Wednesday, April 19, 2017

Censo pura sangre.

Se acaba de ir la chica que me censó, un amor ella.

Una de las preguntas (spoiler alert) en la que nos detuvimos fue si me consideraba de sangre indígena. Respondí que sí, que obvio, soy mestiza.

"¿Etnia en específico?", "Un poco de todas, supongo". Por toda respuesta, empezó a enumerar del listado que tenía en el papel.

- La verdad, no sé, pero claramente no soy de una sola raza, la historia de Chile es un indicador evidente de que venimos de un montón de etnias. Quiltros de tomo y lomo, y a mucha honra.

Se quedó mirándome perpleja con el lápiz en la mano.

- ¿Mapuche?
- Sí, claro. Mapuche...

Marcó la casilla al tiempo que me comentaba que, de todo el edificio, fui la única que se declaró mestiza.

Wednesday, May 6, 2015

Vuelo interrumpido.

Tenía seis años. Me encontraba en el patio trasero de mi casa, llorando por uno de los tradicionales castigos arbitrarios que solía recibir de mis principales fuentes de amor y seguridad. De pronto, una triste escena era representada frente a mis ojos. Una mariposa salía de su crisálida, pero mientras una de sus alas se erguía orgullosa, la otra parecía atrofiada y oscura. 

Quise ayudarla. Tuve tantas ganas de que volara que extendí su ala pequeña para que pudiese elevarse y huir.

Me quedé con polvillo naranja entre mis dedos. Segundos después, me obligaban a entrar a casa para una nueva paliza. Nunca más supe de la mariposa.

Hoy, casi treinta años después de aquel incidente, vi un vídeo sobre el nacimiento de otra mariposa. Al salir de la crisálida, sus alas también eran negras, y a los pocos minutos se extendieron de forma natural y le permitieron emprender su vuelo.

Al parecer, debí dejarla, jamás debí tocarla para apurar su huida.
Al parecer, no logré volar.

Thursday, January 22, 2015

KaRMa... y GRaNDeS eSPeRaNZaS...

Y sí, creo que así lo llamaría, karma.



Es al ritmo de Pink Floyd (quién otro, si no), que me pongo a reflexionar y a soñar.

En torno a mi pasado.
En torno a mi familia.
En torno a mi presente...

...y pienso en el porvenir.

Mi pasado y mi familia están poderosísimamente ligados. No puedo recordar un hecho trascendente de mi pasado sin que los míos no estén involucrados, directa o indirectamente. Y siempre resulta, cada acción, en una marca determinante en mi memoria y mi carácter.

Por pudor, no me podría referir a cada cosa en detalle (pudor, en el sentido de un recato que no necesariamente apuntará a lo sexual, sino simplemente a cosas que no podría abrir al lector aquí presente sin al menos conocer su nombre, RUT y la mitad de su vida, incluyendo los que le causen pudor -en el mismo sentido que doy a la palabra- a ud, señor/ita), pero sí en una panorámica general, a hechos que significaron un recodo real en la ruta de mi vida.

Y se me viene a la mente la escapada de mi casa. No era niña ni adolescente; tenía 22 años recién cumplidos. Estudiaba gratis en una universidad de prestigio, becada gracias a las maravillosas notas que mi madre me enseñó a tener (tal vez no de la mejor manera, pero es algo que no dejo de agradecerle). Era extremadamente responsable con mis tareas familiares, siempre cumplía, no respondía mal, no llegaba tarde ni hacía absolutamente nada que pudiera incomodarles (conducta irreprochable que tampoco me enseñaron de la mejor forma, pero que finalmente aprendí). Y fue tal vez gracias a ello, a ese deseo pertinaz de convertirme en una hija modelo, que reprimí(eron) muchísimas cosas en mí, y finalmente un día, tras una de las muchísimas sanciones gratuitas producto de no hacer algo perfecto, desperté.

- Mamá, me voy de la casa esta semana.
- Seguro que te vas a ir...
- Sí, mamá, me voy a ir. Sabes que cuando digo algo, no es porque sí. Me voy antes del próximo sábado.
- Bueno, si te vas, te llevas solo lo que te has comprado tú y lo que te han regalado otras personas. No llevas nada de lo que yo te haya dado.

