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Sunday, July 27, 2025

Serenata.

Mi cuerpo por la mañana es una fiesta psicodélica
(de las malas):
Me levanto y de un bajón 
la montaña rusa de mi sangre cae toda a mis pies
y me impide moverme o seguir
(me impide también, por fortuna,
caer:
Mis pies se vuelven troncos
con raíces,
inamovibles y sólidos,
hasta que la presión
-como todo lo que baja- 
sube).

Hago una pausa 
para que mi cabeza se ajuste,
y siento que tomo formas 
redondas y ondeantes.

Espero.

Espero en la niebla de mi frontalización temporal 
a que la montaña rusa suba
y a que mi marea interior baje.

Comienzo mi día siendo una fiesta
(de las malas).

Me lavo la cara, 
miro al espejo y me reconozco
(a veces).

Pongo música.
Saludo a Schubert. 

Navego en su Serenata mientras,
como ruido blanco, otra melodía
(la de tu voz)
toma tu forma:
Los prados en tus ojos,
la nube primaveral de tu sonrisa,
la brisa de la tarde en tu aliento,
la solidez de tu ser
y tu voz, envolviendo
(-me) 
en una certidumbre difícil de enfrentar.

Disfruto de la montaña rusa 
que me evoca evocarte.
Y las formas redondas y ondeantes
que mi respiración adquiere
cada vez que me miras.

Respiro. 

Pienso en ti y
(para que no me invadas)
englobo tu ser en una burbuja.
Te convierto en poema,
en risa cómplice,
en recuerdos de lo que quiero,
en recuerdos de lo que puedo
(y lo que no podré jamás);
en expresiones adquiridas
y compartidas;
en reflexiones y en heridas

(En ti, 
por sobre mil lunas llenas de color rosa).

Te convierto en todo lo que sueño
y que sublimo
(¿qué se puede hacer con el amor,
si siempre el cariño nos sale tan bien?);
en burbuja y en sueño,
y en sueño de la realidad.

Te convierto en serenata 
mientras prosigo mi día y 
con este escrito
termino mi fiesta
(que al fin y al cabo, no era tan mala),
mientras Schubert aún suena de fondo.


Sunday, June 1, 2025

Todo menos una línea plana.

Más arriba rodeando cercanamente inminentes nudos, mi garganta abre paso con dolor a mi saliva mientras mis ojos se prenden del hoyuelo de tu mentón.

Más abajo, mi corazón late en un ritmo candente al contacto con tu pecho. Mi mente, siempre fría, sondea la complejidad de tu ser (infinita y juguetona predictibilidad), y se contrapone y protege la evidencia de mi pulso por ti al tiempo que mis manos temblorosas -al contacto con las tuyas- delatan.

Más arriba, mis ojos navegan entre tu cuello a tus labios. Respiro tu aliento e intento adivinar tu sabor. Lo sé, eres de sentidos concretos como la vista... pero para mí, la vista es el lienzo inicial para explorar(te) con el resto de mis sentidos; aquellos que comienzan en la piel y terminan en el éxtasis.

Más abajo, mi vientre se ensancha y contrae al ritmo de la respiración que rítmicamente me ofreces. Imagino la tersura de tu piel desnuda y tiemblo, de nuevo, sacudida por el pensamiento.

Más arriba, mi mente da vueltas en el cómo y el cuándo me dejé atrapar por ti. ¿Fue tu yo creativo, apasionado, dulce; o fue el dolor -inevitable puente- que no logra esconderse tras tu perlada sonrisa y tus infinitas resistencias?

Más abajo, tu pierna juega y detiene mi movimiento. Sostienes mi palma a la altura de mis caderas y la desplazas por tu muslo mientras más arriba, sin atreverme a mirarte directo a los ojos, me pregunto si eres capaz de sentir mi imposible esfuerzo por no sonrojar.

Más arriba, entre el dolor de mi garganta y la idea que ilumina mi cabeza como una llama (que aun tenue al nacer, tiene el poder de destruir todo a su paso): tu llegada a mi vida no culminará en el deseado encuentro (he ahí el nudo en mi garganta), pero sí tiene (y tendrá) el inminente poder de quemar los restos inhabitables de mi alma, para así llevarla a un renacer más amable gracias a ti (mientras, más abajo, mi vientre en vértigo protesta y clama por dar la bienvenida a tu cuerpo gentil, orgánico, requerido, navegante, yacente).

Mientras, 
al centro,
rodeas
cercanamente 
inminentes 
nudos:

Gentiles, 
orgánicos, 
requeridos, 
navegantes,
yacentes...


Wednesday, April 9, 2025

Orgasmo (Parte II)

Recorro tu cuello lenta y sutilmente con mis dedos, mientras respiro de tu boca y bebo mi propia miel de tus labios. Me entregas tu cuello mientras envuelves mi cintura en tu abrazo. Tu respiración se profundiza paulatinamente mientras mis manos bajan por tu pecho en una caricia que se detiene en el borde de tus caderas y que vuelve a subir por tu espalda hasta reposar en tus hombros. Respiras del perfume de mi cuello y mis manos vuelven a actuar; esta vez, acarician tu nuca y vuelven a tus mejillas, tu quijada y tu mentón hendido. 

Cubro tus ojos con mi bufanda y procedo a desnudarte. Como si fueran sólo caricias, bajo por tus brazos para quitarte la camisa abierta mientras mi lengua recorre, juguetona e insinuante, tu cuello, tu pecho, tu ombligo, tu bajo vientre. Siento tu respiración intensificarse y un tibio bulto bajo tu cinturón se abre paso, palpitante, por debajo de tu ropa. 

Desato tu cinturón y me deshago de tu pantalón y tu ropa interior. Acaricio tu miembro con la punta de mis dedos y presiono tu glande, en movimientos circulares, suavemente con mi pulgar. Escucho tu primer gemido y sonrío, esto sólo empieza, susurro, y veo tus dientes perlados sonreír pícaramente mientras acaricias mi pelo. 

