Tuesday, October 28, 2025

Héctor Noguera.

Debo haber crecido con la imagen de Héctor Noguera iluminando la pantalla de la tarde, cuando volvía del colegio y mis padres preparaban la cena. En distintos roles, vi a una misma cara convertida con una facilidad camaleónica en mil personas distintas a lo largo de los años y las distintas teleseries que ofrecía cada temporada.

De todos sus personajes, empero, uno de los más impactantes para mí fue el rol de Melquíades, Rey de los Gitanos. Tal vez porque su diáfana sonrisa y su sólido carisma lo convertían en la perfecta figura del Rey amoroso, compasivo y firme que guiaba a su pueblo con nobles principios.

Evidentemente, el andamiaje también convergía de manera importante con otra historia, la de otro Melquíades, también un rey gitano que, con la incidentalidad de un aleteo de mariposa, se llevó a Macondo con los vientos del olvido y del amor, para no volver a repetir la historia de la estirpe Buendía sobre la Tierra.

Mientras leía a Melquíades y su llegada a Macondo con trozos de hielo, con una sonrisa rejuvenecida y con daguerrotipos que enseñaba a otros a interpretar, imaginaba a Noguera interpretando a la perfección al personaje a través de las letras de Gabriel García Márquez... Y en la natural convergencia emocional, soñaba también con mi amado Aureliano (en la vida real, con otro nombre, hablándome de Tagore) con su melancólica mirada y atrapado por Meme, cuyo triste destino fue el aleteo de otra mariposa que desató la revolución de un continente entero.

Héctor fue también una figura providencial en mis años universitarios. Agobiada por una cantidad extrema de libros, atendí a una representación que el actor realizaría de La Vida es Sueño (para poder asentarlo mejor antes del inminente examen del día siguiente). Ahí, vi su capacidad camaleónica llevada al extremo a través de la interpretación de Clotaldo, Rosaura y de los reyes Basilio y Segismundo. Deconstruyó la obra con exquisita delicadeza y llevó al público por un mundo de altos y bajos imaginarios de tal magnitud, que ni un estornudo se oyó en el silencio absorto y atiborrado de aquel auditorio. Llevé su magia también a mi examen, que aprobé con observaciones positivas puntualmente del libro que Noguera representó.

Una niñez en las aventuras de todos sus personajes, un Melquíades conectado a mi libro favorito de toda la vida y su talento descomunal resultaron en una evidente admiración y un tremendo cariño por un ser humano que parecía flotar. Y así fue como lo vi cuando tuve la única oportunidad de verlo en persona y casi de casualidad caminando por una calle del Barrio Bellavista. Iba conversando con un amigo de camino a un club cuando en dirección opuesta y por la misma vereda, lo vi. Hicimos contacto visual y empecé a sonreír en incredulidad. Ahí, caminando hacia mí, estaba el Rey Melquíades, el hombre mayor de ojos azules y perfecta sonrisa. Recuerdo haber abierto los brazos en señal evidente, y de vuelta su sonrisa y la devolución del gesto. Justo antes del abrazo, le dije "juro que lo siento, pero es que te amo". Soltó una carcajada y me dio el anhelado abrazo. 

No intenté detenerlo más allá ni contarle la historia de mi tremenda admiración, no venía al caso. Solté el abrazo en una enorme emoción y ambos seguimos nuestro camino... y si lo recuerdo bien, todavía reía cuando se fue por su lado.

Hoy, justo un día antes de contar otra tragedia, supe que mi Rey Melquíades dejó este mundo. 
Las noticias hablaban de un delicado estado de salud, tal vez por una fiebre en los Médanos de Singapur.

Héctor, Rey, Melquíades, 
Si alguna vez sientes que no puedes soportar la soledad que hay en la muerte, por favor, vuelve a Macondo.
Las mariposas amarillas te mostrarán el camino.


No comments:

Post a Comment

Homesick

Homesick  (How meta) The moment is already gone, running faster than ourselves  (or even our awareness of it); the people that Life brought ...