sonriendo todavía por tararear esa extraña canción, y sin más, se fue a bañar.

Mientras el agua corría por su cuerpo desnudo, se dejó llevar por la tibieza con los ojos cerrados. De pronto, sin abrirlos, vio otra vez esa odiosa visión-luz-premonitoria que le anunciaba siempre alguna tragedia; la misma que años atrás le anunció la muerte de su mejor amiga cuando la vio por primera vez; la misma que causó escalofríos a su madre cuando le comentó su experiencia, y minutos después, les redobló el escalofrío a ambas, cuando se les informó de la muerte de otro ser querido... la misma que, con menor intensidad, anunció una serie de tragedias menores a la muerte... la misma que, por todas esas razones, se volvía una odiosa experiencia para Soledad.

Salió de la ducha y se vistió rápido. Despejó de su cabeza la fatal idea mientras repasaba sus actividades para el día. Debía preparar sus materiales, estudiar un poco y asistir a sus clases de siempre. Salió tarde y apresurada de su casa, por lo que pronto olvidó la idea.

Transcurrieron las horas del día sin mayores altibajos. Incluso aceptó de buena gana una fiesta que se haría en la casa de uno de sus compañeros. "¿Dónde? Mmm... ¿Pero no es un poco peligroso por allá? Es cierto, no importa... Total, no saldremos de tu casa, ¿verdad?"

Al llegar, la recibió una melodía extrañamente familiar. Claro, era la misma con la que había despertado por la mañana. Súbitamente, el recuerdo de la visión lumínica la invadió como una peste. Las palpitaciones comenzaron, primero lentamente; luego acompañadas de un zumbido. "Todo está bien", se dijo, "No saldremos de aquí, por lo que no sucederá nada a ningún ser querido" No fue necesario salir, el tiroteo comenzó en la casa vecina; tampoco sucedió nada a ningún ser querido, la bala perdida fue directamente a su cabeza. Las palpitaciones y el zumbido terminaron abruptamente, y lo único que imperó, para contrastar con el silencio de todos alrededor de Soledad, fue el compás de la música que cerró sus ojos para siempre.

Thursday, September 6, 2007

¡¡¡Qué MieDo!!!

Ahora que reacciono en torno a todo lo que sucedió, no se me ocurre otro título para poner... Mi crónica comienza así:

¡¡¡Fui aSaLTaDa!!!


Esperaba en el paradero al bus que nos llevaría a mi amiga y a mí hasta nuestros respectivos destinos. Me había desviado de la ruta (la conversación era amena, y ella me pedía no tomar mi habitual recorrido, sino hacer un pequeño cambio que a ambas nos sirviera), y los terrenos en que me encontraba no eran de mi total (a decir verdad, ni siquiera mi mediano) dominio.


En medio de la tertulia, alguien tocó mi codo (el cual se sostenía en mi siempre rebosante mochila), y miles de ideas cruzaron fugaces por mi mente en cosa de segundos, mientras giraba para ver de quién se trataba ("es un saludo que muestra confianza... ¿quién puede ser? ¿un conocido? ¿aquí, a las 8:30 p.m.?")


... y giré...


Fue también en cosa de segundos que todo a mi alrededor se oscureció. Dos tipos comenzaron a tirar de mi preciado apoya - codos, y comprendí que no se trataba de un simulacro ni una operación Daisy: estaba siendo asaltada.


Mi amiga quedó pasmada, no pudo hacer mucho. Yo resistí el tirón, tiré en contra... otra eternidad de segundos. Caí al suelo y fui arrastrada por esos estúpidos, que no comprendían que yo no iba a soltar tan fácilmente lo mío. Finalmente, ganaron, y quedé en el suelo mientras comenzaron a correr. Mi amiga, aún pasmada, sólo atinó a intentar levantarme. No alcanzó a tocarme siquiera: me puse de pie y corrí tras ellos.


