Wednesday, October 29, 2025

Ausencia

Comienzo mi día. Por la mañana abro mis ojos, o a veces me levanto antes de siquiera despertar y me muevo con los ojos dormidos, atemorizados de la inminente luz del día. Poco a poco me hago a mi rutina, ducha, desayuno -mi infaltable café-, perfume y computador. Sonrío. Todo está tranquilo.

Es ahí, en ese momento (que es cualquier minuto del día diáfano), es cuando el dado gira y se siente de pronto como el peso de la niebla espesa en una tarde silenciosa. Duele, como una luz súbita temprano en la mañana; como agua congelada de pronto sobre mi pecho desnudo; como agua hirviendo en la boca, y como falla repentina del sistema. 
Todo junto.

No sé cómo fue que aprendí a vivir con el dolor lacerante de tu ausencia tan absoluta
(pero si te soy honesta, probablemente no haya aprendido -ni aprenda jamás- a vivir con el dolor lacerante de tu ausencia absoluta).

Y aunque el día día está rodeado de pequeños momentos que me recuerdan a ti y que en la melancolía se conviertan en recuerdo y dolor (ya sea por las heridas que aún duelen o, peor aún, por la aflicción enorme de recordar el brillo de tus ojos semicerrados al levantarte para darme un beso en contraste con tus ojos semicerrados, sin brillo alguno, y el de tu piel sin calor el último día que acaricié tu piel).

Y aunque muchas más veces de las que quisiera pensarlo lloré por causa tuya, es en tus brazos que aún quisiera refugiarme cuando, en mi dolor de niña y hecha un ovillo, es tu olor y tu afecto lo que me falta.

Racionalmente y desde el corazón lo entiendo todo, desde tu vida hasta tu partida.
Racionalmente, y desde el corazón, acepto todo. Tu vida y mis heridas.

Sé con la certeza absoluta de una línea que atraviesa mi cuerpo desde mi frente hasta mi bajo vientre, que cada acto fue porque no supiste mejor. También eras una niña asustada, y de demonios mucho más grandes de lo que jamás lograré imaginar.

Gracias por no pasarme esos demonios; tal vez no hubiese podido construir fortaleza en absoluto si hubiese tenido que llevar tu carga.

Quiero que sepas que estoy bien siempre. O casi siempre.
Y cuando no estoy bien, sé que volveré a estarlo en la rueda finita que es la vida.

Prometo por ti no seguir tu camino, porque tú querías que llegara mucho más lejos y porque se lo debo a mi estirpe y a mí misma.

Con 19 años habitando el reino que te acoge desde que decidiste abandonar este, 
Mamá, 
te quiero y te perdono.


1 comment:

Homesick

Homesick  (How meta) The moment is already gone, running faster than ourselves  (or even our awareness of it); the people that Life brought ...