Como haikú de antaño cayendo por la naturaleza
(Sombra en el aire,
lágrimas celestiales.
¡Lluvia en la noche!)
se despide sagrada la última noche de verano.
El otoño se asoma cual perfecto milagro
con la belleza de una Luna Nueva en un cielo estampado;
(y una Luna Roja dentro, huella de un dolor silente),
desde un paraíso gélido entre lagos y montañas
a bordo de un equinoccio un 22 a las 19:19,
un eclipse solar del futuro,
y en la nostalgia complaciente de un beso de Abril.
El pasado está dicho,
el presente corre
(en el aquí y el ahora);
el futuro es un gato encerrado en una caja.
¿Cuál es el tiempo para hacer realidad
el ser y el estar
si no el hoy?
¿Cuál es el regalo,
si no es el presente?
De momento, y sin respuestas, sólo cierro los ojos,
acurrucada en el perfecto milagro
de un abrazo que me permite ser frágil.
Del futuro...
del futuro se ocupará el regalo.
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