Monday, December 9, 2024

Orgasmo (Parte I)

Me pediste que te describiera cómo se siente el orgasmo de una mujer mientras yacía a tu lado y acariciaba el vello de tu pecho. Parpadeé entonces rozando mis pestañas contra tus mejillas en un beso de mariposa, y juguetonamente te dije: Dámelo y te diré.

Sonríes, me miras a los ojos, acaricias suavemente mis hombros desnudos y besas mi cuello. Una repentina ola se apodera de mi piel al contacto con la tuya y estremece cada uno de mis poros. Cierro los ojos y te dejo actuar con tus labios y lengua. Ensortijo las yemas de mis dedos con tu cabello y tu nuca, y siento tu piel responder a mi tacto también con una oleada de placer.

Sigues explorándome mientras llegas delicadamente a mi pecho. Tus manos frías, con el más leve roce, acarician mis senos. Mis areolas y pezones se transforman y endurecen al tacto de tus dedos, y vuelven a mutar al contraste perfecto de tus labios cálidos y tu lengua húmeda. Suavemente, tu boca hace que mi piel ceda mientras mi columna reacciona formando un arco y mis caderas retroceden para ofrecerte aún más de mí.

Me provocas y te acercas a los costados de mi torso. Me acurruco y río… Un hombre más inseguro se preguntaría por qué, pero tú… tú me devuelves la sonrisa, me tomas de las muñecas y me callas con un beso antes de tomar el control de nuevo. Esta vez no me río, ni siquiera sonrío. Suspiro profundamente y acaricio tu cabello mientras sigues besándome el vientre al compás de mi respiración. No hace falta música; nuestro baile lo dictan nuestras respiraciones, los pulsos de nuestros corazones y las olas de placer de mi piel que no dejan de seguirte.

Me volteas boca abajo y acaricias los costados de mis caderas y glúteos. La temperatura de tus manos me hace hiperventilar de excitación mientras la ola de estremecimiento de mi piel vuelve a buscar el encuentro con tus dedos, como el Mar en la eterna e imposible persecución de la Luna. Besas la parte de atrás de mis piernas. En este punto, mi respiración se convierte en un ruego: Dame más.

Me giras de espaldas otra vez y sigues besando la parte interna de mis rodillas. Instintivamente, entreabro mis piernas mientras trato de contener el gemido que se apodera de mí desde el centro de mi cuerpo hasta mi voz. Tus manos siguen convocando la ola de placer que mi piel sigue tan desesperadamente. Me embriago en el desespero de sensaciones que tu toque me ofrece y gimo ante la inminencia de tu llegada.

Cubres mis muslos con tus besos al tiempo que te envuelvo con mis piernas y finalmente alcanzas mi centro, sin sorprenderte por toda la humedad que ya está esperando tu boca también húmeda. Te detienes a respirar de mí lenta y profundamente, y acaricias mi humedad con el aire que exhalas. Vuelves a respirar y a exhalar, como saboreándome antes de saborearme.

Mmmm...

Construyes por unos breves segundos (y para mi tortura) algo más de anticipación a través de tu respiración. Mi cuerpo completo se tensa en pausa mientras mi propia respiración se vuelve entrecortada. Gloriosamente y para mi profundo suspiro, unes la Luna, ahora eclipsada en la punta de tu lengua, con las olas de mi Mar.

Te quedas en mí y yo me rindo a tu boca. En movimientos circulares, tu lengua me cautiva mientras las olas se concentran y retienen en mi centro. Sujeto tu cabello e inicio un vaivén con mi pelvis, primero sutil y luego intenso, mientras tu lengua posee y controla todo mi ser.

Mientras van y vienen, las olas de placer cobran vida propia, arrastran mi pelvis hacia arriba desde mi centro, y elevan, suspenden y fusionan todos mis sentidos en uno solo. Durante tres, o diez segundos u horas, las olas de mi sentido unificado y tsunámico regresan a cada rincón de mi cuerpo; primero tímidamente, luego furiosamente, con frío, calor, suavidad, dureza, humedad, lentitud, amor, furia, calor, humedad… Y amor otra vez.

Desde mi centro hasta los dedos de mis pies, las yemas de los dedos de mis manos, mis pezones y cuero cabelludo, las olas golpean hasta que lentamente se desvanecen, y una brisa de paz regresa a mi boca en un beso de tus labios húmedos y llenos de mi Mar y tu Luna.

Respiro profundamente. Intento articular palabras, pero es demasiado pronto. Me miras con tus ojos indescriptiblemente hermosos y sonríes. 

No hacen falta palabras, ahora lo sabes.

Te devuelvo la sonrisa y me subo a ti mientras envuelvo tu cuello entre mis manos.

Ahora es tu turno.

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