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Sunday, June 1, 2025

Todo menos una línea plana.

Más arriba rodeando cercanamente inminentes nudos, mi garganta abre paso con dolor a mi saliva mientras mis ojos se prenden del hoyuelo de tu mentón.

Más abajo, mi corazón late en un ritmo candente al contacto con tu pecho. Mi mente, siempre fría, sondea la complejidad de tu ser (infinita y juguetona predictibilidad), y se contrapone y protege la evidencia de mi pulso por ti al tiempo que mis manos temblorosas -al contacto con las tuyas- delatan.

Más arriba, mis ojos navegan entre tu cuello a tus labios. Respiro tu aliento e intento adivinar tu sabor. Lo sé, eres de sentidos concretos como la vista... pero para mí, la vista es el lienzo inicial para explorar(te) con el resto de mis sentidos; aquellos que comienzan en la piel y terminan en el éxtasis.

Más abajo, mi vientre se ensancha y contrae al ritmo de la respiración que rítmicamente me ofreces. Imagino la tersura de tu piel desnuda y tiemblo, de nuevo, sacudida por el pensamiento.

Más arriba, mi mente da vueltas en el cómo y el cuándo me dejé atrapar por ti. ¿Fue tu yo creativo, apasionado, dulce; o fue el dolor -inevitable puente- que no logra esconderse tras tu perlada sonrisa y tus infinitas resistencias?

Más abajo, tu pierna juega y detiene mi movimiento. Sostienes mi palma a la altura de mis caderas y la desplazas por tu muslo mientras más arriba, sin atreverme a mirarte directo a los ojos, me pregunto si eres capaz de sentir mi imposible esfuerzo por no sonrojar.

Más arriba, entre el dolor de mi garganta y la idea que ilumina mi cabeza como una llama (que aun tenue al nacer, tiene el poder de destruir todo a su paso): tu llegada a mi vida no culminará en el deseado encuentro (he ahí el nudo en mi garganta), pero sí tiene (y tendrá) el inminente poder de quemar los restos inhabitables de mi alma, para así llevarla a un renacer más amable gracias a ti (mientras, más abajo, mi vientre en vértigo protesta y clama por dar la bienvenida a tu cuerpo gentil, orgánico, requerido, navegante, yacente).

Mientras, 
al centro,
rodeas
cercanamente 
inminentes 
nudos:

Gentiles, 
orgánicos, 
requeridos, 
navegantes,
yacentes...


Wednesday, April 9, 2025

Orgasmo (Parte II)

Recorro tu cuello lenta y sutilmente con mis dedos, mientras respiro de tu boca y bebo mi propia miel de tus labios. Me entregas tu cuello mientras envuelves mi cintura en tu abrazo. Tu respiración se profundiza paulatinamente mientras mis manos bajan por tu pecho en una caricia que se detiene en el borde de tus caderas y que vuelve a subir por tu espalda hasta reposar en tus hombros. Respiras del perfume de mi cuello y mis manos vuelven a actuar; esta vez, acarician tu nuca y vuelven a tus mejillas, tu quijada y tu mentón hendido. 

Cubro tus ojos con mi bufanda y procedo a desnudarte. Como si fueran sólo caricias, bajo por tus brazos para quitarte la camisa abierta mientras mi lengua recorre, juguetona e insinuante, tu cuello, tu pecho, tu ombligo, tu bajo vientre. Siento tu respiración intensificarse y un tibio bulto bajo tu cinturón se abre paso, palpitante, por debajo de tu ropa. 

Desato tu cinturón y me deshago de tu pantalón y tu ropa interior. Acaricio tu miembro con la punta de mis dedos y presiono tu glande, en movimientos circulares, suavemente con mi pulgar. Escucho tu primer gemido y sonrío, esto sólo empieza, susurro, y veo tus dientes perlados sonreír pícaramente mientras acaricias mi pelo. 

Te tumbo boca abajo y me siento sobre tu espalda mientras masajeo tu cabeza, tu nuca, tus hombros, tus escápulas. El contacto de tu cuerpo me empieza a excitar y una tibia humedad se hace presente en tu espalda. Sonríes de nuevo. ¿Todo bien?, me preguntas. , te respondo, ya me conoces. Vuelves a relajarte mientras yo bajo por tu espalda y amaso tus glúteos, tus muslos, tus pantorrillas y pies. Beso los dedos de tus pies y gimes de nuevo, más intensamente. Te giras. Sigo besando tus pies mientras contemplo cómo de tu miembro erecto caen gotas transparentes y viscosas que encienden mi sed. Contengo el impulso de ir a saberte de inmediato; en su lugar, subo por tu cuerpo pausadamente sin dejar de masajearte. 

