Saturday, September 13, 2025

Autopsia del dicho "La curiosidad mató al gato"

Mucho se utiliza la popular frase "La curiosidad mató al Gato"

Sabed, señores, que la curiosidad 
no ocasionó la muerte del Gato.
La verdadera historia es que el Gato, 
en su naturaleza curiosa, quiso saberlo todo.
Por días y noches, el Gato merodeó por techos y callejones,
puertas y ventanas (transparentes y negras),
buscando la verdad y desenterrando explicaciones.

El Gato vagó hasta los confines del más profundo abismo 
y contempló fijamente sus profundidades.
Fue en ese momento que el Gato notó que el abismo 
siempre mira de vuelta.

El Gato saltó cual si hubiese visto una serpiente 
(o quizás, presa del miedo, vio una serpiente en un pepino).
El Gato corrió a toda velocidad y arañó todo lo que se le cruzó.


Pero el Gato no pudo sacarse de encima la mirada del abismo.

La curiosidad no mató al Gato.
Fue algo peor: El Gato supo La Verdad.

El Gato siguió huyendo, 
intentó correr y esconderse
(pero La Verdad jamás te libera:
una vez que te atreves a verla
te vuelves su esclavo).

El Gato entonces tomó medidas:
Contrató un seguro de vida
y como no le pareció suficiente, 
contrató otros seis.

Pero nada era suficiente.



El Gato lamentó cada día de sus Siete Vidas
la osadía de haber visto La Verdad 
sin pensar en qué era La Verdad;
se preguntó si algún día de sus Siete Vidas,
volvería a ser sencillamente el Gato
que era antes de mirar al abismo.


El Gato empezó a ver al mundo
con una curiosidad distinta
(casi paranoica):
Veía sombras revoloteando en cada esquina,
y oía la profunda desesperación 
en los ojos vacíos de aquellos 
que navegaban el mundo con él.
Podía distinguir entre sonrisas inocentes y siniestras
(y sentía compasión por quienes no las percibían
hasta que era demasiado tarde).


El gato existía en un estado intermedio 
entre lo mortal y lo inmortal:
Podía caminar entre otros,
consciente de la profundidad de su saber,
pero aun así anhelaba la inocencia despreocupada
de quienes aún no habían visto lo suficiente.

El gato se convirtió en un lector.
Podía leer habitaciones, patrones
intenciones y dolor 
con tanta facilidad,
que su camino se volvió sencillo de transitar,
pero insoportable de llevar.



Podía ver con claridad
quién merecía mimos,
quién debía amarlo,
y a quién debía ignorar
(y quien ose engañar al Gato,
enfrenta aún hoy el inminente destino
de ver La Verdad a través de sus ojos).

El Gato siguió huyendo de La Verdad y del abismo, 
pero La Verdad es más rápida que los gatos, 
y el abismo es más profundo 
de lo que cualquier gato imagina.

Así que si alguna vez notas a un gato huyendo,
ten compasión de su demónico destino:
La curiosidad no mató al Gato,
pero acabó con su vida.

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