Te tumbo boca abajo y me siento sobre tu espalda mientras masajeo tu cabeza, tu nuca, tus hombros, tus escápulas. El contacto de tu cuerpo me empieza a excitar y una tibia humedad se hace presente en tu espalda. Sonríes de nuevo. ¿Todo bien?, me preguntas. , te respondo, ya me conoces. Vuelves a relajarte mientras yo bajo por tu espalda y amaso tus glúteos, tus muslos, tus pantorrillas y pies. Beso los dedos de tus pies y gimes de nuevo, más intensamente. Te giras. Sigo besando tus pies mientras contemplo cómo de tu miembro erecto caen gotas transparentes y viscosas que encienden mi sed. Contengo el impulso de ir a saberte de inmediato; en su lugar, subo por tu cuerpo pausadamente sin dejar de masajearte. 

Aterrizo por fin en tu pelvis. mis masajes vuelven a ser caricias pero comandadas por mis uñas. Es ese sutil tacto, y no la temperatura de mis manos, el que invade toda el área de tus caderas con un manto de piel de gallina. Abres tus piernas para darme espacio, en medio de tu agitada respiración. Reposo la yema de mi pulgar en tu periné mientras las uñas de mi otra mano acarician tus testículos y envuelvo finalmente con mis dedos tu miembro duro. Presiono y subo con mi mano la piel que te envuelve. Relajo la presión y la vuelvo a bajar. Repito el movimiento mientras mis dedos se humedecen de la miel que liberas. 

Llevas instintivamente tu mano a la venda de tus ojos. Titubeas y finalmente los mantienes cubiertos. Respiras con tu boca abierta y la humedad de tu lengua me enciende. Quiero conectar tu humedad con la mía, así que lamo tu glande y lo recorro con mi lengua. Tu abdomen se tensa y sueltas toda tu respiración en un intenso y sonoro soplido. Recobras el aire en una inspiración entrecortada. Vuelves a gemir. Acaricias mi pelo y me indicas con tus manos en suave compás el ritmo que quieres que siga. 

Sigo por unos instantes, hasta que me interrumpe mi propia excitación y gimo yo. Eso basta. Te incorporas y me besas. Tus manos bajan a mi entrepierna y sientes mi humedad con tus dedos. Acomodas tu miembro y tomo tu mano entre las mías. No, sonrío, deja que lo haga. Envuelves nuevamente mi cintura en tu abrazo mientras con mi pelvis inicio un vaivén sobre ti. Eventualmente, te atrapo y nuestra humedad se mezcla mientras nos volvemos uno. 

Tibia y suavemente, nuestros cuerpos se fusionan mientras yo beso tu frente y tú besas mis pechos. Muerdes mis pezones, y por toda respuesta yo beso los lóbulos de tus orejas. Gimo y suspiro tan cerca de tu oído, que te estremeces y otra energía se apodera de ti. Me sigues penetrando cuando, entre la tibieza y un exquisito dolor, mis sentidos se fusionan de nuevo. Tu respiración se vuelve frenética y sonora, me penetras más rápido al tiempo que vuelves a besar y lamer mis pezones. Mi orgasmo aún no termina cuando el tuyo comienza. Te tumbo hacia atrás y me acuesto del todo sobre ti mientras tu semen me conquista y empieza a salir por mi vulva.

Ambos suspiramos. Te quitas la venda de los ojos, pero los mantienes cerrados. Contemplo tus viriles facciones, tu frente amplia, tus labios definidos. Te beso de forma tan ligera que mis labios apenas te tocan. Sonríes y abres los ojos. Eso estuvo... 

...Inspirador, agrego. Me acurruco en el hueco hecho por tu pecho y tus brazos, para mi cuerpo.

¿Lo haremos de nuevo? 

Friday, February 14, 2025

Sinister tales 7

Julia took a breath and reminded herself that no matter how much she tore her hands apart as she made her way through the earth, silence was essential. She resumed the task -started several hours ago and planned for months- somewhat stunned by how the events that led her to this moment and place had occurred. She barely remembered her life before this project began; the only clear thing was the destination to which this hole would lead her. She smelled the damp earth mixed with her blood and vomited. She felt that perhaps it was better this way and this feeling made her wonder if she would reach her own limit before reaching her destination.

She continued without resting for another hour when she felt she touched something hard. Her heart started beating wildly. She confirmed through the touch that this was exactly what she was searching for. When she found the edge she had studied to the point of being able to recognize it with her eyes closed (or in complete darkness, as she was now), Julia used the crowbar she brought with her to pry off the corner.

A nauseating and penetrating smell told her that she had opened the cover. She removed the earth around it so that nothing else would stand between her and her goal. With the surroundings now clear, she finished opening the box and breathed in the air that finally gave her the freedom she so desperately sought. She took the small, tiny figure from inside the box and cradled it in her arms while whispering a sad lullaby... Julia understood that the pact with the love of her life was until death did them part, but her bond as a mother would transcend any limit: physical or spiritual; of sanity or madness; and of life or death.


Cuentos siniestros 7


Julia tomó un respiro mientras se recordó a sí misma que no importaba cuánto se destrozara las manos al abrirse paso en la tierra; el silencio era fundamental. Retomó la tarea -iniciada ya hace varias horas y planificada por meses- algo aturdida por cómo habían acontecido los hechos que la llevaron a ese momento y a ese lugar. Poco recordaba incluso de su vida antes de que este proyecto empezara; lo único claro era el destino al que esta horadada la llevaría. Olió la tierra húmeda que se mezclaba con su sangre y vomitó. Sintió que tal vez era mejor así y este sentimiento le hizo preguntarse si llegaría a su propio límite antes de llegar a su destino. 

Continuó sin descanso por una hora más cuando sintió que tocaba algo duro. El corazón le empezó a palpitar desaforadamente. Confirmó con el tacto que se trataba exactamente de lo que buscaba. Cuando encontró el borde que había estudiado al punto de ser capaz de reconocerlo a ojos cerrados (o en completa oscuridad, como se encontraba ahora), Julia utilizó la palanca que trajo consigo para desprender la esquina. 

Un olor nauseabundo y penetrante le indicó que había quitado la cubierta. Desprendió la tierra de alrededor para que nada más se interpusiera entre ella y su objetivo. Ya con el entorno despejado, terminó de abrir la caja y respiró a borbotones el aire que le daba finalmente la libertad que tan desesperadamente ella buscaba. Tomó a la pequeña, pequeñísima figura de dentro de la caja y la acurrucó en sus brazos mientras susurraba una triste canción de cuna... Julia entendía que el pacto con el amor de su vida era hasta que la muerte los separara, pero su vínculo de madre trascendería cualquier límite: físico o espiritual; de sensatez o locura; y de vida o de muerte.