Lo sabía. Era sábado.

El miércoles de la siguiente semana, por la noche, hice una mochila y un bolso de mano con toda la ropa que tenía (no se necesitaba más para cumplir con el requerimiento que mi madre me había solicitado), y un jueves 31 de marzo, a las 8 am y tras verificar que mi madre se había ido a trabajar, me fui de mi casa.

Fue duro. Fue duro hablarles (cada vez que me comuniqué, me cortaban la llamada, y la única vez que logré escuchar palabras de mi madre, fue cuando me dijo que fuera a buscar lo antes posible el resto de mis cosas, porque estaban embaladas). Fue duro vivir y sobrevivir (era otoño y mi ropa era principalmente de primavera-verano; y tenía una beca de trabajo en la universidad, que me permitía recibir 60.000 mensuales, con lo que pagaba un arriendo sencillo, mi pasaje y mi alimentación). Fue duro sentirme sola (no tiene usted idea, distinguido lector, del increíble valor que tiene un beso en la frente); y sin embargo, era libre. Era libre de decidir ser buena, y no ser obligada a serlo. Era libre de juicios (aunque en el sitio que dejé ya había sido condenada al destierro y a una cantidad infinita de juicios). Era libre y estaba sola. Sola, pero libre. No era feliz, pero, y aunque parezca paradójico (irónico-sarcástico), me sentía mejor que ahí, que en el hogar (no puedo pensar en esto sin que se me haga un nudo en la garganta). El karma había caído con el concepto de confianza.

Y cometí errores. Muchos, cientos, tal vez miles. Siempre los cometí, y como siempre me enseñaron a reprimir todo, nunca supe cómo resolverlos. Y error tras error, caía de nuevo. Mi karma fue cada consecuencia (merecida) de esos errores. La partida de mi madre tras nuestra reconciliación fue un karma para su vida que por un buen tiempo confundí con uno para la mía. Y luego de una sorprendente cantidad de caídas sin levantar, experimenté la mayor de todas: Una soledad y una mirada absolutamente nueva (destruida) de todo aquello en lo que creí: la pérdida de gente de confianza, de un gran "¿amor?", de mi trabajo, en fin... de todo aquello sobre lo cual me construí y confié. Nunca me sentí tan oscura, podrida y triste como entonces. Era como haber salido de un pozo de alquitrán, y haber descubierto solo al salir que estuve ahí por años, ciega a todo. Mi karma por mi tremenda y absurda ingenuidad.

Y en ese extremo de dolor, mi madre no estaba. Aquella de la que huí, por la cual me formé ("por", entendido como causa, y también como objetivo... yo era para ella, hasta que salí de mi casa), aquella que me enseñó, para bien o para mal, cómo vivir... Aquella por la que hoy estoy aquí, escribiendo estas líneas, sin dejar de recordarla. Aquella que, por su karma o el mío, se fue, y ya no volverá más.

Soledad. Oscuridad. Tristeza. Dolor. Era tanto el dolor, que ni siquiera podía llorar...



Fue tras esa caída/abismo/catarsis, que vino la epifanía. Construí un conocimiento que no se me había enseñado... Y decidí comenzar de nuevo. Ése, justamente ése, fue mi aprendizaje, mi claridad y mi perfección (apelo ahí a Siddharta, quien siempre que buscó, no encontró; y que finalmente, encontró tras no buscar más): Se puede comenzar de nuevo, se puede escoger ser feliz. Y para eso estoy yo, para hacerme feliz =)

No había dolor, de eso mi propio proceso mente-cuerpo se había encargado, tampoco tristeza ni nostalgia. Tampoco alegrías ¡Las condiciones estaban dadas, y eso era maravilloso! No había absolutamente nada, y por lo mismo, tampoco nada que perder. Solo había grandes esperanzas.