No obstante mi condición física y el cuidado que siempre doy a mi voz (desde que salí de la universidad que no le hago dos abdominales de corrido a nadie, y confieso que en mi vida he gritado a lo sumo unas 3 veces... odio desperdiciar mi gargantita), son dos comparaciones las que vienen a mi mente si se trata de reflejar lo ocurrido:


1.- Corrí como lanza
2.- Grité como varraco


Sí, Bloggeradictos... Lo que nunca deben intentar en sus casas (XD): Corrí tras los tipos y les grité (ingenua) pidiéndoles que me devolvieran mis cosas (que a todo esto, consistían en: la mochila que servía de descanso para mi codo, mi laptop, mi celular, todos mis documentos -ya saben lo engorroso que es el cacho de bloquear y sacar nuevos-, pruebas varias, etc). Me angustiaba, sobre todo, la idea de perder mi celular ... en él, tengo mensajes que no podría recuperar nunca, pero nunca jamás, y que me he preocupado con celo y ternura de atesorar, cuidar, amar y releer cada vez, siempre... La sola idea de perder esos mensajes (única huella viviente y tangible de una dedicación exclusiva de mi madre a mí) me llenaba de horror, pánico, angustia y una infinita tristeza. Ese miedo, sumado a la adrenalina y a mi convencimiento de que mis cosas son mías y que ningún desgraciado me las puede quitar, fueron, más que un ají, una mata de proyectiles (insertos en alguna parte... complete la oración xD) que me volvió biónica y me hizo correr con una fuerza endemoniada.


Seguí a los mentados imbéciles por dos cuadras... se separaron. Corrí tras el que tenía mi mochila (la cambiaron de mano mientras corrían, pero la táctica no dio resultado: iba tan rápido que logré ver quién se quedaba con ella). Grité desesperada a la gente en derredor para que lo detuvieran. Con la solidaridad característica del buen chileno, abrieron paso para que el ladrón pudiera correr tranquilo y yo pudiera seguirlo también en paz. Finalmente, y al doblar la esquina de la segunda cuadra corrida, alguien hizo algo (el trauma no me permite recordar si fue combo, patada o kame hame ha), y el ladrón tiró el cuerpo del delito en medio de la calle, el "alguien" lo recogió y se dirigió a mí para devolvérmelo... La corrida olímpica valió la pena.


Recuperé mis cosas, y me enteré de que el asalto había sido en uno de los focos delictivos más peligrosos de Santiago Centro. De más está decir que Murphy era consecuente con su ley y que ningún carabinero estaba cerca. Luego, los comentarios de siempre: que la sociedad es una mierda, que cada vez hay más delincuencia, que subieron el precio del pan, que cambien a la presidenta, etc...


El susto pasó... Mi amiga, que me vino a alcanzar cuando ya tenía de vuelta mis pertenencias, me dijo "no te dejo ir sola a tu casa, vamos a la mía". Una vez en el bus (que por cierto, de haber llegado presto, nos hubiera ahorrado la maratón "salva-tus-cosas"), le dije, en son de broma "Ah! te sigo contando lo que te decía antes de esto"... Plop para ella, que me miró horrorizada y me preguntó si estaba medianamente consciente de lo sucedido. Lo estuve al día siguiente, primero, con los cardenales en mis rodillas producto de arrastrarme por el suelo; segundo, cuando al cambiar mis cosas de mochila, descubrí en la base de la que me intentaron robar un punzazo que probablemente se dirigía a mí en el momento que forcejeaba con los delincuentes.


No sé a qué o a quién agradecer por esto. Sólo puedo decir que aún estoy impresionada de haber recuperado lo que llegué a creer perdido mientras corría. Mis alumnos me dicen, entre otros motes, "La Profe Extreme"... creo que esa tarde lo confirmé... xD


Si ahora razono en torno a lo ocurrido, me doy cuenta de que la decisión de correr fue lo más descabellado que podía haber hecho (me exponía totalmente a una agresión muchísimo mayor). Sin embargo, reconozco que quizás correría en caso de que me vuelva a ocurrir. O sea, además de extrema, terca xD




Por eso me sentará de maravillas dejar Santiago. Queda poquito, muy poquito... xD




He dicho.
Susanística.


PD: La vivencia dio no sólo para la presente crónica, sino para un cuento en 100 palabras... No hay mal que por bien no venga, no? xD

Afinidad estelar.

Era obvio que no íbamos a poder ser amigas toda la vida.  A fin de cuentas, yo soy Escorpio y tú una zorra malparida hija de las mil putas.