Comienzo estas líneas sin certeza clara de cómo ni adónde voy a dirigirlas.
La única claridad de momento está en el título, retrato fiel de esta sensación de agobio que se esconde, esquiva e imposible de delimitar, entre mi garganta y mi pecho (como dijo alguna vez una brisa amada de Paz: "Suele suceder, aunque no suelo escribir cuando sucede". Y sin embargo aquí estoy, escribiendo, como si al crear estas líneas pudiese también dibujar las líneas de contorno y definición de este sinsabor).
Curiosamente y en un nuevo giro, la intención de definir se vuelve sólo preguntas (aunque por algo se empieza...
¿No?)
¿Por qué duele?
¿Por qué me duele?
¿Por qué aún me duele?
¿Dónde se nubla la línea de la realidad y se vuelve ilusión?
¿Qué parte de lo que amo de ti te pertenece en la realidad?
¿Qué parte de lo que amo de ti es en verdad el reflejo y proyección de mi propia alma desnuda?
¿Qué parte de todo este dolor de añorarte es el extrañarte por el mero hecho de hacerlo, o la adicción a ti, o tal vez una adicción aún más abstracta, relacionada contigo pero de la cual no depende tu presencia?
¿Te amo a ti o amo que no estés, para así poder dibujarte desnudo en estas líneas que deciden quién y cómo eres?
Y es que la existencia de una musa crea la necesidad al alma de volcarse.
Si no existiera la Luna, ¿qué hubiese hecho o haría el arte en tantos de sus momentos y manifestaciones?
Y si no hubieras sido tú a través del regalo de tus ojos,
o de mis manos en tu cuello,
o de mi cuerpo en tu abrazo,
o de tu aroma en mi suspiro,
¿Cómo hubiera podido o podría, vida mía,
Enriquecer mis líneas
si alguna vez
de corazón y en el Mundo
tú me faltas?
Tal vez (y así ha sido) serías tú en ausencia.
Una ausencia que duele, hiere y mata;
y que por esa exacta razón
da vida.
Por ahora brindo
y en tu nombre digo
«Larga vida a tu vida»
para así lograr
-mientras respire y respires
y hasta el reencuentro con el Universo-
retratar de ti mi añoranza.