Friday, September 12, 2025

Orgasmo (Parte III)

"¿Lo haremos de nuevo?", me preguntas, mientras deslizas tu mano lentamente por el contorno externo desde mis caderas hasta mi muslo.

Te miro a los ojos. 
Esos ojos que inicialmente no fui capaz de mirar y que poco a poco, con el tiempo, cautivaron cada fibra de mi ser. 
Tus pupilas están dilatadas.  Recuerdo el día que las vi así por primera vez y noté en tu mirar lo que no eras capaz de decirme.

"No sé", te respondo con sinceridad.

Tu expresión se perturba por un segundo. De pronto, tu ceño súbitamente fruncido se relaja y lo comprendes. 

"¿Por qué?", preguntas. Por toda respuesta, invito a uno de mis mantras: "Porque sabemos tan poco, que no sabemos nada, mi vida".

"Todo lo que sabemos es lo que ha sido y lo que es", prosigo. "Si lo que quieres saber es si me gustaría, pues claro que sí. La idea de que no pase más me entristece profundamente. Pero todo el resto es enigma".

Siento cómo tu cuerpo, tenso con frecuencia, cede ante la última frase, como si de pronto toda tu implacable incertidumbre se convirtiera en una tierna certeza. 

Tu mano, que viajaba por el contorno externo de mi muslo mientras hablábamos, hace un giro en mi rodilla y se desplaza con la punta de tus dedos por la cara interna de mi muslo y aterriza en mi monte de Venus. 

Sonrío y miro tus ojos pícaros.
Acerco mi rostro al tuyo. Huelo tu cara, tu nariz, tus mejillas y tu aliento.
Hay algo animal sobre reconocerte con más sentidos que sólo mi vista (qué sentido tan inútil se vuelve cuando aprendes a sentir). Mi respiración se profundiza mientras respiro de ti. Beso tu rostro mientras me hueles de vuelta, nariz, mejillas, boca, cuello. Te hundes en la oquedad que conecta mi cuello y mis hombros. Tu mano, inmóvil sobre mi monte de Venus, parece un visitante en duda sobre cuándo entrar, ignorante de que siempre será bienvenido.

Tu otra mano sostiene mi cuello mientras me sigues oliendo. Hay algo sobre ese dulce sometimiento que me hace desear que tengas el control absoluto, plenamente segura de que, entre tus brazos, no habrá jamás nada que temer.

Mi respiración se profundiza mientras un cosquilleo en el fondo de mí resurge. Suspiro y pronuncio tu nombre, y una nueva oleada de placer me cubre como mil besos a la vez. Mis pezones se erectan al sonido de tu nombre mientras tu mano se desplaza hacia mis areolas, no sin antes lubricar tus dedos de mi humedad para acariciarme.

No soporto de pronto mi pasividad. Me incorporo para besarte, pero me detienes. Me envuelves, una mano tras mi cuello y la otra bajo mi cintura, mientras tu erección vuelve y te dispones a ser uno conmigo nuevamente.

Envuelvo tus piernas con las mías mientras me ofrezco a ti. Entras sólo un poco, pero te detengo con una tensión de mis caderas. Escapo y me quedo quieta. Te miro desafiante y sonrío. Intentas penetrarme de nuevo, esta vez más lentamente. Vuelvo a detenerte y a escapar. Sólo mi sonrisa (veo en tu mirada), te asegura que está todo bien. Toco tu cara y acaricio con la punta de mis dedos la parte posterior de tu cabeza, cuello y hombros. Siento cómo tu cuerpo se sobrecoge a mi caricia. Abro sutilmente mis piernas en un gesto de bienvenida. Esta vez, con suma cautela, introduces tu glande mientras yo modero qué tanto de ti entra.

No esperabas lo que esta acción trae. Empiezas a temblar completo, sintiendo cada centímetro de tu virilidad acoplarse a mí de una manera tortuosamente gradual, invitando (no, demandando) tu total presencia. Te beso y de paso atrapo tu labio inferior entre los míos para acariciarte con mi lengua, tan húmeda como mi sexo. Observas lo mismo que yo y no te toma demasiado tiempo tentar tu curiosidad; mueves la mano que sostenía mi cuello e introduces tus dedos, uno tras otro, en mi boca mientras besas mi cuello extendido. Retrocedo con mis caderas para ralentizar el momento. Esta vez me sonríes tú y tu mano sale de mi boca para sostener mis caderas firmemente.

"¿Sigo?", preguntas.
"¡Por favor!", respondo.

Envuelvo tus piernas con las mías mientras elevo mi pubis. Decides continuar el juego que inicié, esta vez desde la pura provocación. Me besas profundamente y me penetras lentamente. Ejerzo presión con mis piernas y cojo tus nalgas para empujarte más adentro, pero es en vano; evidentemente no puedo con tu fuerza y sólo de tu pulso depende mi placer.

Mis pezones están durísimos y tengo dificultades conteniendo el orgasmo que viene de la sola expectativa. Acaricio tu cuello y es con mi boca que te besa tan profundamente como me lo ofreces, que conecto contigo. Me detengo y respiro tu beso. Tu deseo de seguir en el beso me da lo que quiero, de pronto, te empujas hasta el fondo y siento un dolor febril. Desplazas tu mano a mi monte de Venus y mientras me sigues penetrando así de profundo, con tu pulgar estimulas mi clítoris. 

"¡Ahhhhhh!"
"¿Me detengo?"
"¡No!"

Sigues penetrándome en un ritmo estable y profundo. Llego a un orgasmo que se inicia en mi centro y me invade hasta las yemas de mis dedos... Largo, estable, como olas en marea alta. Te abrazo y me abrazas para una conexión total. Siento por tus gemidos que estás llegando también a la cima. Envuelvo la parte frontal de tu cuello con mi mano derecha y presiono, y cierras tus ojos para absorber hasta la última gota de placer que tu cuerpo produce en ese momento. Finalmente, descansas con el peso de tu cuerpo sobre el mío, y ambos podemos sentir el corazón del otro latiendo a toda fuerza.

"¿Lo haremos de nuevo?", me preguntas, con una sonrisa.
"No sé. Pero me encantaría", te respondo. Vuelves a sonreír.
"Te amo", te atreves, por primera vez, a decir.
"Te amo", respondo yo.

Nunca se trató de decirlo o no: lo supimos desde el principio. 
Nos abrazamos en desnudez de cuerpo y corazón. Hablamos de la vida, de sus luces, de sus sombras y de su increíble fragilidad. Tras todo, sucumbimos al sueño. Me envuelves en un abrazo mientras me acomodo de espaldas a ti en un perfecto (y provocador) acople.

Tu erección me anuncia que tu última pregunta será respondida antes de lo esperado.

Fin.

Wednesday, September 10, 2025

Recuerdo aleatorio.

Me gustan los días como hoy.
No tan fríos pero todavía fríos.