Monday, February 10, 2025

Sinister tales 3

Sarah was, trait by trait, everything Christian wanted to have: Her free spirit, clever mind, and innocent heart wouldn't stop amazing him. Christian had everything Sarah dreamed of: a loving and unconditional family, an accepting circle, and the opportunity to develop freely who he was, not who he had to be. Maybe that is why they matched so quickly; Sarah felt confident enough to trust a man who had such level of support around him. Christian was looking forward to having what Sarah was and sharing her with his family: not really often you have such brain and heart, so these were a promise for a fine delicatessen to enjoy until the very last crumb and the very last bone.


Cuentos siniestros 3

Sarah era, rasgo por rasgo, todo lo que Christian quería tener: su espíritu libre, su mente inteligente y su corazón inocente no dejaban de sorprenderlo. Christian tenía todo lo que Sarah soñaba: una familia amorosa e incondicional, un círculo que lo aceptaba y la oportunidad de desarrollar libremente quién era, no quién tenía que ser. Tal vez por eso se acoplaron tan rápido; Sarah se sentía lo suficientemente segura como para confiar en un hombre que tenía tal nivel de apoyo a su alrededor. Christian estaba ansioso por tener lo que Sarah era y compartirla con su familia: no es realmente común tener tal cerebro y corazón, por lo que estos eran una promesa de una delicatesse muy fina a disfrutar hasta la última miga y el último hueso.

Monday, December 9, 2024

Orgasmo (Parte I)

Me pediste que te describiera cómo se siente el orgasmo de una mujer mientras yacía a tu lado y acariciaba el vello de tu pecho. Parpadeé entonces rozando mis pestañas contra tus mejillas en un beso de mariposa, y juguetonamente te dije: Dámelo y te diré.

Sonríes, me miras a los ojos, acaricias suavemente mis hombros desnudos y besas mi cuello. Una repentina ola se apodera de mi piel al contacto con la tuya y estremece cada uno de mis poros. Cierro los ojos y te dejo actuar con tus labios y lengua. Ensortijo las yemas de mis dedos con tu cabello y tu nuca, y siento tu piel responder a mi tacto también con una oleada de placer.

Sigues explorándome mientras llegas delicadamente a mi pecho. Tus manos frías, con el más leve roce, acarician mis senos. Mis areolas y pezones se transforman y endurecen al tacto de tus dedos, y vuelven a mutar al contraste perfecto de tus labios cálidos y tu lengua húmeda. Suavemente, tu boca hace que mi piel ceda mientras mi columna reacciona formando un arco y mis caderas retroceden para ofrecerte aún más de mí.

Me provocas y te acercas a los costados de mi torso. Me acurruco y río… Un hombre más inseguro se preguntaría por qué, pero tú… tú me devuelves la sonrisa, me tomas de las muñecas y me callas con un beso antes de tomar el control de nuevo. Esta vez no me río, ni siquiera sonrío. Suspiro profundamente y acaricio tu cabello mientras sigues besándome el vientre al compás de mi respiración. No hace falta música; nuestro baile lo dictan nuestras respiraciones, los pulsos de nuestros corazones y las olas de placer de mi piel que no dejan de seguirte.

Me volteas boca abajo y acaricias los costados de mis caderas y glúteos. La temperatura de tus manos me hace hiperventilar de excitación mientras la ola de estremecimiento de mi piel vuelve a buscar el encuentro con tus dedos, como el Mar en la eterna e imposible persecución de la Luna. Besas la parte de atrás de mis piernas. En este punto, mi respiración se convierte en un ruego: Dame más.

Me giras de espaldas otra vez y sigues besando la parte interna de mis rodillas. Instintivamente, entreabro mis piernas mientras trato de contener el gemido que se apodera de mí desde el centro de mi cuerpo hasta mi voz. Tus manos siguen convocando la ola de placer que mi piel sigue tan desesperadamente. Me embriago en el desespero de sensaciones que tu toque me ofrece y gimo ante la inminencia de tu llegada.

Cubres mis muslos con tus besos al tiempo que te envuelvo con mis piernas y finalmente alcanzas mi centro, sin sorprenderte por toda la humedad que ya está esperando tu boca también húmeda. Te detienes a respirar de mí lenta y profundamente, y acaricias mi humedad con el aire que exhalas. Vuelves a respirar y a exhalar, como saboreándome antes de saborearme.

Mmmm...

Construyes por unos breves segundos (y para mi tortura) algo más de anticipación a través de tu respiración. Mi cuerpo completo se tensa en pausa mientras mi propia respiración se vuelve entrecortada. Gloriosamente y para mi profundo suspiro, unes la Luna, ahora eclipsada en la punta de tu lengua, con las olas de mi Mar.

Te quedas en mí y yo me rindo a tu boca. En movimientos circulares, tu lengua me cautiva mientras las olas se concentran y retienen en mi centro. Sujeto tu cabello e inicio un vaivén con mi pelvis, primero sutil y luego intenso, mientras tu lengua posee y controla todo mi ser.

Mientras van y vienen, las olas de placer cobran vida propia, arrastran mi pelvis hacia arriba desde mi centro, y elevan, suspenden y fusionan todos mis sentidos en uno solo. Durante tres, o diez segundos u horas, las olas de mi sentido unificado y tsunámico regresan a cada rincón de mi cuerpo; primero tímidamente, luego furiosamente, con frío, calor, suavidad, dureza, humedad, lentitud, amor, furia, calor, humedad… Y amor otra vez.

Desde mi centro hasta los dedos de mis pies, las yemas de los dedos de mis manos, mis pezones y cuero cabelludo, las olas golpean hasta que lentamente se desvanecen, y una brisa de paz regresa a mi boca en un beso de tus labios húmedos y llenos de mi Mar y tu Luna.

Respiro profundamente. Intento articular palabras, pero es demasiado pronto. Me miras con tus ojos indescriptiblemente hermosos y sonríes. 

No hacen falta palabras, ahora lo sabes.

