Monday, August 17, 2026

Cuento (¿...o realidad?)

Me despedí con un simple adiós a la distancia. Seguí caminando, doblé la esquina en la cuadra siguiente y desaparecí. Con ingenuidad miré hacia atrás después de algunos metros, no te seguí ni me seguiste. Sólo entonces comprendí que no volvería a verte y que habríamos de morir sin decírnoslo todo y sin acabar de creernos.

Nos conocimos —como casi todos los amantes— una tarde perfecta. El verano acababa y los primeros días de universidad nos convocaron nuevamente a clases, a los consabidos paisajes de años anteriores. Yo venía del norte cargando una cruz de pesados recuerdos, sin embargo tú, aunque tenías un peso distinto, caminabas ligeramente, haciendo olas al andar... ah!, ¡cómo recuerdo tus olas, tu sonrisa y la falsificada casualidad de nuestros encuentros! Siempre te busqué en los pasillos, en los jardines, en el comedor… me excusaba en el viento, la contemplación y el paisaje, pero nunca busqué más paisaje que aquel en el que estuvieras tú, ni tuve más asombrosa contemplación que la de tu oleaje, ni más brisa que la de tu voz, Ave María…

Sé que no me creerás estas verdades. A veces suplico a la misericordia no tener que pensarte tanto, tan siempre, tantas veces, y empuño mi mano al sol de verano, por no advertirme desde entonces que acabarías lejos de mi vida… debí saberlo… aunque tal vez ese conocimiento no hubiese sino despertado mi alma entonces amante… mientras más lo recreo más sé que de todas formas jamás me hubiese atrevido a no amarte… mírame, ven conmigo.

Ya estoy llorando. No puedo recordarte sin emoción. Sé que es tarde para los llantos e ilegal la emoción de recordarte, me lo prohibiste y me lo prohibí, pero también prometí escribir esta historia, aunque hacerlo signifique traspasar lo prohibido, aunque revivirla me haga débil nuevamente y aunque no la lea nadie más que yo.

Contesté el teléfono sin conocerte, no nos buscábamos, pero acabamos coincidiendo de todas las maneras más hermosas, más extrañas, más terribles. Entraste en mi vida tan intensamente que no pude resistirlo, tan suavemente que no pude negarme, tan irresistible, tan necesaria, tan desesperadamente que sólo podría pecar si me arrepintiera de que así hubiese sido.

Mayo 11, 2006

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