Ayer mientras huía me sucedió lo mismo, sólo que con más fuerza. Recordé que te gusta mirar las luces con el mar susurrante y quieto apagándolas desde la playa hasta sus adentros más remotos, esos que apenas logramos vislumbrar en la noche.
Parece un conjuro el poderte evocar con tanta claridad sólo con la imagen de una ciudad iluminada...
Ayer fue un día distinto. Como todos los demás, claro, pero definitivamente distinto.
Tanto, que me quedé en el cielo que tanto miré, y decidí explicar una parte de él...

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