Difícil es comenzar a describir el concepto de ego cuando este, a lo largo de al menos un siglo por su nombre (y tal vez la historia de la humanidad entera nombrado de otras formas), ha significado nociones tan aparentemente distintas para una idea tan -reducida al minimalismo más ridículo- simple: Conflicto interior.
Para Freud, su primer bautista, el ego es la representación mediadora del conflicto entre el ello (nuestros instintos e impulsos) y nuestro superyo (nuestro sentido del deber), en nuestra interacción con la realidad. Sobra decir que si el ello te domina sin límites, morirás antes de los 25 años; y que si lo que te domina es el superyo, así mueras a los 120 años, posiblemente no vivas jamás. ¿La realidad? Bueno, no es otra cosa que el escenario donde tu Yo (tu ego), es puesto a prueba en el dominio del balance que, con más y menos matices, mantiene el conflicto y toma la decisión final de cara al mundo.
Un paso milenariamente más atrás, el Budismo (que lo denomina en inglés como el "self") considera al ego como una ilusión crítica que nos apega a ideas, personas y cosas; imágenes de un querer/deber (a veces juntos, a veces fundamentalmente opuestos); expectativas de la realidad, en fin... todo lo que causa basalmente el sufrimiento humano.
Todas las variables paradigmáticas del concepto, con más o menos profundidad, apuntan a una estructura individual e individualizante que nos forma, define y -para muchos- que incluso nos protege al diferenciarnos de los demás y permitirnos dar sentido a nuestra propia existencia.
¿La variable que añade complejidad al asunto? Para el momento en que decidí publicar esta entrada, había 8,243,231,335 egos en el mundo que, con más o menos consciencia, interactúan en la tierra con las herramientas dadas por otros egos (otras historias) y transitan desde ese marco inicial su camino (y se encuentran con tu propio camino de vez en cuando).
¿Lo cierto para todos? Hayas vivido desde el instinto o la razón, desde la ceguera o la consciencia, desde la imposición de tu ego por encima de todos los demás o desde el ser un facilitador de todos los egos que encontraste; no está para ninguno lejos el día en que nos liberemos de nuestro sistema completo de creencias (y por extensión, del ser) y, con más o menos resistencia o aceptación, nos desapegaremos del ego y soltaremos toda cadena (y deuda) pendiente.
Tal vez para eso finalmente es el ego: Para comprender que, al final del viaje, todos los prejuicios que nos diferenciaron también nos quitaron algo; que todo apego a personas o cosas nos separó de lo demás; y que toda idea fija nos cerró la puerta a nuevas formas de pensar.
Tal vez para eso finalmente es el ego: Para comprender la fundamentalidad de ser uno con el universo y en un estado de consciencia donde el ego sea una idea básica necesaria para el existir pero irrelevante al reflexionar que somos nada menos que el universo mismo y sus mismos átomos, en una densidad que hace posible la reflexión y el apego para una posterior aceptación y absoluta libertad.







