me observas desde tu ventana.
Tu silencio avergonzado contrasta
con la violencia de tu vergüenza.
Las lágrimas celestiales
y la umbría en el aire,
borran la línea entre
el deber y el ser, entre
el vivir y el latir, entre
tu sombra y mi luz.
Te veo mirarme
cual panóptico.
Me pregunto
si crees que
estás tú en
control.
Soy.
Te dejo.
Te dejo mirar,
te dejo explorar·me,
te dejo ser en tu más.
te dejo ser en tu más.
Te dejo hacer
todo lo que quieras:
mirar·me como quieras,
tan a gusto como prefieras
desde tu ventana para mí estéril
hasta que llegue el momento
en que tu mirada silente y
avergonzada me harte.
(Y aun entonces
cuando yo deje,
aún entonces,
te dejaré
mirar
por tu ventana.
Total, ya para entonces,
habré entrado avergonzada
-de tu vergüenza-, yo a casa).

No comments:
Post a Comment