Y bueno, como la curiosidad es mi motor y mi brújula, no pude sino -quietamente- dejar a la bella Nostalgia invadirme y traspasar cada rincón de mi día y mis sueños, para -aún desde mi quietud- observar y sentir cada matiz y cada capa que ella quisiera mostrarme.
Y llegué a su centro.
La Nostalgia vendría siendo una vista al pasado desde la Soledad.
me acerqué a Soledad.
Soledad, quieta y callada,
me invadió y traspasó también.
Soledad, quieta y callada,
me hizo un nudo en la garganta.
Y lloré amargamente por Soledad.
Sentí, en cada lágrima y en cada dolor, también cada nombre, cara, momento, beso, risa, idealización, ternura, amor, insulto, maltrato, devaluación, desprecio, desdén, culpabilización y cinismo… Mezclas rotundas de lo que se debía dejar atrás.
Y si bien es cierto así se sintió Soledad,
también me traspasó sin dejar heridas.
En su centro, finalmente,
me vi a mí misma.
Niña-mujer.
Me vi llena de cicatrices y costras.
Cubierta de lodo, alquitrán, sangre y sudor.
Me vi cansada y dolida,
pero más entera que nunca.
Crecer es también un viaje absolutamente doloroso: No sólo porque la lucha con nuestros propios demonios es dura, dolorosa y vergonzosa; sino también porque muchas, muchas veces, ese crecimiento implicará soledad: de las personas que separaron sus caminos del nuestro dado que no aprendimos a tiempo, y de nosotros mismos, ya que a veces crecer significa también decidir separar nuestros caminos de las personas que amamos y fueron importantes para nosotros... la opción de quedarnos solo significaría retroceder en un camino que solo es para avanzar, y que no nos traerá satisfacción ni felicidad de ningún tipo.
Y porque también nuestras propias versiones de nosotros mismos -que se quedaron atrás- nos recuerdan que en esas versiones éramos más felices con menos (y aceptábamos la dolorosa, maltratadora infelicidad como un ingrediente más de ese status quo).
Y ahí reside la Nostalgia.
Nacimos solos.
Es el destino de la Vida encontrarse con la Muerte y es el destino de todo Principio encontrarse con su Final. Lo que no hace de la experiencia de ningún evento menos real. Si acaso, la consciencia de esto nos ayuda a vivir cada experiencia desde la paz de su absoluta, y efímera, genuinidad.
Tal vez por eso crecer vale tanto la pena pese al precio que uno paga: El camino hacia el final se vuelve pacífico y empieza uno a encontrar aromas gentiles después de la ardua senda de espinas.
Tal vez por eso crecer vale tanto la pena pese al precio que uno paga:
Porque el precio del encuentro con uno mismo sin miedos es, en verdad, imposible de medir.




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