Y tras esa claridad desapegada de cualquier sentimiento, empecé a vivir sin mirar atrás, para no ser sal ni Penélope, y sobre todo, para no tropezar mientras avanzaba. Anduve con claridad y confianza. ¿Errores? Seguí cometiendo, pero consciente de mi capacidad para rehacerme (y disculparme) cada vez que fuera necesario. Estaba viva, tal vez por primera vez en toda mi vida... y era momento de recibir las cosas bellas por las que me había convertido en el ser que era. Con errores a mi haber, pero con aprendizaje e inmensas ganas de vivir a mi favor.

¿El resto de la historia? Muchos la conocen. Se fue el alquitrán con todo lo malo... y yo vivo en transparencia y amor (como soñé toda mi vida). ¿Pero saben lo más importante?

Vivo, y volveré a vivir, cada vez que sea necesario =)

Autobiográficamente,
M.

Si Te PuDieRa MeNTiR...

Si te pudiera mentir,

te diría que aquí

todo va marchando muy bien,

pero no es así.

Esta casa es sólo un pensamiento

que me habla de ti,

y es tu voz como este mismo viento

que hoy viene hacia mí.



Solía odiar la nostálgica música que a ti te cautivaba, y sin embargo ahora me sorprendo buscándola y escapando de ella: la búsqueda, para materializarte a través de los sonidos que viajan a mis oídos; el escape, porque sé que inevitablemente me hará llorar.

Los días fueron rápido. Gonzalo Rojas no se equivocó. El calendario se aproxima peligrosamente a la fecha que me hará suspirar y evocar con dolorosa certeza lo ocurrido, y no puedo evitarlo. Quizás ni siquiera logre evitar, aunque me lo proponga, la sensación de angustia que me traerá saber que se cumplirá un año desde que no te tengo, y que me queda toda una vida para contar días, meses y años absurdos, a la espera de que la misma fuerza me lleve también... ¿a tu lado? No lo sé. No lo creo.

Y eso me aterra. Ya no lo creo.

Monday, July 9, 2012

Apología de una mujer feliz

Caminaba en dirección a mi casa cuando comenzaron a caer algunas gotas de lluvia. Apuré el paso para evitar el aguacero. Mientras andaba, una tímida gota cayó sobre mi cara justo debajo de mi ojo, y comenzó a recorrer el mismo camino que recorrería una lágrima. Entonces, detuve mi andar, cerré los ojos, levanté mi rostro en dirección al cielo y me dejé cubrir por la incipiente tormenta: Me había dado el regalo de llorar tras haber olvidado cómo.

Thursday, April 19, 2012

Cotidianidad cristalizada.

Mientras regresaba a mi casa de las compras, la puerta exterior de una casa que había en el camino se abrió en el momento exacto en que pasé frente a ella. Instintivamente entré. Limpié prolijamente todo, lavé la ropa, recogí la maleza que había en el jardín y preparé la cena mientras tarareaba una antigua canción. Cerca de las seis de la tarde, llegó el dueño de la casa. No tuve tiempo de explicarle nada: me saludó con un beso convencional y me preguntó cómo había sido mi día. Luego cenamos e hicimos el amor antes de dormir abrazados. Cuando desperté a la mañana siguiente, estaba sola. Me levanté, desayuné y salí. No bien estuve en la vereda, la puerta se cerró con fuerza. Volví a mi casa. Nadie preguntó el porqué de mi ausencia. Hoy vi en el supermercado al dueño de la casa. Me miró sin reconocerme y siguió su camino. La puerta no se ha vuelto a abrir.

Monday, April 2, 2012

En el fundamento del amor...

Confiando en cuán infinitamente él la amaba, ella puso veneno en su copa. No alcanzó a ver su final: Amando cuánta confianza había depositado ella en él, no le fue difícil matarla en pequeñas dosis de pastillas noche a noche, y verla cerrar sus ojos para siempre antes de verlo ella caer muerto producto del brebaje.

Monday, May 30, 2011

Diagnóstico inesperado.

