plácida, ansiosa; desnuda y serena;
lúcida, eufórica; triste y risueña,
sana y enferma; real y sirena.
Hoy viajo a ver a la Diosa Materna
(viaje que hará que rompa más cadenas);
hoy me arrodillo ante la Diosa Eterna,
Alfa y Omega; final y primera.
Una dulzura e inicio mi viaje,
siento en mi sangre el peso del duelo;
"No tengas miedo a la Diosa en oleaje",
y es de su mano que encuentro consuelo.
Algo entre el alma y la mente me hiere,
la incertidumbre entre amor y maniobra.
"No hay que esperar del que sólo requiere",
dice la Diosa, para mi zozobra.
Somos ya cuatro en esta ceremonia;
Emmanuel, yo, la Diosa, el amante.
Emmanuel oye a mi yo en acrimonia;
dice la Diosa de forma tajante:
"Ya no permitas la duda en tu alma,
que con orgullo te deben blandir.
Suelta el sofoco, reencuentra tu calma,
clama de vuelta el honor de existir".
Emmanuel abre su archivo de vida,
coge dos tomos que me servirán:
Mentor y Aprendiz; la rueda florida,
"Eterno retorno", dice el refrán.
- ¿Y qué pasaría si fuese una ella?
- Un mundo confuso de arrobo y amor.
La Diosa ilumina en mi pecho una estrella.
Se acaban mis dudas, mi miedo y pudor.
plácido, ansioso; desnudo y sereno;
lúcido; eufórico; triste y risueño,
sano y enfermo... de matices lleno.
Abrazo a Emmanuel con el alma aliviada
(cuánto de bello hay en la desnudez);
sabemos tan poco que sabemos nada;
y eso es lo que nos da más lucidez.
"Gracias, te amo", declaro sonriendo,
"Gracias, te amo", me responde, amante.
Cierro la puerta y con amor entiendo
que de mí, plena, yo soy la garante.
Con gratitud ya, mi cuerpo reposa
plácida, loca, desnuda y feliz.
Cierro los ojos, me arrulla la Diosa.
¡Cuánto me enseñas, maestro Aprendiz!



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