Thursday, September 4, 2025

Teclas negras

Suena ahora mismo un Preludio en Do sostenido Menor de la Obertura 3 No.2 de Rachmaninoff.

Me gusta mucho escuchar melodías en piano. 

Hay algo que se desprende de la experiencia que navega y se cuela por cada sentido. La caricia de las teclas, la vibración posterior a la percusión, la facilidad con que puedo imaginar el olor sabroso a madera del interior de su coraza y sin embargo, el mayor estímulo (como es de esperarse), viene de la emoción que evoca la dualidad sonora entre las teclas blancas (desde aquí en adelante, cualquier experto en el tema está en su completo derecho de considerar que hablo como un simio... yo también lo pienso así), y las negras.

Y es que las notas musicales canónicas dialogan, casi seductoramente, con las notas medias: Algo de enigma que aporta a la claridad la perfecta sazón entre el ser y el desear.

¿Cuánto de lo que oímos en una suave melodía de piano es y no es? ¿Cuánto de lo que sueño se materializa versus su natural oposición, para convertir esa mezcla en la perfecta y perpetua tensión entre una dimensión y la otra?

Siempre me ha gustado el juego de las dualidades. Tal vez porque la noción de cualquier aspecto de la vida me hizo también consciente de su opuesto inherente, contradictorio, complejo (por todo aquello que les precede y nuestra forma de experimentarlos desde lo que nos precede) y también complementario.

¿Día? Noche.
¿Higos? Brevas.
¿Ignorancia? Luz.
¿Navidad? San Juan.
¿Ansiedad? Certeza.
¿Sensualidad? Frío.
¿Infierno? Perdón.
¿Dolor? Amor.
¿Ying? Yang.
¿Tú? Yo.

Y así. 
A veces suavemente,
a veces violentamente. 

Siempre perceptible desde nuestros sentidos.
Unido todo en el conflicto constante que construye el brevísimo momento que separa el ayer del mañana y que llamamos presente y que llamamos vida... hasta que llegue también su contraparte, la muerte, a convertir todo en silencio.

Todo lo descrito (excepto por las brevas) no sólo luchará durante esta etapa por encontrar su lugar, sino que lo encontrará desde la existencia de su contraparte. 

Si tú existes para mí, es porque yo te hice. Y viceversa.

Si hay algo de mí en ti, fue porque también algo de ti se quedó en mí... Algo así como la Sanchificación de Don Quijote y la Quijotización de Sancho, procesos de los que mi profe de Literatura hablaba con tanta pasión y que ahora, con la perspectiva de la otra mitad de la vida, no sólo tienen sentido en lo cognitivo, sino que también en el corazón (¡qué naturalmente se adhieren y abrazan las perpetuas tensiones!).

Así que, sea cual sea el proceso que esté viviendo o haya vivido en el ayer (nochebrevasignoranciasanjuanansiedadfrioinfiernodoloryangytú), es porque ya también viví (y volveré a vivir), su contraparte en forma de díahigosluznavidadcertezasensualidadperdónamorying... y yo, en lo que dura la melodía de mi existencia.

Salud por las teclas negras.


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