La sensación de un aire inmóvil en mi cara 
me lleva adentro,
a otros tiempos:
Un aire gélido y un manto blanco,
mis mejillas rosadas, mis manos rojas;
mi corazón roto
-tan roto como se podría imaginar-
y el manto blanco que, como un infierno,
me recordaba que el calor es vida
y que el frío es duelo.

No recordaba jamás 
haber sentido tanto dolor
(y no es que careciera 
de las experiencias que lo incluyeran).
Caminaba por la calle
a menos catorce grados,
mientras pensaba cómo la certeza de la muerte,
(el frío, el dolor)
me recordaba más que nunca lo viva que estaba,
(así lo dudara).

Mis manos, rojas como sangre,
ofrecían por toda protección 
una débil capa de piel 
para enfrentar los menos catorce grados.
Mis dedos sentían mil agujas
mientras mi sangre se congelaba;
pero todo dolía tanto,
que eso en verdad no dolía nada.

Recuerdo el olor de su casa,
a especias y madera,
la calidez de su cuerpo
y la certeza de su alma.

Nuestras grietas se encontraron 
y desde el dolor nos reconocimos.
Lamimos nuestras heridas
(y un poco más).
Lo amé locamente
(¡loca-mente!),
y cerrar esa puerta 
tras tanto dolor
me permitió reconocer 
la feraz bendición,
de crear desde el amor 
cuando se torna dolor y duelo.

Mi primera musa
y sus ojos azules 
como cielo en primavera;
mi primer poema
con mis ojos negros
como lago en otoño.

Me gusta recordar
todo ese dolor y todo ese amor.
Me gusta recordarlo porque
se volvió el punto de partida
para entender el amor 
desde un frente más amplio
que sólo las normales etiquetas,
y al dolor como el infierno
necesario para crecer.

Qué poema más concreto escribo 
(en realidad, es sólo prosa en verso)
a esa primera fractura
y a ese primer fracturado.
A ellos debo el amor al otoño,
el amor a mí misma,
el amor a la vida
y el amor, así.

Me gustan los días como hoy.
No tan fríos pero todavía fríos.
Me gusta sentir que vivo y que amo
por tanto como mis latidos lo permitan
y mis sentidos lo anuncien.


Tuesday, September 9, 2025

El Camino del Duelo

Me tomó más de un mes lidiar con mis sentimientos. Quizás porque desde alguna vereda impronunciable, me costaba aceptar que había puesto mi corazón en un lugar tan equivocado. 

- No puede ser... No puede ser...
- Pero es - respondía mi instinto.

Me rebelé entonces contra mí misma. Mal que mal, sobrevivir al trauma también implica un poco de paranoia. 

Nada cambió y sólo se hizo peor.

- Se comporta como un manipulador. Te usa y se avergüenza de ti a la vez. - afirmaba mi Yo Interior.
- ¡Cállate! - respondía yo, iracunda.

Me di plazos, creé excusas, razones, motivos... todo lo que me permitiera seguir ahí.

- ¿Será que estoy exagerando? - preguntaba hacia mis adentros.
- No. Has sabido reconocer las situaciones, aunque te resistas a aceptarlo. - decía mi instinto.
- ¿No podemos... intentarlo otro poco? No estoy preparada para dejar ir.
- Sólo tú decides cuánto (y cuándo) es suficiente.

Dejé que las grietas se acumularan en mi corazón. Comencé a, literalmente, sangrar. Me encontraba luchando por conciliar el sueño y despertando en medio de la noche, o tras una pesadilla (o el reconocimiento de la brutal realidad).

- Me duele - le dije a mi yo. 
- Yo sé - me respondió, maternal.
- Yo sé que sabes - dije, con una risa triste.
- Y yo también sé que sabes lo que sigue. Una vez que cruces este camino no sólo serás más fuerte; habrás terminado de comprender que tu valor no depende de lo que otros piensen de ti, sino de quién decides ser. No puedes controlar que alguien te trate así, pero sí puedes decidir qué lugar tendrá (o si tendrá un lugar en absoluto) en tu vida.

Mi cuerpo, exhausto de la utilitaria asfixia, había tomado la decisión antes que yo. Mi Yo Interior sólo esperaba por mí para que, de mi propia mano, pudiese cruzar el dolor de haber permitido que me utilizaran.

- Necesito espacio. Urgente. Ya tomé las medidas necesarias para procurármelo. - dije.
- Lamento que te sientas así. Te daré el espacio que me pides. -dijo él.

No di crédito.
Quise quemarlo.
Quise entender mal.
Fue triste verlo tan claro.
Finalmente, agradecí dejarlo ir.

Y lo que tomó más de un mes procesar en primera instancia, ya de mi mano y con una decisión tomada, se volvió un camino que -aunque doloroso- fue mucho más fácil de recorrer.



Monday, September 8, 2025

Dormirse a voluntad

Hace algo de tiempo me tocó desenterrar un texto dormido desde hace ya varios años. Como de vez en cuando navego entre el dormir mal y el no dormir (y cuando lo consigo existe siempre el riesgo de tener pesadillas, así que de vuelta al dormir mal), y ya que mi última entrada se refirió a los sueños, he decidido dejar acá el texto para no tener que desenterrarlo de nuevo (que vamos, un par de tecleos de búsqueda y la tecnología hace su resto), y de paso ayudar a otras almas insomnes (mal que mal, fue escrito con ese propósito inicial). Así que si te encontraste con esto por casualidad mientras buscabas alternativas para lidiar con el insomnio, te doy desde ya la advertencia de que en algún punto de mi vida, aderecé las recomendaciones con una pizca de mí.

Ya advertid@ de lo anterior, bienvenid@.
Ojalá esto te ayude =)

Dormirse a voluntad significa dormir sin ayuda de drogas soporíferas o hipnóticas. Lamentablemente, el uso de esta pareja medicamentosa barbitúricos-anfetaminas representa la triste suerte de muchos. Triste, porque crea una toxicomanía (hábito patológico de intoxicarse con sustancias que procuran sensaciones agradables o que suprimen algún dolor o malestar), que produce desajustes cada vez más importantes. Por el contrario, es más sano dormirse rendidos de cansancio. Esto ocurre cuando realizas una actividad que produce fatiga (no agotamiento, fatiga) o después de un ejercicio moderado. Dormirse a voluntad significa vencer el insomnio. Distingamos, eso sí, entre dos tipos de insomnio: El no poder dormir cuando uno se acuesta (o después de un primer sueño), y el despertar en medio de la noche y no lograr conciliar el sueño nuevamente.

A continuación, revisaremos varios métodos graduales para vencer el insomnio.

1. Inversión de los efectos fisiológicos del dormir


Los principales efectos del dormir son:
  • Hipnoticidad, una relajación caracterizada y generalizada de los músculos que se tornan blandos y flojos.
  • Disminución de la frecuencia respiratoria y regularización de la respiración: La respiración adquiere un ritmo lento y regular que le es característico. La respiración de una persona que duerme puede reconocerse por su sonido (o sus ronquidos xD); la ausencia de este sonido indica que la persona ha despertado y/o finge dormir (ojo con eso xD).
  • Disminución de la frecuencia cardíaca: El corazón también late en forma más lenta y regular.
Bueno, para manipular al cochino insomnio, lo que hay que hacer es transformar estos efectos del dormir en causas para ello, y engendrar el sueño (sin drogas) a partir de la instalación voluntaria de estos estados. 
 