Aterrizo por fin en tu pelvis. mis masajes vuelven a ser caricias pero comandadas por mis uñas. Es ese sutil tacto, y no la temperatura de mis manos, el que invade toda el área de tus caderas con un manto de piel de gallina. Abres tus piernas para darme espacio, en medio de tu agitada respiración. Reposo la yema de mi pulgar en tu periné mientras las uñas de mi otra mano acarician tus testículos y envuelvo finalmente con mis dedos tu miembro duro. Presiono y subo con mi mano la piel que te envuelve. Relajo la presión y la vuelvo a bajar. Repito el movimiento mientras mis dedos se humedecen de la miel que liberas. 

Llevas instintivamente tu mano a la venda de tus ojos. Titubeas y finalmente los mantienes cubiertos. Respiras con tu boca abierta y la humedad de tu lengua me enciende. Quiero conectar tu humedad con la mía, así que lamo tu glande y lo recorro con mi lengua. Tu abdomen se tensa y sueltas toda tu respiración en un intenso y sonoro soplido. Recobras el aire en una inspiración entrecortada. Vuelves a gemir. Acaricias mi pelo y me indicas con tus manos en suave compás el ritmo que quieres que siga. 

Sigo por unos instantes, hasta que me interrumpe mi propia excitación y gimo yo. Eso basta. Te incorporas y me besas. Tus manos bajan a mi entrepierna y sientes mi humedad con tus dedos. Acomodas tu miembro y tomo tu mano entre las mías. No, sonrío, deja que lo haga. Envuelves nuevamente mi cintura en tu abrazo mientras con mi pelvis inicio un vaivén sobre ti. Eventualmente, te atrapo y nuestra humedad se mezcla mientras nos volvemos uno. 

Tibia y suavemente, nuestros cuerpos se fusionan mientras yo beso tu frente y tú besas mis pechos. Muerdes mis pezones, y por toda respuesta yo beso los lóbulos de tus orejas. Gimo y suspiro tan cerca de tu oído, que te estremeces y otra energía se apodera de ti. Me sigues penetrando cuando, entre la tibieza y un exquisito dolor, mis sentidos se fusionan de nuevo. Tu respiración se vuelve frenética y sonora, me penetras más rápido al tiempo que vuelves a besar y lamer mis pezones. Mi orgasmo aún no termina cuando el tuyo comienza. Te tumbo hacia atrás y me acuesto del todo sobre ti mientras tu semen me conquista y empieza a salir por mi vulva.

Ambos suspiramos. Te quitas la venda de los ojos, pero los mantienes cerrados. Contemplo tus viriles facciones, tu frente amplia, tus labios definidos. Te beso de forma tan ligera que mis labios apenas te tocan. Sonríes y abres los ojos. Eso estuvo... 

...Inspirador, agrego. Me acurruco en el hueco hecho por tu pecho y tus brazos, para mi cuerpo.

¿Lo haremos de nuevo? 

Monday, December 9, 2024

Orgasmo (Parte I)

Me pediste que te describiera cómo se siente el orgasmo de una mujer mientras yacía a tu lado y acariciaba el vello de tu pecho. Parpadeé entonces rozando mis pestañas contra tus mejillas en un beso de mariposa, y juguetonamente te dije: Dámelo y te diré.

Sonríes, me miras a los ojos, acaricias suavemente mis hombros desnudos y besas mi cuello. Una repentina ola se apodera de mi piel al contacto con la tuya y estremece cada uno de mis poros. Cierro los ojos y te dejo actuar con tus labios y lengua. Ensortijo las yemas de mis dedos con tu cabello y tu nuca, y siento tu piel responder a mi tacto también con una oleada de placer.

Sigues explorándome mientras llegas delicadamente a mi pecho. Tus manos frías, con el más leve roce, acarician mis senos. Mis areolas y pezones se transforman y endurecen al tacto de tus dedos, y vuelven a mutar al contraste perfecto de tus labios cálidos y tu lengua húmeda. Suavemente, tu boca hace que mi piel ceda mientras mi columna reacciona formando un arco y mis caderas retroceden para ofrecerte aún más de mí.

