Camino junto a ti por el sendero trazado del bosque de otoño. Nos acompañan los crujidos de las hojas por las que nos abrimos paso en el silencio.
- Cómo cuesta crecer - te digo.
- El mundo y nuestras expectativas pueden cambiar en un suspiro.
Seguimos nuestro paso con una parsimonia resignada. Miro tus ojos azules como el cielo de la tarde y tu cabello castaño como las hojas alrededor nuestro y también a nuestros pies.
- Lo más doloroso del duelo es la remoción de lo que creímos era la seguridad. Es tal vez ese sentimiento lo que distingue al duelo de cualquier otro sentimiento negativo: la sensación permanente de estar perdidos y ser vulnerables.
- ¿Qué se aprende de esto?
- Pues que si sueltas tus apegos y tus expectativas, tu vida cambiará de manera radical.
Nos quedamos de nuevo en silencio y sólo el eco de nuestros pasos resonando en el bosque permiten sospechar nuestra presencia en él.
- En una capa más profunda (y más sutil), se trata de aprender a vivir con el dolor. El dolor es parte inherente del camino; resistirse a él es como resistirse a vivir.
- ¿Pero y qué pasa con la felicidad?
- ¿Qué pasa con la felicidad?
- Pues... que quiero ser feliz.
- Serás también feliz.
- ¿Pero por qué debería sufrir?
- ¿Y por qué no?
- ...
Nos detenemos por un instante ante el breve y majestuoso sonido del tibio viento de la tarde entre los árboles y a través de las hojas. Respiramos profundo el petricor intensificado por la brisa. Algo sobre el viento y la previa conversación trae al corazón un sentimiento profundo y doloroso... parecido a la súbita comprensión de que ese precioso instante, tan precioso como era y como todos los demás instantes, iba a terminar.
Retomamos el camino y subimos una colina. Nos abrimos paso entre los árboles y vemos de frente a la Luna llena y enorme en medio del cielo casi nocturno. Hablamos entonces de la belleza de la Luna, del poder inconmensurable de su brillo cíclico y de la belleza también de comprender que todo se trata, justamente, de ciclos.
- ¿Entonces, sufrir está bien?
- Tan bien como ser feliz.
- ¿Qué toca ahora?
- Aceptar que la vida se trata de crecer, hundirse, hundirse más, salir de ahí, crecer y crecer más. Y crecer hasta el infinito sabiendo que la felicidad es el camino, incluso en las sombras.
- ¿Algo así como un salto de fe?
- ...
- ¿No te parece tremendo estar vivo?
- Es lo máximo.
- ¿Y después?
- Imagino que no saber también es parte del encanto.
- ¿No te da miedo?
- Montones. Pero o lo vivimos con miedo o nos sentamos en la duda y la incertidumbre... y no vivimos.
Hicimos una breve pausa de nuestra conversación para contemplar el pasaje que nos rodeaba. Por un momento, fue sólo el viento y nuestra respiración.
- ¿Qué tan a menudo amas, Susana?
- Tan a menudo como el corazón me lo permite. Y te amo.
- Tú amas infinito.
- Es hermoso lo que me dices. Pero me pierdo muy a menudo.
- No pasa nada. Yo puedo esperar. Vale la pena esperar un ratín por el infinito.
Bajamos la colina del brazo y con la Luna llena a nuestras espaldas. De fondo, y entre la brisa de la noche incipiente y las hojas de los árboles, sonaba (por sugerencia mía y con tu dulce paciencia mediante) "Harvest Moon", en la voz de Jane Birkin.
Salimos del bosque con una sensación hermosa de felicidad y un poco de tristeza. "Tal vez ese pequeño sazón del sinsabor es, en consecuencia, lo que hace que los momentos buenos sean tan valiosos", me dices.
"El encanto del contraste", respondo yo.
No comments:
Post a Comment