Ironicé con mi psicóloga acerca del diagnóstico que pondría en mi ficha. "¿Esquizofrenia? ¿Bipolaridad? ¿Personalidad múltiple?". Sabía con claridad que mi diagnóstico no se acercaba a eso; había sobrevivido a situaciones extremadamente dolorosas y enfrentaba la vida con una envidiable fortaleza. Ella sonrió. Mi entereza la asombraba, yo lo sabía, y sabía que la derivación que me hicieron a ella era simplemente un error.

"Trastorno adaptativo", dijo finalmente.

Entonces la maté.




Thursday, December 3, 2009

Qué bueno que llegaste...

La intensidad se había ido, también la desgracia. Los sentidos dormidos, los sueños rotos, la vorágine mareante, el calor que no sentí, la ternura que se fue, la mirada vacía, un jardín florido que no emocionaba, una espera sosa, un encuentro cualquiera, una llamada curiosa, un caminante en el jardín... 
.
Tu luz...

Y de pronto, esa melodía a mis oídos. Esa melodía que sigue sonando. Nada volvió de súbito, pero desde que mi vacía mirada se llenó de ti, supe que volvería. Todo volvería, porque tú llegaste... 

Qué bueno que llegaste a mi vida, me llenaste de felicidad, una que no conocía, y me diste la fe -la sigues dando- en un futuro feliz =)

Monday, August 3, 2009

Sine die...

Me dejaste en tu departamento del piso 6 con una confianza que no terminaba de asombrarme. Me diste las indicaciones cotidianas antes de irte: "saca lo que gustes del refrigerador", "la llave de la ducha tiene una maña, ten cuidado al cerrarla", y también una advertencia: "ah! y trata de ignorar los ruidos que escuches cuando intentes dormir; como este lado del edificio da a la esquina, lamentablemente se oye fuerte el escándalo que hacen las prostitutas en la calle". Luego de eso, te despediste con un abrazo tan puro como tu mirada, me dejaste una copia de tus llaves por si salía y te fuiste.

Me dejabas en tu espacio, sola, luego de varios meses en que no lo estuve en ninguna parte, y confiabas en la promesa que te hice de no volverlo a intentar. Encontrarme desvanecida e intoxicada no fue grato para quienes lo supieron. Que me encontraran a tiempo, no fue grato para mí. Sin embargo, soy una mujer de palabra, y no volvería por ningún motivo a "hacerme ese daño", como todos decían.

Tomé un baño y cerré la ducha del modo que me sugeriste. Me puse a leer algo y al poco empecé a cabecear. Me despertaron los gritos cuyo contenido era evidentemente de las mentadas prostitutas. Insultaban a los conductores que les gritaban cosas. Me acerqué al balcón de tu habitación y miré: se paseaban como leonas en celo por la esquina, moviendo las caderas, las pelvis, las carteras... Subían sus diminutas faldas y bajaban sus escotes y su dignidad.

Miré la escena con un horror morboso por algunos minutos. Luego de eso, me dirigí con mi cartera al espejo que había frente a tu lavamanos y saqué mi cosmetiquero; me maquillé pronunciadamente, resalté los ojos con un azul intenso y los labios con un rojo carmesí. De mi bolso con ropa saqué unas medias caladas, una falda pequeña, una blusa colorida. Me vestí procurando correr levemente con la blusa parte del maquillaje (esa acción le dio a mi apariencia el toque que esperaba). Tacos, los que usaba en ese momento (el calzado digno se puede arruinar con mucha facilidad con el atuendo indicado). ¿Perfume? Exceso del mío simplemente. Mi cabello, usualmente suelto, se recogió con varias horquillas. Me sentía nerviosa, pero estaba lista. Tomé tus llaves (sí saldría, por supuesto que saldría) las puse en la cartera, y cerré tu puerta tras de mí.

Bajé con rapidez, tu conserje me miró, pero dudo mucho que haya reconocido al dulce rostro que entró al edificio contigo detrás de todo ese maquillaje. Me acerqué a las leonas con algo de nerviosismo por el posible rechazo. Me ignoraron, y con eso me bastó. Es cierto, te prometí a ti y a todos que no volvería a intentar quitarme la vida, pero no hablé nunca sobre dejárselo al destino. Sonreí mientras un vehículo se detenía a mi lado: mi plan estaba en marcha, lo demás sólo sería tiempo y paciencia.

