¿Retroceder? No es opción. ¿Cómo vuelves atrás cuando se han desvelado para ti realidades inimaginables? ¿Cómo vuelves a soldar una cadena que rompiste a costa de lágrimas, dolor y sangre? ¿Quieres realmente retroceder?
¿Renunciar? ¿Cómo? No puedo ni quiero renunciar a la vida. Cuesta, molesta, arde, abrasa, pero también acoge, anida, apacigua y abraza. No puedo ni quiero renunciar a la vida porque justo cuando más difícil se pone, es cuando más aprendes, cuando más entiendes, cuando más cadenas rompes y cuando más ves.
En este último tiempo he aprendido (por básico que parezca) cuánto de nuestro presente y nuestras heridas de hoy están determinadas por lo que no pudimos (o no se nos permitió) sanar (o desarrollar) en el ayer.
Y si vas al ayer, verás que en ese pasado tampoco la suerte fue mejor: Todo lo que ahora se traduce en trauma, atrás fueron fracturas profundas, que se enraizan en pasados aún más dolorosos y difíciles.
Me ha tocado vivir y comprender esas heridas (las de allá atrás en el pasado) para poder poner una compresa fría en las del presente, y entender desde ahí (sin justificar) mis errores y desaciertos; y el daño que he podido causar a otros.
¡Y es dolorosamente difícil! ¿Qué tan a menudo reconocemos que nos equivocamos? ¿Qué tan a menudo nos hacemos cargo del daño que pudimos causar a los demás?
6 may 2022
No comments:
Post a Comment