Partamos por lo más sencillo e importante: La relajación

Bastará con estudiar tus propios estados de insomnio para descubrir que sólo puedes permanecer despierto cuando hay un músculo en tensión (un solo músculo tenso impide la hipnosis que necesitas). Puede que todo tu cuerpo se encuentre tenso, o que tus pantorrillas o músculos de la nuca estén en tensión, o que un dedo del pie esté crispado, o un puño cerrado, o que un dedo apoye con más fuerza, o que los dientes estén apretados, las cejas fruncidas, o que te estés mordiendo la lengua (no faltan los tarados que lo hacen aunque les duela xD), parpadeando, etc.

Por lo tanto, después de realizar una inspección general de tu cuerpo que asegure la hipnosis del mismo, debes buscar relajar el punto de fijación que se encuentre tenso. Hay que perseverar, ya que la tensión que causa el estado de vigilia puede desplazarse (o sea, en el intento de relajar el dedo gordo del pie izquierdo, empuñaste tu mano derecha sin darte cuenta siquiera... o bien te mordiste la lengua xD). Claro que esto resultará más fácil si has ejercitado en las prácticas de relajación del yoga o de algún otro método, como por ejemplo, el entrenamiento autógeno de Schultz o la sofrología (práctica clínica que utiliza técnicas de relajación inspiradas en la hipnosis y en doctrinas orientales, como el yoga o el zen, con el fin de lograr el equilibrio psicosomático del sujeto), que son aspectos del yoga y que al haber sido "medicalizados" resultan mucho más onerosos. Estando en su cama, la persona deberá repetir su sesión de relajación siguiendo la voz del instructor. Para todos los casos benignos de insomnio, que representan la mayoría, bastará con practicar esta técnica. 
 
Otra posibilidad, si has sido entrenado para ello, consiste en escuchar tu propia respiración; pensar que ésta se regulariza, que disminuye su frecuencia, y dormirte en el proceso. Del mismo modo, si eres capaz de lograrlo, puedes escuchar los latidos de tu corazón (si puedes escuchar los latidos de tu propio corazón, su regularidad o regularización, eso te bastará para conciliar el sueño).

Todo esto, claro está, a condición de que tu conciencia moral esté en paz (el 99% de los lectores terminará de leer acá, estoy segura xD). Por lo tanto, debes hacer, con entera sinceridad, un examen de conciencia todas las noches antes de dormir. Muchos problemas de insomnio provienen, en realidad, de una falta moral que uno busca olvidar. Esto es esencial. 
 


2. Inversión de los efectos psicológicos del dormir


El gran descubrimiento acerca del dormir lo retoma Bergson cuando plantea: "dormir es desinteresarse". El pensar en algo me impide conciliar el sueño; si no pienso en nada, dormiré (esto último es de suma importancia... muchos no concilian el sueño de tanto pensar en conciliarlo). 

Esto se aplica a los insomnios más rebeldes, sobre todo a aquellos que sobrevienen en el curso de la noche, después de un primer sueño. En estas ocasiones, te despiertas en un estado de efervescencia mental que te lleva a creer que tu mente funciona en forma particularmente eficaz, que puedes pensar en forma rápida y lúcida y que debes aplicar estas maravillosas facultades a la resolución de problemas difíciles o urgentes. Se tiene siempre la impresión, en estos casos, de que uno está a punto de realizar un descubrimiento importante. Serán necesarias varias experiencias de este tipo para que descubras que no se trata sino de una ilusión. Al día siguiente, el resultado es nulo, no has logrado descubrimiento alguno, las elaboraciones de la noche parecen estúpidas, y lo único que conseguiste es una mente cansada, estar con sueño o con dolor de cabeza. 

Después de varias experiencias de este tipo, lograrás vencer la ilusión y decirte a ti mismo durante el insomnio "no es verdad, no hallaré nada, no es el momento de resolver estos problemas y mañana al despertar, cuando tenga que enfrentarlos, no podré hacerlo ya que estaré cansad@". Esta sensación de no permitirle a tu mente ansiosa dar vueltas en círculos ha sido denominada "detener la bicicleta", amaestrar la vaca, vencer lo mental, matar el deseo, cabalgar sobre el tigre... bueno, se entiende la idea xD. Una vez que se tomaste esa decisión, dos caminos pueden seguirse:
Se detiene lo mental, y ya no se piensa en nada... pero si eres capaz de lograrlo, es que ya eres maestro del yoga. Y efectivamente, éste es uno de los principales criterios. Así como el verdadero yoga-nidra se practica de noche y no mediante sesiones diurnas, del mismo modo hay que llegar a aplicar durante la noche lo que se logró durante las meditaciones: detener la bicicleta y acceder al vacío mental. El dominio de lo mental se evidencia en la victoria sobre los insomnios. 

Si no has accedido aún a este plano (que es bastante probable, no por nada llegaste acá), una posibilidad es entretener el pensamiento en algo absorbente y poco interesante que le permita a la mente desconectarse solita y así lograr conciliar el sueño. Existen numerosas técnicas para ello:
  • Si tienes un mantra, deberás repetirlo sin cesar en la japa-yoga
  • Si tienes una religión, puede recitar sin parar la misma invocación divina. 
  • De lo contrario, puedes intentar cantar una y otra vez la misma copla de una canción. 

Cuando hayas encontrado un objeto de concentración mediante la práctica del yoga, podrás utilizar este objeto y concentrarse en tu sensación interior (la llamada aparición de la Clara luz, Su iluminación interior


Para nosotros, los occidentales, que poca inclinación mostramos por lo inmóvil, una alternativa consiste en seguir con atención los propios fosfenos (sensación visual producida por la excitación mecánica de la retina o por una presión sobre el globo ocular) o visualizar con la mente una cascada de agua que fluye interminablemente, o el movimiento de la llama de una vela. 

Para aquellos que no han recibido entrenamiento, la mejor técnica para este nivel es la siguiente: "Visualiza una gran pizarra blanca. Con una tiza azul o un plumón azul traza mentalmente sobre la mitad izquierda un gran círculo, tan perfecto como sea posible, y escribe en su interior el número 100. Sobre la mitad derecha escriba mentalmente la palabra "dormir". Esto debes hacerlo MUY LENTAMENTE, con aplicación, visualizando cada segmento de cada letra, como si lo hicieras y lo apreciaras en la realidad. Luego, si todavía no te has dormido, borra el número 100 y escribe 99 en su lugar, sin tocar el círculo, y escribe aún más lentamente la palabra dormir sobre la primera. Y así, hasta que hayas logrado dormir". 