Wednesday, July 29, 2009

Como en un suspiro...

Cuando ya su vida estaba condenada a terminarse de una horrible forma, gracias a la infección que le ocasionó la amada mujer que finalmente murió en sus brazos, Oscar sintió que debía vengarse de todos por su inefable desgracia. Los libros de terror que leyó durante su juventud le sirvieron para maquinar su plan, y así comenzó a buscar todo cuanto le haría falta: atuendo adecuado, guantes, el arma perfecta y la actitud de no tener absolutamente nada... Nada que perder.

Poco y nada había en su persona de aquellos días en que una mano tibia cogiendo la suya bastaba para que el mundo se tornara feliz. En su desordenada, sucia y húmeda habitación, se preparaba para su primer ataque. A momentos, sin embargo, sentía haber olvidado algo importante. Se trataba del amor por sí mismo, que, pisoteado y agonizante, se manifestaba a él a través de esa picosa sensación de haber olvidado algo.

Entre los restos de ropa y basura de su habitación, Oscar dio con una hoja suelta que llamó poderosamente su atención (es extraño cómo algunos sucesos que en lo cotidiano pueden parecer insignificantes, en el momento adecuado pueden producir conmociones de magnitudes siderales). Vaciló antes de tomarla, y leyó:

"Nunca me acostumbraré a tu ausencia".

Reconoció su propia letra en la hoja, pero ésta parecía más diáfana... era de otro tiempo, otra etapa. Se quedó perplejo mirando el papel. Lo leyó muchas veces... tantas y tan concentradamente, que ni siquiera notó cuando la tinta comenzó a correrse al caer dos lágrimas. Sintió un quiebre dento de sí, y viajó muy lejos sin moverse, se enfrentó a espectros y monstruos aterradores, en fin, se arrepintió de ser quien era en ese momento.

Por breves segundos, volvió a ser ese ser feliz que fue, y, por breves segundos también, desistió de su idea. Sólo por breves segundos. Luego se adecuó a su nueva realidad, preparó el resto de sus cosas, y cerró tras de sí la puerta de su habitación, su casa, lo que quedaba de su amor, y se fue.

Wednesday, April 9, 2008

DeL oTRo LaDo De La HiSToRia...

Mi bella, mi preciosa, mi dulce princesa; por favor préstame un poco de atención. Estos años a tu lado han sido maravillosos, eres tan dulce, tan buena, tan tierna, tan radiante... Pensarte me emociona, y tu dulzura se queda en mi garganta como un atascadero que no logro evitar, que me duele y me cobija en todo aquello que eres tú, grácil y suave, como el oleaje que me dedicaste cuando me dijiste, en un abrazo cálido y con lágrimas en los ojos, que me amabas con todo tu ardiente y frágil corazón.

Has vivido cosas que no mereces, mi vida. No imaginas cuán impotente me siento de no haber paliado ese dolor incluso antes de conocerte. Esa calidez tan linda que llevas en tu forma de mirar, de sonreír y perdonar, de pronto se opaca ante los recuerdos de esa soledad que viviste producto de la incomprensión de la familia sanguínea a la cual nunca perteneciste. Ellos se golpeaban, sí, y te golpeaban también. Golpeaban tus mejillas y tu autoestima; golpeaban con ello tus esperanzas y tu inocencia; golpeaban también tus ganas de vivir, y quizás por esa razón fue que te conocí tan escondida en tu mundo, tan oculta a los ojos de todos, tan guardiana de la poca luz que te quedaba, de esa mínima esperanza que fortalecías sólo de vez en cuando, para que no te doliera la soledad.