Te devuelvo la sonrisa y me subo a ti mientras envuelvo tu cuello entre mis manos.

Ahora es tu turno.

Tuesday, November 19, 2024

El precio de crecer.

Comencé esta entrada, semanas atrás, bajo el título "Nostalgia". Me invadía en ese momento tanto como ahora y sin embargo, en la panorámica general, esto no es más que una capa superficial para un sentimiento estructural mucho más profundo.

Y bueno, como la curiosidad es mi motor y mi brújula, no pude sino -quietamente- dejar a la bella Nostalgia invadirme y traspasar cada rincón de mi día y mis sueños, para -aún desde mi quietud- observar y sentir cada matiz y cada capa que ella quisiera mostrarme.

Y llegué a su centro. 

La Nostalgia vendría siendo una vista al pasado desde la Soledad.

Así que, epistemológicamente, 
me acerqué a Soledad.
Soledad, quieta y callada, 
me invadió y traspasó también.
Soledad, quieta y callada, 
me hizo un nudo en la garganta. 
Y lloré amargamente por Soledad.

Sentí, en cada lágrima y en cada dolor, también cada nombre, cara, momento, beso, risa, idealización, ternura, amor, insulto, maltrato, devaluación, desprecio, desdén, culpabilización y cinismo… Mezclas rotundas de lo que se debía dejar atrás.


Y si bien es cierto así se sintió Soledad, 
también me traspasó sin dejar heridas. 

En su centro, finalmente, 
me vi a mí misma.

Niña-mujer.

Me vi llena de cicatrices y costras. 
Cubierta de lodo, alquitrán, sangre y sudor.
Me vi cansada y dolida, 
pero más entera que nunca.


Crecer es un viaje absolutamente extraordinario. 
Crecer es también un viaje absolutamente doloroso: No sólo porque la lucha con nuestros propios demonios es dura, dolorosa y vergonzosa; sino también porque muchas, muchas veces, ese crecimiento implicará soledad: de las personas que separaron sus caminos del nuestro dado que no aprendimos a tiempo, y de nosotros mismos, ya que a veces crecer significa también decidir separar nuestros caminos de las personas que amamos y fueron importantes para nosotros... la opción de quedarnos solo significaría retroceder en un camino que solo es para avanzar, y que no nos traerá satisfacción ni felicidad de ningún tipo.

Y porque también nuestras propias versiones de nosotros mismos -que se quedaron atrás- nos recuerdan que en esas versiones éramos más felices con menos (y aceptábamos la dolorosa, maltratadora infelicidad como un ingrediente más de ese status quo). 
Y ahí reside la Nostalgia.


Nacimos solos.

Es el destino de la Vida encontrarse con la Muerte y es el destino de todo Principio encontrarse con su Final. Lo que no hace de la experiencia de ningún evento menos real. Si acaso, la consciencia de esto nos ayuda a vivir cada experiencia desde la paz de su absoluta, y efímera, genuinidad. 

Tal vez por eso crecer vale tanto la pena pese al precio que uno paga: El camino hacia el final se vuelve pacífico y empieza uno a encontrar aromas gentiles después de la ardua senda de espinas.

Tal vez por eso crecer vale tanto la pena pese al precio que uno paga: 
Porque el precio del encuentro con uno mismo sin miedos es, en verdad, imposible de medir.

Sunday, October 13, 2024

La carta que nunca envié.

Estimado o estimada (o queridísimo o queridísima, o amado o amada):

Es ya tiempo de que esta carta llegue a tus manos, o a tus ojos, o a cualquier sentido que te permita absorber tanto como intento transmitir en esta misiva. 

Mucho ha pasado desde la última vez que supe de ti. Tanto si fue hace 2 meses como hace 20 años en tiempo de la tierra, los distintos caminos que se recorren en cada acto, paso y error, son capaces de convertir sólo un día en una eternidad. 

Te escribo esta misiva con una intención única y universal. 

Lo que nunca dije (y/o lo que nunca te dejé decir) se convirtió en decenas (a veces cientos) de caminos llamados "y si...?". No sólo por la posible salida (probablemente más conciliatoria) que estos caminos hubiesen ofrecido, sino también porque en muchos de ellos tú seguirías aquí, en mi vida, tal vez a mi lado... o tal vez yo en tu radar.

Sin embargo, mientras escribo esta carta también pienso si esos "y si...?" hubiesen significado también que quien soy ahora, no exista en la forma que tengo (ya sabes, un cristal distinto en el caleidoscopio y un pequeño giro en un par de grados modifican la gran escala de manera fundamental). Y tal vez es gracias a ti -y/o tal vez sea gracias a tu ausencia- que soy ahora quien soy... tal vez removerte (sin decir ni dejar que dijeras) fue clave para que este presente, mi caleidoscopio con sus formas y colores como son hoy, me encuentre en un punto que jamás soñé estar.

¿Qué pasaría si en este set de cristales me re•encontrase contigo? ¿Qué pasaría si en este set de cristales me encontrase contigo por primera vez? ¿Hubiese comprendido desde el inicio que tenías que salir de mi vida cuanto antes? ¿Lo hubieses comprendido tú? ¿Hubieses tomado tal vez tú esa decisión mucho antes que yo?

¿Importa?
Probablemente no.

Y sin embargo aquí estoy, trazando caminos de lo que pudo -o no pudo- ser si nuestros caminos no se hubiesen separado de la forma en que lo hicieron.

Cada herida, cada diferencia, cada toxicidad, cada comentario e incluso cada golpe, me llevaron por la razón o la fuerza a cuestionar mis formas, mis decisiones y reacciones. Más o menos despierta, aprendí que la única forma de sobrevivir es cuestionando hasta el suelo que piso. Y fue esa la vía para que este complejísimo y fractálico momento, me encuentre aquí y ahora, escribiéndote esta carta.

Por encima de todo, 
Gracias. 
No lo hubiese hecho sin ti. 

Estimado o estimada (o queridísimo o queridísima, o amado o amada), posiblemente nunca nos volvamos a encontrar de frente. Posiblemente yo ya no exista en tu radar y está bien, me alegra que hayas avanzado en la dirección que la vida tuviera para ti (me alegra aún más si esta dirección te ha traído alegría). Tú sigues en el mío, sin duda porque algo sin resolver siguió latiendo entre los oídos y el corazón. Por eso esta carta.