Me provocas y te acercas a los costados de mi torso. Me acurruco y río… Un hombre más inseguro se preguntaría por qué, pero tú… tú me devuelves la sonrisa, me tomas de las muñecas y me callas con un beso antes de tomar el control de nuevo. Esta vez no me río, ni siquiera sonrío. Suspiro profundamente y acaricio tu cabello mientras sigues besándome el vientre al compás de mi respiración. No hace falta música; nuestro baile lo dictan nuestras respiraciones, los pulsos de nuestros corazones y las olas de placer de mi piel que no dejan de seguirte.

Me volteas boca abajo y acaricias los costados de mis caderas y glúteos. La temperatura de tus manos me hace hiperventilar de excitación mientras la ola de estremecimiento de mi piel vuelve a buscar el encuentro con tus dedos, como el Mar en la eterna e imposible persecución de la Luna. Besas la parte de atrás de mis piernas. En este punto, mi respiración se convierte en un ruego: Dame más.

Me giras de espaldas otra vez y sigues besando la parte interna de mis rodillas. Instintivamente, entreabro mis piernas mientras trato de contener el gemido que se apodera de mí desde el centro de mi cuerpo hasta mi voz. Tus manos siguen convocando la ola de placer que mi piel sigue tan desesperadamente. Me embriago en el desespero de sensaciones que tu toque me ofrece y gimo ante la inminencia de tu llegada.

Cubres mis muslos con tus besos al tiempo que te envuelvo con mis piernas y finalmente alcanzas mi centro, sin sorprenderte por toda la humedad que ya está esperando tu boca también húmeda. Te detienes a respirar de mí lenta y profundamente, y acaricias mi humedad con el aire que exhalas. Vuelves a respirar y a exhalar, como saboreándome antes de saborearme.

Mmmm...

Construyes por unos breves segundos (y para mi tortura) algo más de anticipación a través de tu respiración. Mi cuerpo completo se tensa en pausa mientras mi propia respiración se vuelve entrecortada. Gloriosamente y para mi profundo suspiro, unes la Luna, ahora eclipsada en la punta de tu lengua, con las olas de mi Mar.

Te quedas en mí y yo me rindo a tu boca. En movimientos circulares, tu lengua me cautiva mientras las olas se concentran y retienen en mi centro. Sujeto tu cabello e inicio un vaivén con mi pelvis, primero sutil y luego intenso, mientras tu lengua posee y controla todo mi ser.

Mientras van y vienen, las olas de placer cobran vida propia, arrastran mi pelvis hacia arriba desde mi centro, y elevan, suspenden y fusionan todos mis sentidos en uno solo. Durante tres, o diez segundos u horas, las olas de mi sentido unificado y tsunámico regresan a cada rincón de mi cuerpo; primero tímidamente, luego furiosamente, con frío, calor, suavidad, dureza, humedad, lentitud, amor, furia, calor, humedad… Y amor otra vez.

Desde mi centro hasta los dedos de mis pies, las yemas de los dedos de mis manos, mis pezones y cuero cabelludo, las olas golpean hasta que lentamente se desvanecen, y una brisa de paz regresa a mi boca en un beso de tus labios húmedos y llenos de mi Mar y tu Luna.

Respiro profundamente. Intento articular palabras, pero es demasiado pronto. Me miras con tus ojos indescriptiblemente hermosos y sonríes. 

No hacen falta palabras, ahora lo sabes.

Te devuelvo la sonrisa y me subo a ti mientras envuelvo tu cuello entre mis manos.

Ahora es tu turno.

Sunday, October 10, 2021

Encontrados en la oscuridad.


Ella tenía ceguera de rostros.
Él sufría ceguera nocturna.

Aunque ambos eran felices, se conocieron en uno de tantos sitios reservados para gente que sufre de soledad crónica.

Ella se enamoró de él cuando su rostro apareció sin esfuerzo en sus recuerdos.
Él se enamoró de ella mientras lo conducía en medio de la oscuridad.

Se descubrieron mejor que nunca cuando hicieron el amor con los ojos vendados.
Y se hicieron conscientes de su amor tras su última noche, mientras cada uno, camino a sus rutinas, lloraba la inminente ausencia.

Ahora ella teme olvidar su rostro...
...y él cierra los ojos para ver su sonrisa en medio de la oscuridad.

Afinidad estelar.

Era obvio que no íbamos a poder ser amigas toda la vida.  A fin de cuentas, yo soy Escorpio y tú una zorra malparida hija de las mil putas.