Y en eso aparecí. Me deslumbraste sin saberlo; tu suave andar como de oleaje, tu perfil sereno, tus sorpresas que alegraban mi día... Recuerdo cuántas veces te miré sin que lo notaras. Recuerdo que quedó plasmado en mi memoria tu gusto por las letras. Me valí de eso para deslumbrarte como tú lo hiciste conmigo. Maravillosamente lo logré, y la luz tenue que guardaba tu corazón se volvió una hoguera, y te vi en todo tu esplendor. Tus besos dulces, tus ternuras cotidianas, tu suave cuerpo, tu apasionada entrega. Te potenciaste, volviste a creer en ti. Quisiste vivir, y tus mejillas, sonrosadas tantas veces por tantas bofetadas, se sonrojaron ante nuestros cómplices recuerdos, nuestros códigos, nuestro lenguaje en común.

Mi pequeña, si te amé cuando te conocí, tanto más te amé cuando volviste a brillar. Te admiré, porque vi que saliste adelante con la sola fuerza de tu melodioso amor. Tu vida era otra, todas tus penas anteriores se volvieron fuerza, fuerza que me revitalizaba, porque sabía que eras feliz... que yo te había hecho feliz.

Mi querida, mi amada, luego de eso te empecé a fallar. Te obligué a que tuvieras una imagen distinta... Me obligué también a ser diferente. Debiste entender que algo en mí había cambiado, que lo nuestro no podía ser como estaba siendo hasta entonces... Y vi la paciencia que me tuviste, el amor que me ofreciste para fortalecerme en el dolor. Con toda la fuerza que había en tu corazón, que parecía un torrente sin intenciones de agotarse, me abrazaste mil veces, y mil veces me recordaste cuánto me amabas. También agoté tu paciencia, porque no puse de mi parte. Te hice llorar tantas veces, tantas como me pediste que me alejara y te dejara tranquila. Era en esos momentos yo quien se desesperaba. Agobiaba tu teléfono, te enviaba cartas, te buscaba aún en los lugares en que sospechaba que pudieras estar... Luego te tenía, en mis ojos, en mis brazos, en mi cuerpo... Y te volvía a fallar.

Dulzura, fueron más de tres años en lo mismo. Cada vez que aceptaste mis reglas, esas reglas que ahora me coartan tanto como al principio, fui yo quien las rompió. Eras -eres- irresistible... en tu ternura, en tu voz, encuentro el refugio que tampoco tuve en mi niñez. Me vuelves pueril, y luego de eso estoy a tu merced... Siempre para volver a fallarte.

Perdiste tanto, arriesgaste tanto por mí. Enfrentaste todo cuanto se podía enfrentar. No comprendí cómo tuviste tanta fuerza para hacerlo. Yo no hubiera podido, no pude... perdiste seres queridos en ese camino, pero no importaba: Tu alma se encontraba abandonada a la intemperie en medio de la lluvia, y sólo yo vi que era hermosa detrás del barro que la cubría. Te tomé en mis brazos, te di calor y abrigo, te hice cariño, te miré con amor. No, no pienses eso... Nunca sentí lástima por ti. Tu luz es demasiada como para atreverme a creer que estoy por sobre ella.

Querida, amada, perdóname por amarte tanto, y fallarte así; perdóname por el daño que te he hecho. Luego de tantas crisis, tantas lágrimas, tanto dolor y tanta esperanza desesperada, siento que caíste más bajo de lo que ya estabas cuando te conocí. Entiéndeme... Te amo con todo mi ser... ¿Cómo no amarte, si eres una luz que se reparte generosa entre los demás?

No llores, por favor. Esto me cuesta más a mí que a ti. Siempre me costó más: Me costó porque nunca proyecté que fuéramos a sentir tanto... No fue un error el sentimiento, sino la forma de expresarlo, compréndelo... Me costó porque siento que podremos ser felices de otro modo... No sigas llorando, por favor... Me costó porque mi imagen se hubiera manchado a tu lado... No me llames egoísta, te lo pido... Me costó porque hay parámetros que obedecer... Por favor, no sigas llorando, no dudes que te amo... Me costó porque eres irresistiblemente adorable, y por eso no pude poner freno cuando tú me lo pediste alguna de esas tantas ocasiones... No me pidas que me quede, no lo hagas... Me costó porque CReo Que SeRé más feliz siendo madre, con un esposo y una imagen familiar que proyectar.

