Me acabo de poner el pijama de la temporada y no sé si es la mezcla de todos los perfumes, desodorantes y detergentes, más condiciones específicas de materiales alrededor y algún porcentaje de humedad, pero he llegado a un olor que sentí por última vez a los 16 años.
Era una época que englobaba mucho: El conocer a mi primer amor y una cirugía de apendicitis; un Bach con su "Air" en un disco titulado "Meditation" (referencia a Massenet); un cuaderno con una foca de grandísimos ojos oscuros (chiste interno); un perfume de Ralph Lauren y otro de Giorgio Armani; libros con páginas quebradizas llenas de filosofía junto a una guitarra trovadora; la voz y la complejidad deliciosa de uno de mis primeros maestros; una hermosísima gata siamesa de ojos azules que me cuidaba como a su vida (mi primera alma gemela); una sensación enorme de simpleza (pese al caos), y la infinita inocencia de una niña complaciente en medio de su adolescencia (¡qué tremenda bandera roja, mirada en perspectiva!).
Escribo ahora mismo envuelta en el olor de mi pijama que me traslada a tiempos distintos, como los que describí hace no mucho desde una o dos melodías.
Tal vez es momento de pensar•me desde los sentidos (curioso, aunque los recuerdos vienen en forma de imágenes, el sentido que los evoca es raramente visual).
¿Será que lo próximo que recuerde será desde el tacto con (y en memoria de) una caricia?
¿Y el gusto, lo será también de un sabor nostálgico? ¿O tal vez se trate de la familiaridad de un beso?
Lo que no dudo ni mínimamente, es que el sentido de la vista será el último en evocar algo (si llega siquiera a presentarse en absoluto).
Me duermo acurrucada en mí misma y entre nostalgias odoríferas de momento (será definitivamente una noche de autoexploración olfativa).
Choche.
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