El principal problema es que uno encuentra mucho más interesante pensar en sus pequeñas preocupaciones que parecen revestir tanta urgencia. En este caso debes aplicar la técnica del "pescador con caña": Se retoma tranquilamente el ejercicio ahí donde uno lo dejó, del mismo modo que el pescador con caña vuelve a colocar el corcho ahí donde desea que esté. La corriente del agua lo desplaza sin cesar y él lo acepta sin resentimiento; era de esperarse. Pero, incansablemente, durante todo el día volverá a llevar de nuevo el corcho ahí donde desea que esté. Sin impacientarte y sin sentido de culpa, retoma el ejercicio, y con la práctica, las distracciones serán cada vez menos frecuentes. 
 
Cuando por fin hayas logrado dormir en forma voluntaria, con todos los elementos a tu favor (horas fijas, oscuridad, tranquilidad...), entonces puedes tratar de dormir en forma voluntaria en horas fuera de la noche. Puedes aprovechar un momento del día para dormir durante una hora y despertar cuando lo desees (ahí entra en juego la alarma del celular xD). Entre los que tuvieron este poder, el más célebre fue Napoleón (y sin celular!).

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Sin más, espero que el despertar de este texto dormido esto te ayude a recuperar el sueño a ti.
Un cálido abrazo desde mi nube,
Nephéle.

Sunday, September 7, 2025

Sueños.

La semana pasada fue una semana de inflexión.

El mundo a mi alrededor gira de la misma forma y a la misma velocidad alrededor del sol y a través de la galaxia, siguiendo una gravedad que sigue a otras gravedades (en mi naturaleza de irme por las ramas, esta suerte de "capas" me otorga una perspectiva de escala que agradezco). Y aunque en una gran escala las cosas siguen igual (la Luna puede que esté un poquito más lejos, pero su naturaleza dual y evitativa simplemente la obliga a cortar sus cadenas gravitatorias y buscar su libertad, así que sigue estando igual en el esquema mayor), en las escalas más pequeñas y más profundas, las cosas enfrentan varios cambios.

Sobre la naturaleza de esos cambios no vale demasiado la pena hablar. Básteme decir que no podía ya sostener la tensión que incesantemente se acumulaba. Mi cuerpo llevaba sangrando por días; mi día a día se sentía profundamente invadido y hasta mi subconsciente (o tal vez desde el mismo) me daba a gritos señales de mi estado emocional.

Me sentía exhausta. 

Mi presión me lo decía, mi sangre me lo reclamaba, mi estómago no dejaba de doler (ese gut feeling que anuncia desde la amígdala que algo no anda bien mucho antes de lo que lo hace la razón), y mis sueños oníricos (único recurso que me brinda algo de paz cuando lo encuentro navegando por mi crónico insomnio) también se vieron infestados de las mismas sensaciones que embargaban a mi yo consciente.

Para llegar a las respuestas que mi subconsciente parecía tener tan claras (y traerlas luego a mi estado consciente y hacer sentido de todo lo que ocurría), decidí tomar nota de algunos de los sueños que tuve. Los cuatro principales (por su nitidez y la cantidad de información que me proporcionaron), fueron simbólicamente así:

  • Situación embarazosa en un lugar público. Mis seres amados seguían a mi alrededor, pero yo no podía (por una cantidad infinita de sentimientos contradictorios) moverme de donde me encontraba para conectar con ellos. Todo y todos estaban cerca, pero al mismo tiempo fuera de mi alcance.
  • Otro sueño como un recordatorio constante de que no debo pedir permiso ni sentir vergüenza o culpa por ser yo.
  • Una invasión aterradora a mi espacio. Estaba con una de mis mejores amigas. La invasión ocurría en mi lugar seguro, donde cómodamente se sentaba alguien a quien no lograba reconocer.
  • Alguien me pedía insistentemente que le ayudara con algo que puede llevar a cabo de forma autónoma. Ante su insistencia, yo cedía. Poco después ocurría una emergencia grande en mi vida. Pedía ayuda. La misma persona que me insistió al principio se encontraba sentada leyendo una revista, ignorando activamente mi petición, mi angustia, y mi dolor. Este último sueño fue emocionalmente más devastador que los demás. 

Y despertar no estaba siendo mejor. 

Fueron esos ires y venires físicos, emocionales y mentales, los que me llevaron a levantarme y protegerme.

No. 
Yo basto.
Soy hermosa.
Yo soy suficiente.
No merezco ser usada.
Ya no quiero complacer a nadie.
No merezco que me vean con vergüenza. 

...Y la inflexión dio pie 
a un nuevo rumbo del camino.

Hay veces en que la realidad supera a los mayores miedos. Y hay veces (como en mis sueños), en que la realidad no necesita superarlos: Simplemente los anuncia.

He recorrido un gran camino. 
Es agradable ver cuando mi sendero puede ahorrar a un par los kilómetros y las espinas, pero no hay que engañarse: Si la idea (consciente o dormida) es robar de mi vida, robar de mi energía, robar de mi carácter o apropiarse de mí como un todo, eso sólo añadirá maquillaje, y no realidad, a quienes vienen con la intención (consciente o dormida) de permearse de algo de esa manera.

Agradezco a mi cuerpo y a mi alma por ser uno y por conectar. Ser y sentir es una experiencia rarísima y llena de un maravilloso don que comunica cada dimensión de mí misma de forma alineada y me permite volver a mi control desde la consciencia del quién (y el qué) soy.

Gracias a mis seres amados 
por acompañarme en este proceso.
Y gracias a ti por seguir leyendo.
S.


Saturday, September 6, 2025

Carta de un apego desorganizado a un apego evitativo.

Mi dulce amor:

En estos momentos en que me tienes esperándote, también me tienes amándote más que nunca. Me excita la idea de saberme desordenada y que tú seas lo opuesto, y de cómo terminarán en la cama muchas discusiones porque dejé los calcetines en cualquier parte.

Me hace sentir desafiada (en un sentido también excitante) que yo, una mujer latina -pero feminista-, deba “aprender” a cocinar si quiero agradarte, porque tú cocinas mejor que nadie que haya conocido en mi vida (y porque si alguna vez algo de lo que yo te prepare te parece delicioso, te haré el amor de manera deliciosa; pero si alguna vez algo no te gusta y me pone triste, tú me tendrás que hacer el amor a mí).

Me excita la idea de que nuestras culturas sean opuestas (porque aprenderé de la tuya -lo que será un desafío-, y te enseñaré la mía -para que o te agrade mi naturaleza y de nuevo yo te haga el amor; o te rías de la misma y eso me ofenda, y me debas llevar a la cama antes de que me enoje más).

El pulso lo pones tú. Completamente.
No quiero que estés siempre de acuerdo conmigo.
No quiero que a todo me digas que sí.

Tú tienes el poder, y puedes decidir si eso lo llevas al punto de que peleemos a diario por cualquier cosa, o si tenemos discusiones civilizadas por lo importante (y ambos veamos esto como una oportunidad para crecer junto al otro sin perder la emoción), o utilicemos todo como una excusa para follar (porque sí, siento que todo este tremendo conflicto se hubiera solucionado follando en primer lugar).

Me encanta que nuestra relación nos desafíe. Siento que es de un potencial infinito si ambos sabemos cómo llevarla.

