No vino como apoteosis ni con un gran evento, aunque sí con una gran noticia; y de pronto, esta vieja nueva noticia (de hoy pero de ayer) generó una cascada de eventos (todo dentro) que terminaron de dar explicación a un mapa mental del que me aferré mi vida entera.
Me vi de nuevo hundida en el fango digiriendo la claridad satisfactoria pero nostálgica que da poner la última pieza a un rompecabezas. Hundida, además, porque la pieza contenía información clave que, una vez puesta en su lugar, cambiaba de manera radical todo lo que fui y todo lo que sabía y entendía del mundo y del Amor.
Pero que, curiosamente, no cambia (ni cambiará) en absoluto lo que soy.
Por primera vez en mi vida siento una quietud mental que jamás sentí.
Una mezcla de alivio, certeza, calma y aceptación.
Una mezcla de alivio, certeza, calma y aceptación.
Por primera vez en mi vida, mi cabeza no está rumiando.
Y creo que hoy (y también ayer, en perspectiva, con sus sombras) es el día más feliz de mi vida.
Infinitas gracias a mi Pata, mi Dani, mi Miru, mi Gri, mis Maritas, mis hombres amados,
y todos quienes me han mostrado que el amor de verdad existe
(y que soy amable).
Gracias a cada persona que he amado yo,
por enseñarme tanto sobre mí misma
y por enseñarme a amar.
Quiero recordar este sentimiento que llevo adentro ahora mismo
(y también ayer) por el resto de mi vida:
La vida es como es.
Y así es hermosa.







