Me pediste que te describiera cómo se siente el orgasmo de una mujer mientras yacía a tu lado y acariciaba el vello de tu pecho. Parpadeé entonces rozando mis pestañas contra tus mejillas en un beso de mariposa, y juguetonamente te dije: Dámelo y te diré.Sonríes, me miras a los ojos, acaricias suavemente mis hombros desnudos y besas mi cuello. Una repentina ola se apodera de mi piel al contacto con la tuya y estremece cada uno de mis poros. Cierro los ojos y te dejo actuar con tus labios y lengua. Ensortijo las yemas de mis dedos con tu cabello y tu nuca, y siento tu piel responder a mi tacto también con una oleada de placer.
Sigues explorándome mientras llegas delicadamente a mi pecho. Tus manos frías, con el más leve roce, acarician mis senos. Mis areolas y pezones se transforman y endurecen al tacto de tus dedos, y vuelven a mutar al contraste perfecto de tus labios cálidos y tu lengua húmeda. Suavemente, tu boca hace que mi piel ceda mientras mi columna reacciona formando un arco y mis caderas retroceden para ofrecerte aún más de mí.
Me provocas y te acercas a los costados de mi torso. Me acurruco y río… Un hombre más inseguro se preguntaría por qué, pero tú… tú me devuelves la sonrisa, me tomas de las muñecas y me callas con un beso antes de tomar el control de nuevo. Esta vez no me río, ni siquiera sonrío. Suspiro profundamente y acaricio tu cabello mientras sigues besándome el vientre al compás de mi respiración. No hace falta música; nuestro baile lo dictan nuestras respiraciones, los pulsos de nuestros corazones y las olas de placer de mi piel que no dejan de seguirte.
Me volteas boca abajo y acaricias los costados de mis caderas y glúteos. La temperatura de tus manos me hace hiperventilar de excitación mientras la ola de estremecimiento de mi piel vuelve a buscar el encuentro con tus dedos, como el Mar en la eterna e imposible persecución de la Luna. Besas la parte de atrás de mis piernas. En este punto, mi respiración se convierte en un ruego: Dame más.
Cubres mis muslos con tus besos al tiempo que te envuelvo con mis piernas y finalmente alcanzas mi centro, sin sorprenderte por toda la humedad que ya está esperando tu boca también húmeda. Te detienes a respirar de mí lenta y profundamente, y acaricias mi humedad con el aire que exhalas. Vuelves a respirar y a exhalar, como saboreándome antes de saborearme.
Mmmm...
Construyes por unos breves segundos (y para mi tortura) algo más de anticipación a través de tu respiración. Mi cuerpo completo se tensa en pausa mientras mi propia respiración se vuelve entrecortada. Gloriosamente y para mi profundo suspiro, unes la Luna, ahora eclipsada en la punta de tu lengua, con las olas de mi Mar.
Te quedas en mí y yo me rindo a tu boca. En movimientos circulares, tu lengua me cautiva mientras las olas se concentran y retienen en mi centro. Sujeto tu cabello e inicio un vaivén con mi pelvis, primero sutil y luego intenso, mientras tu lengua posee y controla todo mi ser.
Mientras van y vienen, las olas de placer cobran vida propia, arrastran mi pelvis hacia arriba desde mi centro, y elevan, suspenden y fusionan todos mis sentidos en uno solo. Durante tres, o diez segundos u horas, las olas de mi sentido unificado y tsunámico regresan a cada rincón de mi cuerpo; primero tímidamente, luego furiosamente, con frío, calor, suavidad, dureza, humedad, lentitud, amor, furia, calor, humedad… Y amor otra vez.
Desde mi centro hasta los dedos de mis pies, las yemas de los dedos de mis manos, mis pezones y cuero cabelludo, las olas golpean hasta que lentamente se desvanecen, y una brisa de paz regresa a mi boca en un beso de tus labios húmedos y llenos de mi Mar y tu Luna.


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