Tú eres mi León.
Yo siempre he sido alfa, pero tú eres el alfa para mí.

Me llamaste “Tu reina”, y yo (como nunca antes en mi vida, a nadie), te llamé “Mi Rey” (lo digo en serio. Hubo sobrenombres antes, pero ninguno jamás me inspiró a sentirme desafiada, ninguno jamás me hizo sentir más completa, con ninguno jamás deseé cambiar el mundo antes). Odias los sobrenombres y te resististe a ellos hasta que ya no te resististe más. Y sí, eso me dieron unas ganas locas de amarte de pies a cabeza, porque obedeciste a tu sentir más que a las reglas que tú mismo impusiste para ti en algún momento de tu vida. 

Mientras me quieras contigo, serás mi dueño y (quiero que entiendas la magnitud de esto):

Serás el dueño de mi corazón.

Tienes poder total sobre mí. Pero me voy a resistir porque aunque mi corazón sea tuyo, me gusta tener una relación que me desafía tanto (a esperar, a ser paciente, a aprender cómo amar mejor, a ceder también). Quiero que si algo debas obedecer, sea a tu instinto y no sólo a la racionalización de todo, porque si obedeces a lo que sientes con respecto a mí (y tu sentimiento es amor), no me dejarás ir cuando yo sienta miedo, y yo jamás me querré ir de tu lado porque sé que yo te importaré.

Si me pides 50 días sin hablar porque estarás ocupado, yo los 50 días esperaré; y tal vez, en medio de todo, te enviaré un mensaje para hacerte saber que te recuerdo y que te amo. Si me dices que no hablarás en 5 días, yo 5 días esperaré; y al sexto, te diré “Espero que todo haya salido bien”, y esperaré a que me compruebes que ya saliste de todo antes de seguir hablando, porque no querré robar tu tiempo. Pero si me dejas de hablar de un momento a otro, y tras una pelea, mis miedos más íntimos se van a activar, y mi miedo al abandono -que es una de las cosas más dolorosas que yo pueda experimentar- aflorará. Entonces, temiendo que te irás, yo te abriré la puerta.

Contigo se me rompió el corazón, y como estaba roto, se abrió también profundamente. Tanto, que por primera vez en mi vida me atreví a mirar en mis heridas y sus profundidades, como si a través de ello trazara por instinto el camino a una nueva versión de mí.

Traza límites. No tengas miedo de hacerlo porque no quiero un compañero que esté siempre de acuerdo conmigo (y no, no quiero decir con ello que quiero vivir en conflicto). Tú puedes manejar la tensión, y la puedes manejar trazando los límites. Si me quieres tener para siempre contigo, me pones el límite tú. No me digas que no te importa si te importa. No te aferres a las ideas preconcebidas de ti mismo, porque evolucionamos (yo también lo estoy haciendo).

Quiero saber que te importo si es el caso. Abrázame fuerte y traza los límites que quieras poner, entendiendo que existen dos extremos:

- El de una tierna dinámica en la que para siempre (como lo soñamos una vez) juguemos y nos amemos, y de donde nunca me iré, porque te amo y también porque sabrás cómo llevarme y sabrás con claridad que nunca querré irme de tu lado,
- O el de una dinámica donde tú juegas totalmente conmigo y mi voluntad, pero de la que no bien me haga consciente, romperé cada límite que hayas roto tú.

Me encanta que me digas que estás muy ocupado y que no podrás hablar. Me encanta que me lo avises; porque te esperaré por días si es necesario, y hablaré con amor y orgullo de ti a mis amistades más cercanas, por lo atareado que estás. Y existirá mi propia tensión, la de esperar hasta que mi León vuelva, porque ese desafío es lo que me gusta.

Pero si me siento abandonada, yo querré huir antes de “tener que darme cuenta” de que me dejaste (no, no soporto el abandono todavía), y te daré una señal que tú decidirás si tomar o no para que me quede, porque en ese momento estaré con el miedo de que ya no te importo más.

Si tu decisión es intentarlo nuevamente, tendrás que marcar mis límites (y tú regular el pulso de los mismos, y respetarme también en ese proceso).

Tú crees en el amor para siempre, y yo creo que eres el amor de mi vida.
Desde esas perspectivas, diferentes pero complementarias, hay tensión.
Y ahí está el desafío. Y ahí está también el juego.

Tengamos momentos de calma; usa los momentos de tensión a tu favor.
Porque eres tú quien domina este juego, no yo.
Yo sólo seré la leona en celo a la espera.
Pero también en guardia.

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Epílogo 

La relación duró 6 meses tras la escritura de esta carta. 

Ella efectivamente rompió cada límite que traspasaron, rompió cada cadena y se encontró con su amor más grande: el propio.

Él por su parte continuó con sus formas, la culpó a ella de todo y siguió llamándola la mujer más loca que jamás conoció.


Friday, September 5, 2025

Ceremonia

Hoy me corono de tierra y de cielo,
plácida, ansiosa; desnuda y serena;
lúcida, eufórica; triste y risueña,
sana y enferma; real y sirena.

Hoy viajo a ver a la Diosa Materna
(viaje que hará que rompa más cadenas);
hoy me arrodillo ante la Diosa Eterna,
Alfa y Omega; final y primera.

Una dulzura e inicio mi viaje,
siento en mi sangre el peso del duelo; 
"No tengas miedo a la Diosa en oleaje",
y es de su mano que encuentro consuelo.

Algo entre el alma y la mente me hiere,
la incertidumbre entre amor y maniobra.
"No hay que esperar del que sólo requiere",
dice la Diosa, para mi zozobra.



Somos ya cuatro en esta ceremonia;
Emmanuel, yo, la Diosa, el amante.
Emmanuel oye a mi yo en acrimonia;
dice la Diosa de forma tajante:

"Ya no permitas la duda en tu alma,
que con orgullo te deben blandir.
Suelta el sofoco, reencuentra tu calma,
clama de vuelta el honor de existir".

Emmanuel abre su archivo de vida,
coge dos tomos que me servirán:
Mentor y Aprendiz; la rueda florida,
"Eterno retorno", dice el refrán.

- ¿Y qué pasaría si fuese una ella?
- Un mundo confuso de arrobo y amor.
La Diosa ilumina en mi pecho una estrella.
Se acaban mis dudas, mi miedo y pudor.


Inicio mi viaje tras todo el calvario,
plácido, ansioso; desnudo y sereno;
lúcido; eufórico; triste y risueño,
sano y enfermo... de matices lleno.

Abrazo a Emmanuel con el alma aliviada
(cuánto de bello hay en la desnudez);
sabemos tan poco que sabemos nada;
y eso es lo que nos da más lucidez.

"Gracias, te amo", declaro sonriendo,
"Gracias, te amo", me responde, amante.
Cierro la puerta y con amor entiendo
que de mí, plena, yo soy la garante.

Con gratitud ya, mi cuerpo reposa
plácida, loca, desnuda y feliz.
Cierro los ojos, me arrulla la Diosa.
¡Cuánto me enseñas, maestro Aprendiz!


