Friday, October 24, 2025

Mi Dragona

Mucho se habla de no huir de los propios demonios y de confrontarlos, pero poco se habla del cómo. Como me muevo entre la metacognición y la epistemología de mis propios procesos emocionales (creedme, es tortura más que arrogancia), me gustó la idea de contar mi camino.

En algún punto, la premisa de confrontar en lugar de huir se volvió para mí como un mantra. Empecé a buscar en el fondo de mis demonios, su mensaje. Tal vez por eso elegí a la más impactante por la ira descomunal que era capaz de liberar como punto protector final: Mi "Dragona". Cuando logré darle nombre y forma, visualicé a Dragona, literalmente, con forma de dragón; roja, con una cadena alrededor del cuello que colgaba en el último eslabón destruido (símbolo de su incontenible fuerza), y capaz de destruirlo todo a su paso. 

Cuando finalmente logré aceptar la existencia de Dragona y me permití le di un espacio, pude calmarla. Observé su mensaje: Dragona aparecía cuando mis límites habían sido sobrepasados de tal manera, que lo único que quedaba para conservar mi individualidad era defenderla (y por ende, defenderme) con toda la agresividad posible.

Ya cuando comprendí su función, logré domarla

No fue tarea fácil; para poder efectivamente dejar de acudir a ella, debía reforzar mis límites, y para ello, debía descubrir qué NO quería (y en consecuencia, aprender lo que quería). Así fue como establecí que no quiero en mi vida a gente irreflexiva o no dispuesta a cambiar; que quien no se mira con honestidad se vuelve tarde o temprano una carga; y que me gustan las palabras intencionadas y las intenciones verbalizadas. 

Y así fue como Dragona jubiló (o eso creí xD). La imaginé por mucho tiempo reducida a la más remota torre de mi castillo interior. Solía pensar (cuando aún estaba activa) que cada vez que me enojaba con ira desatada, la dejaba salir a alimentarse, pero que cada vez que "se alimentaba", quedaba yo con un resabio amargo, de culpa, de sentir que había otras formas así no las conociera en esos momentos. La última vez que estallé, me prometí no volver a hacerlo. Nadie se merecía el daño que mi Dragona era capaz de hacer, ni siquiera yo. Así empecé mi camino de descubrirla, y fue con el paso del tiempo y el progreso en mi camino de conocerla que me di cuenta de que los límites eran su alimento, y que, satisfecha de bienestar, ella se mantenía tranquila.

Recientemente y por un gatillante externo, mi Dragona quiso romper su torre para atacar. Y el límite enmarcado para alimentarla (protegerla) fue tan grande, que no sólo no rompió su torre, sino que salió de la misma con calma y por primera vez vi a mi Dragona, ya liberada de su propio peso.

Mi Dragona, mi demonio, no era realmente un demonio; se trataba de una Guardiana mutada por el abuso. La última prueba, en la que logré controlar el profundo deseo de estallar, se tornó en el momento que me hizo descubrir que mi Guardiana (mi Dragona liberada) es una mujer mordaz, incisiva y con límites claros; reflejo defensivo y categórico del mismo ingenio que poseo en mi buen humor.

Mi Dragona, mi querida Dragona, era simplemente (¡y ni más ni menos!) una Guardiana amplificada por mi historia. Y está bien. Mi Dragona, mi querida Guardiana, soy yo.

Creo que esa es la clave de este aprendizaje y de esta reflexión que ahora escribo: Ser capaces de mirar en nuestros demonios, que son en verdad Guardianes amplificados, de una manera gentil y sobre todo comprensiva, nos permitirá abrazarlos e integrarlos a nuestra historia no como enemigos o sombras, sino como protectores que en algún momento se vieron obligados a mutar para ayudarnos a sobrevivir.

Así que gracias, Demonios del Ser;
Gracias, Guardianes del Ser,
por ayudarme a sobrevivir
y enseñarme quién soy. 




1 comment:

  1. Realmente me ha llegado mucho este relato, es maravillosa la forma en que está expresado y que a través de su lectura lleva a ver con claridad la imagen de la Dragona y a presentarnos cuál es la forma que toman nuestros propios demonios, a los que combatimos y no comprendemos. Gracias por darnos esta vuelta de tuerca en la forma de mirar y volver a mirarnos.

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