Thursday, September 18, 2025

Alpine sketch

Quise empezar esta entrada con el nombre de la melodía que la inspira. 

Recuerdo haberla oído por primera vez a inicios de 2019, aún ajena a todo lo que venía por delante. Me hipnotizó la cadencia de la melodía en piano, y más profundamente, el sonido casi magnético detrás.

Es una melodía simple y breve que me encontré por accidente mientras buscaba música que me permitiera concentrar durante mis noches de estudio. Intentando averiguar más del autor, me di cuenta de que es un artista de música electrónica, y que de alguna manera logré converger y encontrarme con esa melodía (de entre todas las que no me hubiesen llamado la atención de esa forma), muy única del artista, en un punto muy específico de mi propia historia. El más pequeño aleteo de esa mariposa no me hubiese llevado jamás a esa simple y breve melodía en el momento que la escuché y me entregué a ella.

Simple y breve era también todo lo que yo era, en tardes de invierno que me permitían aún usar sandalias y vestido en un Hemisferio Norte más amable, o donde adolecía de la bendición de no saber ni entender nada.

Pero el mundo se da vuelta en lo que dura una melodía cuando esta sabe llegar al corazón, especialmente si se torna en una voz específica, un momento puntual, una caricia que (cerrados los ojos y mucho tiempo después disfrutada) se siente aún en la piel como un tesoro de la memoria, y una o dos frases que tuvieron la capacidad de dar vuelta el mundo interior sin ninguna posibilidad de retornar al estado anterior... como esta melodía.

Simple y breve fue todo lo que vino ese verano
(aunque para ser honesta, fue sólo breve.
A partir de ahí, ya nada fue simple.
Pero lo agradezco infinitamente).

La melodía siguió sonando, pero con otro significado. Ya no era para concentrarme: en algún punto, se volvió un llamado a la nostalgia de una historia que cambió mi vida para siempre; en otro, un remanso para que reposara el alma dolida; en la actualidad, un hito divisorio del tiempo y del ser, y ahora, mientras la escucho en este preciso instante, un puente -de nuevo nostálgico- para somorgujarme en el sentimiento que evoca y traerlo, torpemente, a las presentes líneas.

Simple y breve es la melodía, las miles de historias, las millones de vidas, y las infinitas posibilidades que cada -simple y breve- decisión convierte en un camino sin retorno natural, sólo intencionado (por la variable del tiempo), y complejizado por nuestra francamente infinita capacidad de tornar todo gatillante emocional en un prejuicio, una dificultad y una ruta de desplome para casi cualquier tipo de relación.

¿Qué sensaciones se despiertan cuando pienso en lo que pudo haber sido si nada de lo que viví hubiese pasado? ¿Agradezco a la experiencia lo suficiente como para saber que, devastadora como fue, fue también indispensable?

Aún más osadamente,
¿Qué sentimientos se despiertan si pienso ahora en qué sería de mí si no hubiese dejado ir o si no me hubiese ido yo? ¿Qué hubiese(mos) hecho de haber sabido que era ese el último día, la última vez?

Finaliza la melodía en una nota inconclusa.
Como esta.

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