Hoy, por primera vez tras una total eternidad, te volví a ver en el andén del tren.
No me costó reconocerte pese a que caminabas delante de mí. Tu pelo, más largo que nunca, estaba sostenido por un listón rosa, en amplio contraste con tu masculina y prominente barba.
Siempre fuiste de una apariencia peculiar.
Caminé detrás de ti en silencio y sin saber si aproximarme a saludarte o sólo dejarte pasar. La última vez que te vi, también de espaldas, decidiste mantener esa posición para que no pudiera ni siquiera mirarte. No era fácil para ninguno de los dos; mientras tú mantenías toda la distancia física que podías para establecer tu distancia emocional (o el profundo dolor de un vínculo aún existente), yo me enfrentaba, a través de tu postura, a mí misma y a la persona que había decidido ser tras romperse todo entre nosotros.
No parece haber sido hace demasiado tiempo, y a la vez, fue una vida entera previa a un ridículamente literal (en la mayoría de sus formas) renacer: Presa de mis emociones como no volví a estarlo nunca más, reventaba y orientaba mis más crueles palabras contra tus más vulnerables heridas, todas a la vez.
Por dos años soporté.
Soporté a través de mi propia falta de límites, mi caminar cauteloso sobre terreno minado, y por sobre todo, soporté por mi miedo a perderte. Por alguna razón que mi yo del presente no logra ni medianamente a dimensionar, mi yo de entonces veía en ti todas las respuestas.
¿Y sabes qué? Mi yo de entonces tenía razón, ahora que lo reflexiono.
Tú tenías todas las respuestas.
Quizás deba darle a aquella mujer (que sostenía el último atisbo de ingenuidad de mi ser) el crédito que merecía; buscó a través de ti, desesperadamente, las llaves de su propio corazón. Y a través de ti y esa última herida que te causó (de la que se hizo totalmente responsable), forjó finalmente su llave maestra.
Seguí caminando mientras miraba tu espalda y preguntándome qué hubiese sido de mí si jamás nuestros caminos (que eran ya absolutamente improbables) se hubiesen encontrado. O si por alguna razón que no hubiese comprendido entonces (o que hubiese comprendido desde mis infinitas carencias del ayer) alguno de los dos hubiese dicho que no.
(Y ahí entro a otra capa de mí mientras sigo caminando, as above, so below. De no haberte conocido y de no haber entrado al más oscuro de los infiernos de tu mano, tampoco hubiese conocido la fuerza y profundidad de mi sagrada humanidad.
Y no, amor, no es arrogancia re•conocerse desde la verdad).
Miré de nuevo tu listón rosa. Pensé en lo proporcionales que son el dolor y el amor. Tal vez por eso significaste tanto. Sólo un amor como el que sentí por ti pudo romperme lo suficiente para aprender a vivir desde la consciencia y no desde la emoción.
Por un breve momento contemplé la idea de hablarte, de saber quién eras tras las mismas eternidades vividas por tu lado. Imaginé tus ojos azules sonriendo y actualizándome de tu vida, de tus crecimientos, de tus amores y desdenes. Imaginé incluso, por un breve momento, el sabor de tu lengua mientras me pregunté si sabrías igual. Y también pensé, por un breve momento, si era acaso medianamente posible que volviéramos ser tan eternos como alguna vez, y entre lágrimas, nos prometimos ser.
Por sobre todo, me pregunté si habrías vivido un despertar similar al mío.
Miré de nuevo tu listón rosa y sonreí.
Quien yo era en aquel ayer, esa increíblemente alegre mujer que daba la bienvenida a todo en su vida con una sonrisa y sin cuestionamientos, no supo reconocerte cuando te conoció. Pero gracias a lo que ella vivió contigo, me dio ese poder a mí.
Seguiste caminando hasta la puerta del tren que había acabado de detenerse y subiste. Miré la hora y tomé mi teléfono para escribir un mensaje: "Llegaré tarde, perdí mi tren, lo siento! :)".
Si hay algo que le debo a esa mujer que atravesó el infierno, es la capacidad de comprender a ciencia absoluta que hay caminos que ni por curiosidad hay que recorrer.
Si hay algo que le debo a esa mujer que atravesó el infierno, es protección.
Seguí mi camino sin mirar más en tu dirección.
Más vale tarde
que nunca.
No comments:
Post a Comment