Tal vez, 
a modo de rito o sortilegio, 
escribirla me permita soltar mil nudos a la vez para seguir mi camino.

Llevaré entonces, ya sin este nudo de ti, todavía algo de ti en mí: 

Tu recuerdo,
Tu influencia,
y quizás incluso
tu dolor (y el mío).

Todo lo anterior, te lo garantizo, 
transmutado en distintas formas de amor.

Recibe de mí el más cordial saludo de la forma en que lo prefieras.
Y mi más profundo agradecimiento por haber formado parte de mi vida.

S.

Friday, September 13, 2024

Un amoroso adiós

Viajes.
Los viajes empiezan, y los viajes terminan.

Muchos de ellos nunca empezarán
pero todos ellos terminarán
(el viaje de este escrito en concreto,
el viaje que iniciamos con quienes hemos elegido amar,
y absoluta y definitivamente, el viaje que me trae aquí, a escribir estas líneas, mientras respiro y lato al otro lado de la pantalla).

Muchos viajes los terminé con tanto dolor que decidí provocarlo también.
Muchos otros fueron tan insoportables, que alivié el dolor con el veneno justo para mantenerme viva e insensible.
Y más veces de las que puedo admitir, incluso me dejaron con un vacío temporal que palpitaba insípido dentro de mi pecho, mientras mi cuerpo hacía todos los esfuerzos posibles por mantenerme viva y reconstruir mi corazón.

Corazones,
amores,
pérdidas,
lágrimas sobre libros y palabras,
y a veces sobre números
(fechas y álgebra).

Lo que nunca esperé hace eones fue encontrarme con los amores que ahora estoy perdiendo mientras este corazón nuevo, resiliente, remodelado y cien veces revivido enfrenta el dolor 
sin escapar de él,
sin herir de vuelta,
y sin necesitar nada más que agua para seguir fluyendo y flotando, entre las lágrimas de alegría, amor, tristeza, melancolía y esperanza que trae el final de este viaje.

¿Por qué ahora? ¿Por qué de esta manera? ¿Por qué en este momento?
(...¿Por qué no?)

Quizás porque esta vez, cuando elegí amarte (y aprender de ti, crecer contigo y enfrentar mis demonios y perturbaciones a través de ti), lo hice sabiendo que el precio a pagar sería este dolor al final del viaje
(pero de todas las personas, tú lo valiste).

Me entrego enteramente, completamente, al amor y al dolor que siento ahora.
La lección esta vez será sentir el dulce dolor y la amarga felicidad que da la certeza de un final (como ningún otro fenómeno en el mundo).


Sin saber cuánto duraría, comencé este viaje de amarte como ahora sé que puedo.

Y el final llegó y nos tomó de la mano diciéndonos la lección más grande:
El poder sanador de un amoroso adiós.

Te amo.
Siempre te recordaré.
Gracias, infinitamente, por este viaje.

S.

Friday, September 6, 2024

Amor al primer sentido.

Mucho se habla del cliché del amor a primera vista. 

No es de extrañar que nuestra vista, encargada de procesar en milésimas de segundo lo que se presenta a nuestros ojos, sea la que emita el primer juicio sobre la potencial seguridad, compatibilidad, complicidad y bienestar que un otro nos pueda ofrecer. Tampoco es casualidad: este juicio de fracción de segundo es resultado de cientos de miles de años de evolución, de ensayo y error de antepasados que sobrevivieron para dejar impreso en nuestros cerebros y a fuego lo que "debe ser". Sin embargo, este sentido adolece, posiblemente más que ningún otro, de fallas: Sin ir más lejos, la ilusión Thatcher nos demuestra que el mundo de la percepción visual puede ser engañada completamente, y nos arrebata en un simple giro de 180° lo que dábamos por garantizado.

No solo eso: La garantía del amor a primera vista tampoco es algo que todo aquel que la posea pueda disfrutar. Aquí me detengo a un subgrupo bastante amplio, aunque muchas veces ignorante de su incapacidad: Quienes sufren de prosopagnosia o ceguera de rostros. ¿Cómo confiar en un sentido de por sí frágil, si diariamente frente al espejo nos muestra una figura completamente nueva? ¿Cómo ser capaces de descubrir a otros, solazarse en una mirada familiar, si la propia no nos ofrece la calidez del re·conocernos?

Establecida entonces la poca confiabilidad que ofrece el llamado "amor a primera vista", me gustaría que desviáramos la mirada (qué ironía, ¿no?) a otros sentidos; sentidos que con una poderosa (y oximorónica) sutileza son capaces de envolvernos en emociones a las que el cuerpo, en su profunda totalidad, reacciona. 

Imagina por ejemplo bailar a ojos cerrados, uno a uno, una suave melodía

Imagina que a través de un ritmo cálido descubres cómo tu sangre comienza a pulsar al unísono con otro pulso y otro cuerpo y que, al suave compás del cadencioso sonido, tu corazón palpita dentro de ti y también dentro de otro pecho. La música se convierte entonces en ruido blanco y son los latidos al unísono lo único que marca el ritmo en el silencio de esa incipiente intimidad.

La respiración entonces inicia su camino. Delicada primero, a través de un pecho que se ensancha y descansa como olas en una bahía desierta, el tacto se abre paso en un sendero que primero sensibiliza parcialmente y que luego, cual creciente tormenta nocturna, toma nuevas formas en cada contacto cálido, frío, sudoroso, blando y duro. La sensibilidad es tal que un simple encuentro de mejilla contra mejilla estremece, ola a ola, lo más profundo de la espalda baja; y unos dedos frágiles alrededor de la nuca son capaces de evocar una profunda, exquisita y dolorosa corriente de deseo. La respiración, en medio de la tormenta, permanece como un solitario faro para seguir despiertos y conscientes mientras cada poro se embriaga y ahoga en el estímulo del sentir.

Cada aroma tiene su propio momento de protagonismo: la dulce presencia de un perfume que como una primera brisa anuncia la llegada inminente de la tormenta; la ráfaga aterciopelada del aroma de la piel; el estímulo casi accidental de un cabello tibio, y la sensación de vaivén perdido al ahondar en la sutileza de un aliento recorriendo el oído, como una promesa bendita al eterno retorno a la piel que se vuelve a estremecer.