Thursday, September 4, 2025

Teclas negras

Suena ahora mismo un Preludio en Do sostenido Menor de la Obertura 3 No.2 de Rachmaninoff.

Me gusta mucho escuchar melodías en piano. 

Hay algo que se desprende de la experiencia que navega y se cuela por cada sentido. La caricia de las teclas, la vibración posterior a la percusión, la facilidad con que puedo imaginar el olor sabroso a madera del interior de su coraza y sin embargo, el mayor estímulo (como es de esperarse), viene de la emoción que evoca la dualidad sonora entre las teclas blancas (desde aquí en adelante, cualquier experto en el tema está en su completo derecho de considerar que hablo como un simio... yo también lo pienso así), y las negras.

Y es que las notas musicales canónicas dialogan, casi seductoramente, con las notas medias: Algo de enigma que aporta a la claridad la perfecta sazón entre el ser y el desear.

¿Cuánto de lo que oímos en una suave melodía de piano es y no es? ¿Cuánto de lo que sueño se materializa versus su natural oposición, para convertir esa mezcla en la perfecta y perpetua tensión entre una dimensión y la otra?

Siempre me ha gustado el juego de las dualidades. Tal vez porque la noción de cualquier aspecto de la vida me hizo también consciente de su opuesto inherente, contradictorio, complejo (por todo aquello que les precede y nuestra forma de experimentarlos desde lo que nos precede) y también complementario.

¿Día? Noche.
¿Higos? Brevas.
¿Ignorancia? Luz.
¿Navidad? San Juan.
¿Ansiedad? Certeza.
¿Sensualidad? Frío.
¿Infierno? Perdón.
¿Dolor? Amor.
¿Ying? Yang.
¿Tú? Yo.

Y así. 
A veces suavemente,
a veces violentamente. 

Siempre perceptible desde nuestros sentidos.
Unido todo en el conflicto constante que construye el brevísimo momento que separa el ayer del mañana y que llamamos presente y que llamamos vida... hasta que llegue también su contraparte, la muerte, a convertir todo en silencio.

Todo lo descrito (excepto por las brevas) no sólo luchará durante esta etapa por encontrar su lugar, sino que lo encontrará desde la existencia de su contraparte. 

Si tú existes para mí, es porque yo te hice. Y viceversa.

Si hay algo de mí en ti, fue porque también algo de ti se quedó en mí... Algo así como la Sanchificación de Don Quijote y la Quijotización de Sancho, procesos de los que mi profe de Literatura hablaba con tanta pasión y que ahora, con la perspectiva de la otra mitad de la vida, no sólo tienen sentido en lo cognitivo, sino que también en el corazón (¡qué naturalmente se adhieren y abrazan las perpetuas tensiones!).

Así que, sea cual sea el proceso que esté viviendo o haya vivido en el ayer (nochebrevasignoranciasanjuanansiedadfrioinfiernodoloryangytú), es porque ya también viví (y volveré a vivir), su contraparte en forma de díahigosluznavidadcertezasensualidadperdónamorying... y yo, en lo que dura la melodía de mi existencia.

Salud por las teclas negras.


Wednesday, September 3, 2025

Metavida.

He muerto y resucitado más veces de las que me atrevo a reconocer en estos últimos meses. Ha sido un camino difícil y a veces, insoportable de recorrer.

¿Retroceder? No es opción. ¿Cómo vuelves atrás cuando se han desvelado para ti realidades inimaginables? ¿Cómo vuelves a soldar una cadena que rompiste a costa de lágrimas, dolor y sangre? ¿Quieres realmente retroceder?

¿Renunciar? ¿Cómo? No puedo ni quiero renunciar a la vida. Cuesta, molesta, arde, abrasa, pero también acoge, anida, apacigua y abraza. No puedo ni quiero renunciar a la vida porque justo cuando más difícil se pone, es cuando más aprendes, cuando más entiendes, cuando más cadenas rompes y cuando más ves.

En este último tiempo he aprendido (por básico que parezca) cuánto de nuestro presente y nuestras heridas de hoy están determinadas por lo que no pudimos (o no se nos permitió) sanar (o desarrollar) en el ayer.

Y si vas al ayer, verás que en ese pasado tampoco la suerte fue mejor: Todo lo que ahora se traduce en trauma, atrás fueron fracturas profundas, que se enraizan en pasados aún más dolorosos y difíciles.

Me ha tocado vivir y comprender esas heridas (las de allá atrás en el pasado) para poder poner una compresa fría en las del presente, y entender desde ahí (sin justificar) mis errores y desaciertos; y el daño que he podido causar a otros.

¡Y es dolorosamente difícil! ¿Qué tan a menudo reconocemos que nos equivocamos? ¿Qué tan a menudo nos hacemos cargo del daño que pudimos causar a los demás?

6 may 2022

Tuesday, September 2, 2025

Del otro lado del espejo.



Angélica miraba atentamente a Joel mientras él recordaba y divagaba sobre un pasado que ella sólo soñó con conocer. Frente a ella, Joel parecía ser un reflejo en reverso de un pasado que Angélica aún enfrentaba en la forma de un errático carácter, fragilidad de espíritu, defensiva agresividad y un mar de decisiones impulsivas a su haber. Frente a ella, brillaba el resultado de un amor incondicional en la forma de un hombre inteligente, resuelto y, la mayor parte del tiempo, feliz.

Angélica no podía sino admirar ese brillo y su plácida naturalidad. Y mientras ella construía frases que explicaban someramente las profundas heridas que gracias a años de trabajo personal se convertían en cicatrices de batalla, él la escuchaba con atención y algo de curiosidad, y se preguntaba a su vez el porqué de esta reunión. No tardó mucho en saberlo; Angélica acudía a él para entender racionalmente lo que su corazón no logró aprender desde las caricias: no había aprendido a amar, y en su proceso de maternidad, descubría que carecía de las herramientas más fundamentales (intuitivas incluso) para poder entregar a su crío.

Joel tenía una sonrisa diáfana y una mirada que brillaba con dulzura y también con tristeza. Ese era tal vez el único rasgo que compartía con Angélica, y tal vez también, el único hilo frágil que podía darles algo en común: La pérdida de la figura materna como un dolor transversal que, como daga, se volvía ruido blanco en el día a dia; casi imperceptible, pero siempre presente. La madre de Joel murió tras una larga enfermedad que le dio, siquiera, el tiempo de preparar a su hijo con todo lo que necesitara para su vida; la madre de Angélica se ahorcó un domingo por la tarde, a días de su cumpleaños, para recordarle para el resto de su vida que si tomó una decisión así, había sido por culpa de Angélica.

Escuchar a Joel hablar de sus experiencias (positivas y tristes) traía a Angélica la sensación de un nudo en la garganta y unas ganas casi incontenibles de llorar. "¿Cómo se sentirá vivir en un cuerpo que vivió toda esa ternura?" La respuesta estaba en la simpleza de Joel... Los intrincados caminos de pensar de Angélica para comprender las relaciones, las dinámicas humanas, los patrones tóxicos y los matices del amor eran para Joel un simple, hermoso, y salvaje instinto de su más innato ser.