Adiós, mi pequeña princesa. Sé que te destruí, pero quédate con este consuelo: A tu lado fui feliz.

Saturday, February 9, 2008

Zigzag amoroso...

...Y ellos que miraban las noticias y se aterraban juntos... XD


Para amarse, Cándida y Ángel se recorrieron gradualmente en las cuatro habituales etapas: Miradas, Boca, Manos, Cuerpo...

Enamorarse a primera vista fue cosa necesaria.
Su conversación y sus besos les otorgaron la mutua certeza.
Las caricias de uno eran la fuente del deseo y el placer del otro.
Y al intimar, nunca una entrega fue más intensa y plena.

Curioso. Para desamarse, recorrieron las mismas cuatro etapas:

Rencor y desprecio se acusaban en sus ojos. Aunque era un mudo reproche la mayoría de las veces.
Las palabras hirientes intensificaron las miradas, y pronto se hicieron poco.
Empujones, manotazos... Puñetazos finalmente.
Cuerpo... ¿Cómo decirlo? Cándida nunca le perteneció tanto como en aquella última vez: Íntimamente en sus brazos, como hacía mucho que no estaba, concluía degollada y víctima de su amado Ángel, quien luego se ahorcó.

Saturday, January 19, 2008

100 PaLaBRaS...

¡Y bien! Las dos obras que más me gustaron de las 3 que hice. Censuro la tercera obra porque el conocido concurso parece haber olvidado que se trataba de cuentos urbanos, de contingencia y contemporaneidad, y que por lo tanto, de los miles de cuentos que quizás aludían a Transantiago y que fueron medianamente decentes, debieron poner al menos uno. Censuro la tercera obra entonces, y me olvido de ella, tal como lo hizo el concurso... (¿Quién dijo que la libertad de expresión existía? xD)

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Caleidoscopio emocional


"No podemos seguir con esto", me dices llorando al teléfono para concluir nuestros más de tres años de relación. Mientras tanto, yo razono en lo que teníamos: una complicidad perfecta, ninguna discusión encima, tu aliento cálido y tu cuerpo al amanecer… y tú razonas en lo que nos hizo terminar: la sociedad adversa, tu miedo al rechazo, tu homofobia y tu constante recuerdo de que eres mi mejor amiga, y yo la tuya.



Alea jacta est (basada en un hecho real)

Catedral con Bandera. Joven universitaria espera troncal 201 en el paradero. Atraídos por suculenta mochila, dos sospechosos caminan silentes hacia ella. Forcejean exitosamente y se echan a correr. Universitaria grita y corre como ellos. Recupera, al cabo de un par de cuadras y sin perderlos de vista, el cuerpo del delito con una punzada que seguramente iba a su abdomen: presa suculenta y escudera. Universitaria, aliviada, piensa "esta no la cuento dos veces". Y sus pensamientos son interrumpidos de manera profética por un nuevo sospechoso silente, quien rescata la valiosa presa y la aleja para siempre de su antigua dueña.
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¡¡¡Agradeceré sus críticas!!!
¡Ah! Y que me digan cuál les gusta más =D


Besitos cuenta cuentos,
N.

Thursday, December 6, 2007

Onanista...

Se masturbó con gozo cuando descubrió a su musa inspiradora...
Se masturbó con locura al notar que lo miraba de soslayo...
Se masturbó incrédulo cuando ella mostró interés en su plática...
Se masturbó eufórico el día que la besó...
Se masturbó tranquilo cuando ella reconoció que lo amaba...
Se masturbó desesperado cuando discutieron por primera vez...
Se masturbó feliz cuando se miraron nuevamente...
Se masturbó apasionado al recordar sus encuentros íntimos...
Se masturbó impotente cuando supo que ella estaba enferma...
Se masturbó maldiciendo a Dios cuando supo que no habría remedio...


Cuando ella murió, no se masturbó más:
Onanista, pero no necrófilo.

Afinidad estelar.

Era obvio que no íbamos a poder ser amigas toda la vida.  A fin de cuentas, yo soy Escorpio y tú una zorra malparida hija de las mil putas.