En contadas ocasiones, el cúmulo sensorial converge en el milagro de un beso. El gusto ahí se vuelve el remanso en el que vara la corriente de emociones y otros sentidos, y todos, a la vez, se vuelven uno: Un fresco sabor a menta que evoca el aroma un campo en verano; un dejo de vino blanco, cristalino como copas al brindar; un sutil sabor a café que, como nota central, eriza la piel desde los labios al corazón; y una soñadora heterocromía que se abre, descubre, siente, y se rinde al regalo de la intimidad. 

¿Puede no amarse, así sea por un momento, ante la intensa inmensidad sensorial ofrecida por la tormenta del todo, y culminada por dos miradas que por primera vez se descubren tras haberse contemplado mil veces antes? ¿Qué forma o remedio puede tener el amor cuando el último sentido que lo despierta es la vista? ¿No será ya momento de reivindicar la frase "amor a primera vista", cuando en realidad la vista sólo ofrece un efímero momento que palidece ante la presencia de una consistencia sensorial seductora y segura?

Puede que el Amor, como todo sentimiento humano, prefiera obedecer a patrones constantes y holísticos. Tal vez por eso me opongo tan desafiante y tajantemente a que el pilar más celebrado sea también el más frágil de todos... 

Y definitivamente es por eso que prefiero llamarlo "Amor al primer sentido".

Sunday, January 14, 2024

Triste dolor


Yo opino que la tristeza no debería doler en el cuerpo. 

Debería bastar con ese tremendo vacío a la altura del corazón (porque todo lo que ahí había pasó a la cabeza en forma de cuestionamientos, dudas, inseguridades, una visión pesimista del porvenir y, sobre todo, la persistencia de la razón del pesar en la mente, que hace que en cada interacción -con lo humano, lo natural y lo divino- haya una nueva razón para retornar al recuerdo de lo que se siente, cual maldición de Sísifo arrastrando la piedra de aquel vacío). 

Pero no.  
Es muy utópico ceñirlo simplemente a la ceguera del agobio. 

El cuerpo también resiente la ausencia, por lo que cada paso al caminar se convierte en una nueva pequeña tortura... cadenciosa y constante, como una gota que cae y que tras molestar en alguna parte entre los oídos y el pecho, sólo se ve superada por el cansancio creado por el dolor y el vacío, y en honor a ese cansancio, la tortura se vuelve ruido blanco y nos permite dormir. 

Y tal vez esté siendo irreverente con la neurociencia, los opioides y los senderos neurológicos que se recorren en el proceso, no me importa. Tenemos un cuerpo maravilloso, pero injusto. ¿Emo? Pues no... me encanta ser feliz. 

Tal vez por eso me desagrada el cuerpo cuando no ayuda ni siquiera un poquito a sentirse algo mejor, y la conformidad la da (de forma garantizada, aunque en un ritmo mucho más reposado) Don Maravilloso Tiempo.

Memorias.
02.07.19

Sunday, November 5, 2023

Esperanza


Si en el reino del silencio
tu sonrisa me ilumina,
no habrá guerras ni montañas
que no libre hasta la cima.

Si en el ánfora repleta
aún veo tu reflejo,
será tu néctar mi meta,
y tus pupilas mi espejo.

Y si en la noche callada
no hay espacio que me invite,
silenciosa aguardaré
a que el vacío se habite.

¿Por qué florece mi pecho
con la ciencia de esperar?
Porque al fin de esta paz•ciencia,
sueño verme en tu mirar.

Saturday, July 22, 2023

Cuenta regresiva

Diez jornadas de tardanza,
nueve noches de vigilia,
ocho sueños en el aire,
siete años de intentarlo,
seis esfuerzos ya fallidos.
cinco signos evidentes,
cuatro nuevas esperanzas.

Tres pruebas sobre la mesa
(dos de ellas concluyentes),
y una mancha ensangrentada
que me dice nuevamente,
que no habrá nido ni espera
y me arrebata del vientre
ese abrazo tierno
que sin existir, duele
en esta cuenta regresiva.

Tuesday, August 30, 2022

En Paz...

No me costó reconocer tu nombre resaltando entre la multitud de mensajes que aparecían esta mañana en mi bandeja de entrada. Respondías, con la dulzura que siempre me expresaste, a mi disculpa (que tomó años en llegar) por aquel tiempo en que te amé tan profundamente como te lastimé
(Como nos lastimamos). 

Era otra en aquel entonces, infinitamente más herida y menos consciente de mí misma. Así me conociste y ahí estuviste, acogiéndome y haciendo brillar la luz potencial que veías tras todo ese dolor.

A través de ti, comprendí que un mundo totalmente distinto del que conocía era posible, y para eso, me tocó vivir el dolor de renacer muchas veces y de maneras distintas; primero, desde mi propio paradigma y concepción del amor, y luego, desde la rebelión más grande que pudiese imaginar: cortar mis cadenas y extender mis alas para encontrar, en nuevos horizontes, mi camino hacia la paz y el encuentro conmigo misma.

No me soltaste nunca. 
Ni siquiera cuando me herías. 
Ni siquiera cuando te hería de vuelta.
Ni siquiera cuando intentaba huir de ti.

Imagino que en el fondo sabías que, incluso desde tus heridas (las que traías y yo causaba) y las mías (las que traía y me causabas), era mejor que hubiese durante esos muchos renaceres un pilar junto a mí, alguien que creyese en mí y me acompañase. Sé que también era difícil soltar para ti porque te amé posiblemente con una inocencia e intensidad que nunca jamás se podrá repetir... todo lo que viene después tiene ya experiencia y aprendizaje, y en nuestro caso, éramos dos quienes vivíamos los primeros errores y crecimientos que se pueden vivir junto a alguien. También y por muchas razones fue tu amor, como ningún otro en mi vida, capaz de transformar mi apego más profundo y herido en uno distinto, más dulce, más suave, como leche tibia... ¿recuerdas? :)

Nuestros caminos se separaron, porque todo lo que nace morirá. 
Y está bien, la muerte se puede vivir desde la dulzura de haber vivido.

