de que un día, sin previo aviso,
me cojas de la cintura,
levantes mi vestido
y me penetres con ternura
mientras yo, desesperada,
busque tu boca, sólo para descubrir
que está muy ocupada
mordiendo mi pezón izquierdo.
En la ronda de la música ( Eterno retorno , lo llamaría ella ; insoportable carrusel , diría él ) me encuentro de nuevo con esta melodía. Lo...
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