"Juega con él", le decía Joel a Angélica. "No es necesario retar. Deja también que te contradiga, así desarrollará su pensamiento crítico." La atención de Angélica jamás se encontró más presente. "¿Tú sabes que ver el amor es como ver a un ángel?" Joel sonrió. Su caminar reposado y su paso firme sólo daban a Angélica la sensación exacta de que ese hombre que caminaba a su lado (con lo poco que lo conocía) era literalmente como ella lo percibía. 

Caminaron en dirección al tren. Joel tenía una comunicación cariñosa en sus gestos, en su tono, en su sonrisa y en su piel. Tocaba tiernamente como forma de comunicarse, moverse y mantener el vínculo del momento. "Soy needy", decía Joel sobre esto. "Eres amor", replicaba Angélica. 

Ya a punto de despedirse, Angélica se atrevió a preguntarle: "¿Qué haces para procesar la partida de tu madre?" Joel pareció sorprendido por primera vez en la interacción. "Ya está procesado", respondió, "¿por qué lo preguntas?". Angélica entendió que ante ella se encontraba la decisión de mostrar un espejo. Y lo mostró, con honestidad, desde todo el amor que pudo: "Porque cada vez que hablamos, en distintos contextos, el tema sale. Se siente como una herida no resuelta". 

El paso de Joel cambió de ritmo súbitamente, como si frente a él hubiese aparecido, aun a unos metros, una pared contra la que intentaba no estrellarse. Angélica lo miró. Se veía de pronto conmovido. "Sí, bueno, no sé. Me tengo que ir. Buenas noches. Te veré por ahí." Joel le dio un último abrazo y se alejó.  Mientras se alejaba (ahora como si la pared hubiese decidido seguirlo), Angélica lamentó tanto el espejo como el consiguiente dolor de Joel. 

Esa tarde, antes de aquel episodio, Joel le había hablado sobre su seguridad y su evitación en las relaciones, y en ese momento Angélica comprendió ambas: Ese hombre, el más amable y fácil de amar que había conocido, sucumbía al miedo devastador de la última pérdida, el último dolor, y enfrentaba cada nuevo amor al que podía embarcarse en profundidad con la angustia del niño que había sido cuando su primer gran amor se fue.

Angélica abordó su tren y siguió pensando en Joel. Deseó profundamente que Joel pudiese sanar su herida y entregarse al amor de la misma forma afable que se entregaba a la vida. Mal que mal, sabía Angélica, la muerte es la única experiencia inminente de toda vida. Lamentó también, empero, no haber podido agradecer a Joel antes de verlo partir: su natural amor, como filamentos de dientes de león con la brisa, sembró su semilla en el corazón de Angélica para ayudarle a florecer con nuevos pasos en dirección de un porvenir más sano y transformador.

Monday, September 1, 2025

Septiembre.

- 4 cebollas grandes
- 1/2 kilo de carne molida
- 1 cucharada de pimiento rojo en polvo
- 3 huevos duros
- Aceitunas y pasas
- Pimienta y sal

Es Septiembre.

Comienza sagrado
el ritual anual 
de las empanadas de pino.

Pelo las cebollas
y tomo un cuchillo
(no sin antes 
asegurar la muñeca,
que ya varios pesos
carga a cuestas).

Corto las cebollas.
Primero en rodajas
y luego en cubos.

La cebolla, 
Reina de la Cocina,
entiende más que nada o que nadie
por qué tanto hoy se necesita:

Es cortando la cebolla
en pequeños pedacitos
cuando puedes simplemente
liberar a la tristeza

(La de no ser suficiente,
la de no ser elegible; 
el doler de siempre:
el golpear la piel sana
con heridas antiguas
e infligir heridas nuevas...
primero en rodajas 
y luego en cubos).

"Me lo merezco" pienso
mientras las lágrimas brotan y caen.
"Cebolla de mierda que me hace llorar", 
digo en voz alta 
y agradezco
silente 
a la Reina.

Sé que ella me entiende.

Luego viene la carne molida. 
Pienso en mi propia moledura.
"Fea, inútil, tonta, nada"
en un movimiento perpetuo 
de la madremáquina
y del padrenada.

El pimiento rojo 
para dar sabor
de tierra y vida:
de pies descalzos 
en un campo húmedo;
de olor a madera,
y una costra en la rodilla.

Rompo los huevos
(qué novedad).
Los miro y pienso
en la inherente fertilidad 
de todos sus significados.
Voy más meta y pienso
en la inherente fertilidad
de todos sus significados.

Las aceitunas, 
amargas,
eligen su lugar. 
Pasan de mí tanto 
como yo paso de ellas.
Las pasas me recuerdan 
las manos de mi abuela
el "y si" de las de mi madre,
y progresivamente, las mías

(se añade un ingrediente, 
la vergüenza,
a la moledora 
de movimiento perpetuo).

Pimienta para el sabor,
de sal sólo una pizca.

Envuelvo todo junto:
la Reina y mis lágrimas, 
el alma molida, 
los pies en la tierra,
la estéril ilusión,
la ignorada amargura, 
la incipiente vergüenza,
y los toques de vida
(picante o salada)
que me recuerdan que todo,
siempre,
vale la pena.

Envuelvo todo junto y
lo encierro en un infierno
por 25 minutos.

Me quemo poco a poco
a una distancia sana
para no destruir nada 
fuera de mi propia trampa.

Me quemo poco a poco
en un infierno contenido
detrás de una sonrisa
y una distancia sana.

Salen las empanadas
de Septiembre.
De fondo suenan
Bordemar y sus Aguas,
como recordatorio de que el fuego 
tanto como quema 
purifica el alma.

Doy un primer bocado;
la empanada está salada.
"Cebolla de mierda", digo,
y agradezco a la Reina silente
por su complicidad culinaria.




Thursday, August 28, 2025

Ego.

Difícil es comenzar a describir el concepto de ego cuando este, a lo largo de al menos un siglo por su nombre (y tal vez la historia de la humanidad entera nombrado de otras formas), ha significado nociones tan aparentemente distintas para una idea tan -reducida al minimalismo más ridículo- simple: Conflicto interior.

Para Freud, su primer bautista, el ego es la representación mediadora del conflicto entre el ello (nuestros instintos e impulsos) y nuestro superyo (nuestro sentido del deber), en nuestra interacción con la realidad. Sobra decir que si el ello te domina sin límites, morirás antes de los 25 años; y que si lo que te domina es el superyo, así mueras a los 120 años, posiblemente no vivas jamás. ¿La realidad? Bueno, no es otra cosa que el escenario donde tu Yo (tu ego), es puesto a prueba en el dominio del balance que, con más y menos matices, mantiene el conflicto y toma la decisión final de cara al mundo. 