Y aunque perdonar esa muerte me tomó más tiempo del que quisiera admitir, lo conseguí muchos años después, cuando encontré el sendero hacia mi paz interior. 

Ahora, cada vez que me cruzo con tu recuerdo en la observación del camino recorrido hasta mi presente, sonrío y música viene a mis oídos como si nuestra historia tuviera un soundtrack que marcara cada etapa de todo lo vivido y todo lo sentido...

Eugenia, 
Tendido al Sol
Entre pairos y derivas,
Hoy ten miedo de mí, 
Será que te conozco, 
Just the two of us,
Olvidar,
Blackbird.
Y también Unicornio :)


Sequé las lágrimas que me nublaban los ojos tras el torrente de emociones y recuerdos. Y ahí, con el amor de siempre y de vuelta, me remití a responder en un par de líneas lo que en mi corazón se guardaba:

"Gracias por todo y para siempre.
Estamos en Paz 💕"

Sunday, October 10, 2021

Encontrados en la oscuridad.


Ella tenía ceguera de rostros.
Él sufría ceguera nocturna.

Aunque ambos eran felices, se conocieron en uno de tantos sitios reservados para gente que sufre de soledad crónica.

Ella se enamoró de él cuando su rostro apareció sin esfuerzo en sus recuerdos.
Él se enamoró de ella mientras lo conducía en medio de la oscuridad.

Se descubrieron mejor que nunca cuando hicieron el amor con los ojos vendados.
Y se hicieron conscientes de su amor tras su última noche, mientras cada uno, camino a sus rutinas, lloraba la inminente ausencia.

Ahora ella teme olvidar su rostro...
...y él cierra los ojos para ver su sonrisa en medio de la oscuridad.

Thursday, January 22, 2015

Si Te PuDieRa MeNTiR...

Si te pudiera mentir,

te diría que aquí

todo va marchando muy bien,

pero no es así.

Esta casa es sólo un pensamiento

que me habla de ti,

y es tu voz como este mismo viento

que hoy viene hacia mí.



Solía odiar la nostálgica música que a ti te cautivaba, y sin embargo ahora me sorprendo buscándola y escapando de ella: la búsqueda, para materializarte a través de los sonidos que viajan a mis oídos; el escape, porque sé que inevitablemente me hará llorar.

Los días fueron rápido. Gonzalo Rojas no se equivocó. El calendario se aproxima peligrosamente a la fecha que me hará suspirar y evocar con dolorosa certeza lo ocurrido, y no puedo evitarlo. Quizás ni siquiera logre evitar, aunque me lo proponga, la sensación de angustia que me traerá saber que se cumplirá un año desde que no te tengo, y que me queda toda una vida para contar días, meses y años absurdos, a la espera de que la misma fuerza me lleve también... ¿a tu lado? No lo sé. No lo creo.

Y eso me aterra. Ya no lo creo.

Monday, April 2, 2012

En el fundamento del amor...

Confiando en cuán infinitamente él la amaba, ella puso veneno en su copa. No alcanzó a ver su final: Amando cuánta confianza había depositado ella en él, no le fue difícil matarla en pequeñas dosis de pastillas noche a noche, y verla cerrar sus ojos para siempre antes de verlo ella caer muerto producto del brebaje.

Wednesday, July 29, 2009

Como en un suspiro...

Cuando ya su vida estaba condenada a terminarse de una horrible forma, gracias a la infección que le ocasionó la amada mujer que finalmente murió en sus brazos, Oscar sintió que debía vengarse de todos por su inefable desgracia. Los libros de terror que leyó durante su juventud le sirvieron para maquinar su plan, y así comenzó a buscar todo cuanto le haría falta: atuendo adecuado, guantes, el arma perfecta y la actitud de no tener absolutamente nada... Nada que perder.

Poco y nada había en su persona de aquellos días en que una mano tibia cogiendo la suya bastaba para que el mundo se tornara feliz. En su desordenada, sucia y húmeda habitación, se preparaba para su primer ataque. A momentos, sin embargo, sentía haber olvidado algo importante. Se trataba del amor por sí mismo, que, pisoteado y agonizante, se manifestaba a él a través de esa picosa sensación de haber olvidado algo.

Entre los restos de ropa y basura de su habitación, Oscar dio con una hoja suelta que llamó poderosamente su atención (es extraño cómo algunos sucesos que en lo cotidiano pueden parecer insignificantes, en el momento adecuado pueden producir conmociones de magnitudes siderales). Vaciló antes de tomarla, y leyó:

"Nunca me acostumbraré a tu ausencia".

Reconoció su propia letra en la hoja, pero ésta parecía más diáfana... era de otro tiempo, otra etapa. Se quedó perplejo mirando el papel. Lo leyó muchas veces... tantas y tan concentradamente, que ni siquiera notó cuando la tinta comenzó a correrse al caer dos lágrimas. Sintió un quiebre dento de sí, y viajó muy lejos sin moverse, se enfrentó a espectros y monstruos aterradores, en fin, se arrepintió de ser quien era en ese momento.

Por breves segundos, volvió a ser ese ser feliz que fue, y, por breves segundos también, desistió de su idea. Sólo por breves segundos. Luego se adecuó a su nueva realidad, preparó el resto de sus cosas, y cerró tras de sí la puerta de su habitación, su casa, lo que quedaba de su amor, y se fue.

Wednesday, April 9, 2008

DeL oTRo LaDo De La HiSToRia...

Mi bella, mi preciosa, mi dulce princesa; por favor préstame un poco de atención. Estos años a tu lado han sido maravillosos, eres tan dulce, tan buena, tan tierna, tan radiante... Pensarte me emociona, y tu dulzura se queda en mi garganta como un atascadero que no logro evitar, que me duele y me cobija en todo aquello que eres tú, grácil y suave, como el oleaje que me dedicaste cuando me dijiste, en un abrazo cálido y con lágrimas en los ojos, que me amabas con todo tu ardiente y frágil corazón.

