Thursday, September 25, 2025

Historias de café: La Susy.

A la Susy la conocí una noche de lluvia sentada en la vereda de la esquina del café donde yo trabajaba. 

La habíamos visto ya hacía un par de noches en el área donde se ponían las travestis a trabajar. No era de extrañarse, las travas no se andaban con cosas y a cuchillo limpio ahuyentaban a cualquier depravado que se quisiera pasar de listo con ellas.

Esa noche, sin embargo, la Susy estaba sola. Yo había abierto la puerta para mostrar que el local seguía funcionado y ahí la vi hecha un ovillo llorando. Me acerqué a ella con mi trajecito de colegiala de ese turno y le hablé:

- ¿Mi amor, qué estás haciendo a esta hora por acá? 
- No tengo dónde ir.
- ¿Tienes frío, tienes hambre?
- Sí.
- Vamos.

La llevé al local. Le presenté a las chicas y le preparé un té y le di mi colación mientras las demás le ayudaban con ropita para secarse y cambiarse. Me dijo que se llamaba Susana (su apellido no lo recuerdo) y que tenía 19 años (que no se le notaban por ninguna parte pero que me confirmó con su carné).

- No tengo más que ofrecerte, pero si quieres trabajar, eres bienvenida.
- Sí quiero.
- Ya, aquí lo primero que hay que aprender es que el límite lo pones tú. No tienes que hacer absolutamente nada que tú no quieras. Todo es válido hasta que digas no.

Le pasamos una faldita y empezó a laburar ahí mismo. La Susy acompañó esa noche a los clientes que la invitaban a tomar tragos (con comisión para ella) mientras ella les metía conversa. La primera noche la Susy se fue medio ebria y feliz como con cincuenta mil pesos. Se pagó un lugar donde dormir esa noche, y al día siguiente (y todos los demás) volvió al local a seguir trabajando. 

Con el tiempo nos enteramos del drama de la Susy. A los 15 años tuvo a su hijita que le fue arrebatada por la justicia. Era ella su motivación principal para poner su vida en orden y recuperarla. La Susy nos contaba que soñaba con viajar con su niña y que ambas se subieran a un avión por primera vez para conocer el mundo juntas.

Nos convertimos en su familia. La Viviana, nuestra Mamurri, se la llevó al poco a vivir con ella y la acogió como a una hija y como madre e hija que se volvieron, la Susy y la Viviana andaban juntas en todas. Donde la Mamurri iba, la Susana estaba detrás cuidándole el culo, y la Vivi por su parte protegía a la Susy como leona en celo de cualquier degenerado que quisiera sobrepasarse con ella.

Pasaron unos seis meses. La Susy ganaba buena plata, tenía clientes fijos que la iban a ver sólo a ella y que pasaban la tarde en su compañía a base de puro trago. Todos la queríamos un montón y era la regalona de don Vicho, el dueño del local, quien hasta le hizo un contrato como asesora del hogar para que pudiera pagar imposiciones y tener sus papeles en orden para recuperar a su niña. La Susy sonreía genuinamente cuando volvía de visitarla. La iba a ver tan a menudo como le era posible y siempre se traía los dibujitos y manualidades que su niñita hacía para ella. La mesita de café de la casa de la Vivi se convirtió en el santuario de los regalitos de la hijita de la Susy.

Trabajaba sin descanso y llegaba maquillada con su mejor sonrisa todos los días. Jamás hizo un privado, pero hasta desde el privado escuchábamos su risa cuando llegaba al local. No bien empezaba a embriagarse, la Susy se ponía diez veces más chistosa y más carismática. Era "la poto loco", ¡no se quedaba quieta nunca!, siempre riendo y saltando de un lado a otro. Como era además menudita, tenerla en el local era como tener la alegría de una niña abriéndose paso por entre las mesas. 

Un día cualquiera don Vicho me ayudó a volver a la ciudad desde la capital porque me quedé sin plata, y del bus me pasé directo a la casa de mi papá. Ahí estaba cuando me llamó la Mecha desde el local:

- Monse, hueona, hay un tremendo drama acá.
- Mierda, ¿qué pasó?
- Estamos velando a la Susy.

Se me cayeron los platos que estaba lavando. Alcancé a oír a la Mecha decir "la Susy se mató" antes de soltar el teléfono y dirigirme al café. 

Don Vicho nos contó entonces que ese día la Susy se había ido feliz a presentar su contrato con medio año de imposiciones a la justicia para demostrar ingreso y domicilio fijos, y que ahí mismo se enteró de que su niña se había ido ese día a España con su nueva familia adoptiva. 

La Vivi encontró en su casa a la Susy ahorcada, colgando inerte de las escaleras.

En su bolsillo, doblada primorosamente, una hoja de cuaderno con el dibujo de un avión y una niñita pequeña y otra más grande dentro, abrazadas y envueltas en un corazón.


1 comment:

  1. Estuve expectante toda la historia... que real y trágico final, que buena historia!

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