Un paso milenariamente más atrás, el Budismo (que lo denomina en inglés como el "self") considera al ego como una ilusión crítica que nos apega a ideas, personas y cosas; imágenes de un querer/deber (a veces juntos, a veces fundamentalmente opuestos); expectativas de la realidad, en fin... todo lo que causa basalmente el sufrimiento humano.

Todas las variables paradigmáticas del concepto, con más o menos profundidad, apuntan a una estructura individual e individualizante que nos forma, define y -para muchos- que incluso nos protege al diferenciarnos de los demás y permitirnos dar sentido a nuestra propia existencia.

¿La variable que añade complejidad al asunto? Para el momento en que decidí publicar esta entrada, había 8,243,231,335 egos en el mundo que, con más o menos consciencia, interactúan en la tierra con las herramientas dadas por otros egos (otras historias) y transitan desde ese marco inicial su camino (y se encuentran con tu propio camino de vez en cuando).

¿Lo cierto para todos? Hayas vivido desde el instinto o la razón, desde la ceguera o la consciencia, desde la imposición de tu ego por encima de todos los demás o desde el ser un facilitador de todos los egos que encontraste; no está para ninguno lejos el día en que nos liberemos de nuestro sistema completo de creencias (y por extensión, del ser) y, con más o menos resistencia o aceptación, nos desapegaremos del ego y soltaremos toda cadena (y deuda) pendiente. 

Tal vez para eso finalmente es el ego: para comprender que, al final del viaje, todos los prejuicios que nos diferenciaron también nos quitaron algo; que todo apego a personas o cosas nos separó de lo demás; y que toda idea fija nos cerró la puerta a nuevas formas de pensar. 

Tal vez para eso finalmente es el ego: para comprender la fundamentalidad de ser uno con el universo y en un estado de consciencia donde el ego sea una idea básica necesaria para el existir pero irrelevante al reflexionar que somos nada menos que el universo mismo y sus mismos átomos, en una densidad que hace posible la reflexión y el apego, para una posterior aceptación y absoluta libertad.

Sunday, August 24, 2025

Donde la inspiración te lleve.

Pensaba comenzar esta entrada con un relato en segunda persona, sentada junto a ti y frente a un piano, mis manos jugando sobre las tuyas con intención de provocar una distracción que te hiciera sonreír.

Y si bien mi relato comenzó así (aunque de manera más meta), dio un brusco giro cuando la melodía que tenía en mi cabeza (semilla desde la cual germinó toda la espiral de este relato que se tornó pensamiento en voz alta, o corriente consciente de una loca inconsciencia), resultó llamarse (para bien de este escrito y para mal del relato que iniciaba en la melodía y continuaba en la evocación de tus manos acariciando las notas) "Kinderszenen - Fast zu ernst". 

En la ironía de la seriedad, sonrío (como sonreirías tú si me oyeras pronunciar lo que escribí más arriba). Me respeto demasiado como para escribir un texto romántico con base en una melodía llamada así. En cambio, mi mente va a la otra semilla, la que se sembró hace más años de los que puedo (o quiero, por vergüenza) recordar: Un amor me brindaba en perspectiva la historia de un niño con una infancia también herida, donde los recuerdos de la niñez venían acompañados del triste (o tal vez sólo casi demasiado serio) compás de Schumann. La pesadilla del niño continúa tristemente décadas después de la partida de su verdugo: Con una mente fracturada por la división entre el ser en sí mismo y el ordinario deseo de todo niño de sentirse único, David (con la ayuda de Dios), encuentra su paz a través de sus propios maestros, gente que por el camino le señaló los recodos a su mundo interior para ayudarlo a brillar.

Me quedo divagando en ese pasado tan familiar de imágenes que no eran mías sobre un niño que, de niña, evocaron también mi propia historia desde la base del reflejo y también como recuerdo en sí mismo con sus propios componentes: el olor a cera de madera; el dolor que empezaba en el corazón y terminaba en medio de la cabeza; el reflejo de las siluetas de las sillas en el piso; el sabor de mi sangre; los ronroneos de mi gata acurrucada junto a mí en mi cama. 

Schumann de fondo sigue trayendo recuerdos: el olor de un perfume deportivo de Ralph Lauren mezclado con la textura de un libro de Rabindranath Tagore y Silvio Rodríguez de fondo, un caminar semi inclinado que al día de hoy imito (cada vez menos), y el sabor de mi primer beso. 

Mi primer amor. 
Mi primer maestro. 

Vuelvo a sonreír. Pienso en cómo el eterno retorno se las arregla para volver a dar un paso atrás y mostrarme, en el ciclo fractálico en que me encuentro, que entre las escenas de la niñez (que a veces se tornan demasiado serias) vuelve a aparecer una imagen romántica como la concebida en un (ignorante) inicio de este escrito. No hay piano, empero, sino una guitarra y tus dedos juguetones acariciando las cuerdas y susurrando "El viento eres tú".

Esta vez no traje la música a mi historia. 
Tal y como comenzó (o tal vez en honor a ello), esta vez dejé que la música y su inspiración me condujeran a mí.

PS: El piano será para la próxima.


Thursday, August 21, 2025

Parásito.

De vez en cuando sucede que te recuerdo
(aunque te lo aseguro, no desde la nostalgia).

Será que después de ti terminé de calibrar mi radar; pude entender y sentir las motivaciones de la mayoría, y logré proteger mis límites como el tesoro más preciado de mi humanidad.

Aunque créeme, no te lo agradezco.

Si te volviste inolvidable fue por tus burlas, tus manipulaciones, tu incapacidad patológica para desescalar cualquier tipo de conflicto, y por el deleite que te diste en el breve tiempo en que me intentaste domesticar como a un perro para soportar tu abuso.

Lo cierto es que, más allá de cuan grandioso creíste ser o del poder que pensaste tener sobre mí, fue hermosísimo ver tu incrédula nimiedad el día que intentaste que te rogara y yo, en cambio, te cerré la puerta a ti y a la versión de mí que toleró tanto, para siempre.

Wednesday, August 20, 2025

Ventana.

Vigilante, Amado Amor,
me observas desde tu ventana.
Tu silencio avergonzado contrasta
con la violencia de tu vergüenza.

Las lágrimas celestiales
y la umbría en el aire,
borran la línea entre 
el deber y el ser, entre
el vivir y el latir, entre
tu sombra y mi luz.

Te veo mirarme
cual panóptico.
Me pregunto
si crees que
estás tú en
control.

Soy.
Te dejo.
Te dejo mirar,
te dejo explorar·me, 
te dejo ser en tu más.

Te dejo hacer 
todo lo que quieras:
mirar·me como quieras, 
tan a gusto como prefieras
desde tu ventana para mí estéril
hasta que llegue el momento 
en que tu mirada silente y 
avergonzada me harte.

(Y aun entonces
cuando yo deje,
aún entonces,
te dejaré 
mirar 
por tu ventana.
Total, ya para entonces,
habré entrado avergonzada 


-de tu vergüenza-, yo a casa).

Afinidad estelar.

Era obvio que no íbamos a poder ser amigas toda la vida.  A fin de cuentas, yo soy Escorpio y tú una zorra malparida hija de las mil putas.