Has vivido cosas que no mereces, mi vida. No imaginas cuán impotente me siento de no haber paliado ese dolor incluso antes de conocerte. Esa calidez tan linda que llevas en tu forma de mirar, de sonreír y perdonar, de pronto se opaca ante los recuerdos de esa soledad que viviste producto de la incomprensión de la familia sanguínea a la cual nunca perteneciste. Ellos se golpeaban, sí, y te golpeaban también. Golpeaban tus mejillas y tu autoestima; golpeaban con ello tus esperanzas y tu inocencia; golpeaban también tus ganas de vivir, y quizás por esa razón fue que te conocí tan escondida en tu mundo, tan oculta a los ojos de todos, tan guardiana de la poca luz que te quedaba, de esa mínima esperanza que fortalecías sólo de vez en cuando, para que no te doliera la soledad.

Y en eso aparecí. Me deslumbraste sin saberlo; tu suave andar como de oleaje, tu perfil sereno, tus sorpresas que alegraban mi día... Recuerdo cuántas veces te miré sin que lo notaras. Recuerdo que quedó plasmado en mi memoria tu gusto por las letras. Me valí de eso para deslumbrarte como tú lo hiciste conmigo. Maravillosamente lo logré, y la luz tenue que guardaba tu corazón se volvió una hoguera, y te vi en todo tu esplendor. Tus besos dulces, tus ternuras cotidianas, tu suave cuerpo, tu apasionada entrega. Te potenciaste, volviste a creer en ti. Quisiste vivir, y tus mejillas, sonrosadas tantas veces por tantas bofetadas, se sonrojaron ante nuestros cómplices recuerdos, nuestros códigos, nuestro lenguaje en común.

Mi pequeña, si te amé cuando te conocí, tanto más te amé cuando volviste a brillar. Te admiré, porque vi que saliste adelante con la sola fuerza de tu melodioso amor. Tu vida era otra, todas tus penas anteriores se volvieron fuerza, fuerza que me revitalizaba, porque sabía que eras feliz... que yo te había hecho feliz.

Mi querida, mi amada, luego de eso te empecé a fallar. Te obligué a que tuvieras una imagen distinta... Me obligué también a ser diferente. Debiste entender que algo en mí había cambiado, que lo nuestro no podía ser como estaba siendo hasta entonces... Y vi la paciencia que me tuviste, el amor que me ofreciste para fortalecerme en el dolor. Con toda la fuerza que había en tu corazón, que parecía un torrente sin intenciones de agotarse, me abrazaste mil veces, y mil veces me recordaste cuánto me amabas. También agoté tu paciencia, porque no puse de mi parte. Te hice llorar tantas veces, tantas como me pediste que me alejara y te dejara tranquila. Era en esos momentos yo quien se desesperaba. Agobiaba tu teléfono, te enviaba cartas, te buscaba aún en los lugares en que sospechaba que pudieras estar... Luego te tenía, en mis ojos, en mis brazos, en mi cuerpo... Y te volvía a fallar.

Dulzura, fueron más de tres años en lo mismo. Cada vez que aceptaste mis reglas, esas reglas que ahora me coartan tanto como al principio, fui yo quien las rompió. Eras -eres- irresistible... en tu ternura, en tu voz, encuentro el refugio que tampoco tuve en mi niñez. Me vuelves pueril, y luego de eso estoy a tu merced... Siempre para volver a fallarte.

Perdiste tanto, arriesgaste tanto por mí. Enfrentaste todo cuanto se podía enfrentar. No comprendí cómo tuviste tanta fuerza para hacerlo. Yo no hubiera podido, no pude... perdiste seres queridos en ese camino, pero no importaba: Tu alma se encontraba abandonada a la intemperie en medio de la lluvia, y sólo yo vi que era hermosa detrás del barro que la cubría. Te tomé en mis brazos, te di calor y abrigo, te hice cariño, te miré con amor. No, no pienses eso... Nunca sentí lástima por ti. Tu luz es demasiada como para atreverme a creer que estoy por sobre ella.

Querida, amada, perdóname por amarte tanto, y fallarte así; perdóname por el daño que te he hecho. Luego de tantas crisis, tantas lágrimas, tanto dolor y tanta esperanza desesperada, siento que caíste más bajo de lo que ya estabas cuando te conocí. Entiéndeme... Te amo con todo mi ser... ¿Cómo no amarte, si eres una luz que se reparte generosa entre los demás?

No llores, por favor. Esto me cuesta más a mí que a ti. Siempre me costó más: Me costó porque nunca proyecté que fuéramos a sentir tanto... No fue un error el sentimiento, sino la forma de expresarlo, compréndelo... Me costó porque siento que podremos ser felices de otro modo... No sigas llorando, por favor... Me costó porque mi imagen se hubiera manchado a tu lado... No me llames egoísta, te lo pido... Me costó porque hay parámetros que obedecer... Por favor, no sigas llorando, no dudes que te amo... Me costó porque eres irresistiblemente adorable, y por eso no pude poner freno cuando tú me lo pediste alguna de esas tantas ocasiones... No me pidas que me quede, no lo hagas... Me costó porque CReo Que SeRé más feliz siendo madre, con un esposo y una imagen familiar que proyectar.

Adiós, mi pequeña princesa. Sé que te destruí, pero quédate con este consuelo: A tu lado fui feliz.

Saturday, February 9, 2008

Zigzag amoroso...

...Y ellos que miraban las noticias y se aterraban juntos... XD


Para amarse, Cándida y Ángel se recorrieron gradualmente en las cuatro habituales etapas: Miradas, Boca, Manos, Cuerpo...

Enamorarse a primera vista fue cosa necesaria.
Su conversación y sus besos les otorgaron la mutua certeza.
Las caricias de uno eran la fuente del deseo y el placer del otro.
Y al intimar, nunca una entrega fue más intensa y plena.

Curioso. Para desamarse, recorrieron las mismas cuatro etapas:

Rencor y desprecio se acusaban en sus ojos. Aunque era un mudo reproche la mayoría de las veces.
Las palabras hirientes intensificaron las miradas, y pronto se hicieron poco.
Empujones, manotazos... Puñetazos finalmente.
Cuerpo... ¿Cómo decirlo? Cándida nunca le perteneció tanto como en aquella última vez: Íntimamente en sus brazos, como hacía mucho que no estaba, concluía degollada y víctima de su amado Ángel, quien luego se ahorcó.

Afinidad estelar.

Era obvio que no íbamos a poder ser amigas toda la vida.  A fin de cuentas, yo soy Escorpio y tú una zorra malparida hija de las mil putas.